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Ver la Versión Completa : [cuento] Hassimir Parte 1



sinuee
20/10/2011, 18:06
Hassimir



El viento frío del norte hacía que la hierba se meciera como las olas del mar, creando ese maravilloso efecto en el extenso campo de Absignir. Hubiera sido una vista hermosa, el cielo azul, adornado con unas cuantas nubes, el sol en lo alto brillando en dorado, aves volando en círculos. Pero las aves eran cuervos y el mar estaba lleno de flotantes e inertes cadáveres y la hierba estaba manchada de aguas rojas, diversos objetos de madera, cuero y acero se confundían unos con otros, cientos de estandartes desgarrados tirados en el suelo.

Los rapiñaros, tanto los voladores, los de cuatro y dos patas, paseaban entre los muertos, tratando de encontrar algo que morder, algo que desgarrar, algo que pueda servir, o se pudiera vender. Entre los que estaban en el suelo había unos que aun respiraban dificultosamente, a estos los mandaban “piadosamente” al otro mundo, para acabar con su inútil sufrimiento, el acto más humano entre tanta muerte deshumanizada.

Entre todo este lastimero caos de cuerpos, se encontraba un grupo que llamaba singularmente la atención. Eran casi veinte cadáveres amontonados uno sobre otro, como tratando de ocultar algo, una misma cosa, y fue Hassimir el primero en acercarse y retirar uno a uno los cuerpos. Al final debajo de todos, esta un joven de rodillas, cubriendo algo con su cuerpo y lo rodeaba con sus brazos, por lo que no se podía ver de qué se trataba.

Hassimir rodo el cuerpo de modo que quedó recostado en la hierba ensangrentada, cuando termino de mover a todo ya había varios carroñeros alrededor de él contemplando en silencio su trabajo. El joven fallecido tenía sus brazos cruzados sobre el objeto y lo que impedía ver de que se trataba, por eso todos se acercaron más. Hassimir, separo los brazos del muchacho, no sin un gran esfuerzo. Mientras movía los brazos entumecidos y pútridos, un ligero brillo dorado se diviso por un instante. Movió un poco más y fue claro; ahí había oro.

Los observadores se abalanzaron solo el tesoro, unos encima de otros. Hassimir, fue empujado, pateado, pisado, incluso golpeado. En el furor el cuerpo del muchacho, fue hecho pedazos, al final dos carroñeros se irguieron con su trofeo, era una especie de huevo dorado que brillaba bajo el sol.

Pero los otros también querían el huevo de oro, así que comenzó la trifulca en la confusión de manotazos, empujones y jalones; el huevo salió volando y choco contra el suelo, y se desintegro, no se hizo polvo o humo, simplemente al momento del impacto desapareció.
Contemplaron atónitos lo sucedido un momento y luego continuaron con su pelea. Todos menos Hassimir, que continuo un rato contemplando la hierba donde cayó el huevo. Observaba persistentemente, completamente absorto, en lo que fuera que estaba mirando. Y ahí permaneció incluso después de que termino la pelea y que los demás se fueron. Sé quedo ahí inmóvil, incluso hasta el anochecer y cuando la luna lo baño de plata, incluso cuando el frío rocío bañó todo el campo. Fue al alba, con el primer rayo de sol que toco el punto exacto donde desapareció el huevo, se formó una especie de vapor que tomo forma y se volvió sólido.

Era una especie de colmillo de unos 3 centímetros de largo y medio centímetro de diámetro en su lado grueso, tenía incrustaciones de diseños muy complejos, hecho de la plata más pura que se pueda encontrar. Hassimir se inclinó y tomo el artefacto, las manos le temblaban mientras lo sostenía, se lo llevó a la boca y se le incrustó reemplazando al canino derecho, Hassimir grito, pero no de dolor, por que no sintió dolor, sino mas bien grito de sorpresa o miedo, que era lo que sentía en ese momento pues no brotó una sola gota de sangre. Hassimir se dejó caer en la hierba y durmió.

Cuando despertó Hassimir ya no estaba en el campo de Absignir, sino que estaba bajo un techo de madera y tumbado sobre una cama de paja, le dolían todos los músculos se sentía mareado además de desorientado, al abrir los ojos le molesto la luz de una pequeña vela que iluminaba la estancia. Trato de sentarse pero el mareo lo derribo, así que se conformó con girar la cabeza para contemplar lo poco que podía ver, y si era posible reconocer el lugar donde se encontraba. El lugar en sí mismo, no le importaba demasiado, lo realmente intrigante era quien se había tomado la molestia de llevarlo hasta ahí, donde quiera que estuviera. Mientras pasaban los segundo poco a poco el aturdimiento iba cesando y recuperaba el dominio de su mente y sus pensamientos, mas no todavía el de su cuerpo, que seguía sin querer responderle.

