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Cursor
20/01/2012, 13:53
La batalla de Yungay decidió los destinos de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, ocurrida entre 1836 y 1839.

http://www.ejercito.cl/images/combates_batallas/batalla de yungay.jpg

La Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?GUID=5c14252b-99cd-47c7-8101-6a48072e7ae5&ID=138029), desarrollada entre 1836 y 1839, fue el primer conflicto bélico que Chile debió asumir como nación independiente (http://userfiles/P0001/File/escritos_10.pdf), por lo que los resultados fueron fundamentales en el afianzamiento de nuestro país, tanto internamente como en términos internacionales, debido al tipo de relaciones que establecería Chile a nivel regional. A pesar de que el conflicto nos enfrentó con dos naciones que, unidas, resultaban más poderosas, la batalla de Yungay decidió la victoria de Chile.

Luego de una serie de enfrentamientos entre el Ejército Restaurador, dirigido por el general Manuel Bulnes (http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?GUID=5c14252b-99cd-47c7-8101-6a48072e7ae5&ID=131081) y el Ejército Confederado, conducido por el mariscal Andrés de Santa Cruz, la batalla decisiva se dio en el valle de San Miguel, en el estado Nor Peruano de Ancash, específicamente en la localidad conocida como Yungay. Elegido el campo de batalla, ambos ejércitos acamparon separados por unas dos leguas de distancia, sin que ninguno pudiese retroceder sin ser obligado a combatir. En la espera, Santa Cruz ordenó fortificar su campo en Yungay, para proteger a la infantería. El ejército chileno se encontraba en desventaja, pues el valle tenía una extensión de dos leguas de largo entre el río de Ancash y el pueblo de Caraz, encerrado en toda su extensión entre el río Santa y la cordillera, por lo que para salir, necesariamente debía abrirse paso a viva fuerza. Los cerros Punyán y el Pan de Azúcar fueron el centro de acción de las tropas establecidas en la cima de los cerros por Santa Cruz, quien, así, formó un estratégico cordón militar que protegía su cuartel, instalado al pie de la montaña de Ancash. El Ejército Restaurador, luego de 12 días de espera, debió batirse con un enemigo mayor en número, acostumbrado al clima y, por tanto, poco menguado por las enfermedades, a diferencia del contingente chileno, que se vio muy afectado en este sentido.

Los dos cerros custodiados por las fuerzas de Santa Cruz se encontraban fortificados de antemano y provistos de todo lo necesario para una larga defensa. Las fuerzas expedicionarias chilenas, además de ser menores en número, tuvieron que combatir a campo abierto. La idea de Santa Cruz era destinar la tropa del Pan de Azúcar para atacar al general Bulnes cuando todo su ejército se hallara comprometido y tomarlo entre dos fuegos, pero los soldados chilenos ejecutaron la proeza impensada de tomar el cerro Pan de Azúcar, considerado inexpugnable por sus escarpadas faldas. La mañana del 20 de enero de 1839 se inició el ataque chileno. La columna que atacó el cerro se componía de cuatro compañías de cazadores, mandadas por sus respectivos capitanes: la del Carampangue, por Guillermo Nieto; la del Santiago, por Manuel Tocornal; la del Valparaíso, por Nicolás Sánchez y la sexta compañía del batallón Cazadores de Perú.

Luego de una lucha encarnizada, los cerros Punyán y Pan de Azúcar se convirtieron en posición chilena, por lo que Santa Cruz ordenó a su batallón Nº 4 que cruzase el río Ancash y atacara a las fuerzas chilenas por la espalda. El general Bulnes advirtió la maniobra y envió el Colchagua a su encuentro, siendo reforzado durante la lucha con cinco compañías del Portales, obligando a los bolivianos a retirarse muy mermados en número. Aprovechando el momento, el general Bulnes decidió, entonces, un ataque frontal contra la posición de Santa Cruz, por lo que las tropas debieron cruzar el río en medio de numerosas descargas de fusiles, siendo solo protegidas por la artillería chilena ya emplazada en el cerro Punyán. Horas de lucha comenzaron a agotar a la infantería chilena. El mariscal Santa Cruz ordenó a la infantería peruano-boliviana que se lanzara en masa, apoyada por la caballería, logrando que los chilenos iniciasen una desordenada retirada por el río. Sin embargo, Bulnes, que no perdía su ánimo, ordenó a la reserva de infantería apoyar a los combatientes sobrevivientes del Carampangue, mientras él, personalmente, se lanzó al río seguido por la caballería chilena, atacando a las tropas montadas de los confederados, que debieron cesar en su ataque a la maltrecha infantería, retirándose desordenadamente, lo que permitió al comandante chileno tomar el control y atacar la reserva del enemigo. Entretanto, la infantería chilena, alentada por su general, se lanzó por sobre las trincheras enemigas, rompiendo sus filas y obligándolas a una fuga desordenada, sin que Santa Cruz pudiese hacer nada por volver a controlar a sus tropas.

Los chilenos tomaron rápidamente el pueblo de Yungay, mientras el General Bulnes enviaba al ministro de guerra de Chile un comunicado que decía: “¡Viva Chile! Sobre el campo de batalla en que he vencido completamente al enemigo en fuerza de seis mil hombres mandados por el mismo Santa Cruz, sólo tengo tiempo para decir a V.S. que la Confederación ha quedado disuelta de hecho en cinco horas de un combate reñidísimo y sangriento y que los valientes que tengo el honor de mandar y cuyo heroísmo no tiene ejemplo, han arrancado al enemigo de posiciones casi inaccesibles, su artillería, parque y todo”.

Con el triunfo obtenido en Yungay, el 20 de enero de 1839, se disolvió la Confederación Perú-Boliviana y Chile se perfiló como una importante potencia marítima y militar. La victoria en este conflicto bélico contra la Confederación, marcó un hito en nuestra historia, pues siendo primera vez que el país se involucraba en un conflicto internacional, había resultado vencedor sin grandes pérdidas. A eso se suma el afianzamiento de un sentimiento de nación que, hasta el momento, no cristalizaba en el país. Tanta fue la importancia de Yungay, en este sentido, que su himno militar se convirtió en un verdadero emblema nacional durante décadas, pues habla de la victoria obtenida por el pueblo chileno, cuyas figuras más representativas fueron el Sargento Juan Colipí y la Sargento Candelaria Pérez, quienes encarnaron la valentía y heroísmo del combatiente chileno: “Cantemos las glorias del triunfo marcial, que el pueblo chileno obtuvo en Yungay…”

elkan
20/01/2012, 22:48
Es por eso que se celebra el dia del roto chileno ya que ellos son ...el pueblo de chile quienes siempre han cargado el fusil en defensa de la patria ellos son nuestros soldados anonimos que en espartanas gestas nos han dado la libertad que hoy disfrutamos .....¡¡¡¡ viva chile ctm !!!!!

...y la hermana del cursor tambien

toto_forever
21/01/2012, 01:04
"cantemos la gloria del trunfo marcial
que el pueblo chileno obtuvo en yungay"