Hassimir recorrió la habitación con la mirada. Le pareció amplia, pero tenía muy pocas cosas por no decir que ahí no había nada, no alcanzaba a ver la puerta, pero las ventanas eran pequeñas y estaban muy arriba, en el suelo había maderos que hacían las veces de divisiones, para unos como “cajones” a lo largo de la habitación y unos a lo largo de todo el lugar. También se dio cuenta que no estaba precisamente en una cama si no que solo eran pacas de paja apiladas, y que la vela no estaba sobre una mesita de madera, si no sobre un cajón de este material. Llego a la conclusión de que no era una habitación sino un establo.

Ya recuperado del mareo se sentó, dejo pasar unos segundos y se levantó, o al menos lo intento, porque en cuanto estuvo de pie, sintió un jalón de la cintura y cayo sentado, pero se golpeó la nuca contra la pared, fue un golpe seco y fuerte, que resonó por todo el establo. Fue cuando descubrió que estaba atado contra la pared. El dolor le punzaba y no podía más que maldecir. Se escuchó un ruido en dirección de donde tendría que estar la puerta. Luego una luz se acercaba acompañada por el eco de las pisadas de su visitante, que seguramente era a su vez su captor. La silueta que se dibujo era la de un hombre alto pero un poco jorobado que arrastraba el pie izquierdo cada vez que daba un paso. Llevaba la lámpara en la mano derecha debajo del rostro, por lo que no fue posible para Hassimir, identificar plenamente sus rasgos, más allá de que tenía el cabello largo y enmarañado y la barba muy crecida e igual de descuidada. En la mano izquierda arrastraba un azadón que estaba lleno de lodo y hierba.
—Despertaste. Hubiera sido mejor que te murieras. —La voz del visitante sonaba profunda y rasposa, además de tener un ritmo pausado al hablar. —Lo que has hecho no tiene perdón ni en esta tierra, ni en ninguna otra conocida por el hombre. No se cómo lo haces pero no eres más que un wickailla. —Mientras terminaba su oración dejo caer su azadón, y arrastro un banquillo de ordeña, y se sentó dejando la lámpara el suelo. Ahora que estaba cerca de Hassimir su rostro era más claro, pero no por ello menos perturbador. Pues una larga cicatriz lo dividía en dos, partía sobre el ojo izquierdo para terminar en el cuello del lado derecho. Le faltaban dientes, y tenía un ojo lechoso. Hassimir se sentó lo más erguido que le permitía su adolorida espalada. Con la garganta seca, y si cabe aún más confundido pregunto.
—¿Wickalla?, ni siquiera sé que es eso. —El extraño funcio el entrecejo y cambiando su tono a uno más hostil dijo: —No trates de engañarme cambia pieles. yo mismo te vi, cuando cambiaste de lobo a hombre. —Dicho esto escupió en el suelo a los pies de Hassimir.
—Eso es imposible, nadie puede hacer eso. —Notablemente asustado, dejo vencerse por el cansancio y el dolor muscular, terminando apoyado con la espalda en la pared.
—¡Claro que si!, los brujos y los wickalla. Tú no tienes báculo, ni amuletos o tatuajes, no eres un mago, por lo tanto eres un maldito demonio wickalla. —El hombre gritaba con rabia, dejando el banquillo y caminado por el área iluminada, de ida y vuelta como fiera enjaulada.
—¿Pero que dices?, yo no recuerdo nada… desde, el huevo… luego el colmillo —se llevó la mano a la boca, una boca normal sin colmillo—. No esta.—El hombre se detuvo en seco, asombrado, como si esa mención le sacara de sus pensamientos.
—¿Qué no esta?—mirando directamente a los ojos de Hassimir, como si tratara de entrar en su cerebro y desde ahí sonsacarle toda la información.
—El colmillo, el que salió del huevo en el campo de Absignir… No esta, yo… yo me lo puse, y… luego… luego desperté aquí. — Dijo Hassimir, tocándose la boca donde debía estar el colmillo y gesticulando confuso.
—¿Cuándo fue eso? —El hombre había mudado de expresión y estaba de nuevo sentado en el banquillo a un lado de Hassimir.
—La madrugada, un día después de la batalla de los Angasten y los Rivastorien. —Ya con la mirada perdida en la incredulidad con una postura de un hombre que acepta todo lo que ve sin dudar de sus sentidos, y sin buscar una explicación más allá. Esperando solamente despertar de la pesadilla.
El rostro del hombre cambio, ahora tenía una actitud más relajada quizá con algo de compasión. —Eso fue hace cinco meses, ¿No recuerdas nada después de eso?
—Hassimir se esforzó por recordar, le llevó unos minutos estar seguro que no recordaba nada, entonces habló. —Ya se lo dije buen señor, me puse el colmillo plateado, y después desperté aquí, no entiendo cómo pudieron pasar cinco meses. —El hombre lo miraba, pero no decía nada, así que a Hassimir le pareció que podía cambiar de tema. —¿En dónde estoy?
—Esta es una granja abandonada, pienso apoderarme de ella la guerra ahuyento a mucha gente, y muchos de ellos quizá no vuelvan. Siempre he sido pobre, nunca tuve tierras, pero se trabajarlas muy bien. Me he quedado aquí desde hace un mes, y no he visto a nadie, he reparado la cerca, levantado las puertas. Pero necesito ayuda para lo demás. Los wickalla solo se transforman una vez cada seis meses, bueno eso cuando no dominan su poder, así que a usted le quedan seis meses menos tres días de ser un simple humano— el hombre no apartaba la vista de Hassimir, comprobando de cuando en cuando que siguiera estando atado—, uno muy indefenso.
—¿Qué está tratando de decir? —No sabía si se sentía ofendido, pero no le gustaba nada el tono de aquel hombre.
—Usted está ahora en mi granja, y le conviene que siga siendo mía, ¿entiende?—dijo acercando tanto el rostro al de Hassimir, que podía oler el aliento del hombre—, me ayudara a trabajar, y así pagara su comida y su techo. Usted dirá a todo el mundo que soy el dueño de esta tierra, y así comprara mi silencio. Esta usted ahora en las tierras de los Rivastorien, ganaron la guerra y expandieron su dominio, estamos a doscientas leguas al sur de Absignir.
—¿Qué pasara cuando se cumplan los seis meses? —Ahora también se atrevia a mirar directa y duramente a los ojos a aquel hombre que lo mantenía atado contra la pared, sin más razón que argumentar que él era una especia de mago que podía transmutarse a un animal.
—Para ese entonces usted deberá estar a veinte leguas al oeste—Dijo tajantemente.
—¿Por qué al oeste? —mientras más lúcido se encontraba Hassimir tenía cada vez más preguntas. Pero no sabía muy bien que tanto estaba dispuesto a contestar aquel extraño hombre. —Conozco a alguien, que lo puede ayudar. Quizá lo pueda ayudar. —¿Quién?, ¿Cómo se llama? ¿Dónde le encuentro?— Era evidente que el hombre empezaba a impacientarse con las preguntas de Hassimir. Adopto un tono de impaciencia cuando contestó.—Esta a más de veinte leguas, y al oeste es la primera dirección. No le diré más, ya fue mucha charla por hoy. Mañana hablaremos —Se levantó, con la vela en mano—.
Muy desesperado y sin formular bien la pregunta Hassimir dijo —Espere, su nombre.
—Omastian, dígame Oma. —Le respondió sin voltear y sin dejar de caminar hacia la puerta. —Soy Hassimir—dijo casi al aire mientras realizaba otro vano intento por ponerse de pie. —No me interesa— Fue toda la respuesta del hombre mientras cerraba la puerta detrás de sí. Aún era de noche pero Hassimir no pudo conciliar el sueño, le atormentaban los cinco meses que no recordaba, y más aún en lo que se había convertido en ese campo maldito cubierto de sangre. Claro suponiendo que lo que dijo el hombre que se hace llamar “Oma” era verdad.

Ikaana
24/10/2011, 17:08
Es una historia interesantísima, dan ganas de seguir conociendo.
Pero algo que siempre te he querido decir es que para marcar los diálogos es mejor usar el guión, me informaron que el aceptable para marcar el diálogo es la raya larga — (alt+0151), el gran beneficio de éste signo es que puedes intercalar narración entre diálogos y así ambientar mejor la historia.
Espero leer más de ésto.

sinuee
24/10/2011, 18:31
en word eran "-" cuando lo pegué lo cambio a punto, es una lata eso. gracias por tu comentario

Ikaana
07/11/2011, 18:05
Dale, a pedido en Críticas a la Carta, voy a hacer una crítica extensiva de un aspecto de este escrito que me parece importante: la narrativa.


El inicio del escrito fue muy bueno, pero conforme los párrafos avanzaban se iba decayendo la calidad de narración. Los tres párrafos más próximos al diálogo son los más torpes, y luego el diálogo no tiene nada de narración entre medio, por lo que toda la ambientación se fue por la borda.
Sé que ya sabes, pero no estará de más recordarlo: narrar entre diálogos ayuda al lector a saber las reacciones de los personajes, los cambios en el ambiente y le da naturalidad a todo.
Creo que es el problema más grave, pero tiene fácil solución. Lo otro son errores pequeños.

sinuee
22/11/2011, 21:04
Resubido, ya corregido -según-