CALLAWAY
25/01/2012, 13:22
Cuando un barco o un avión desaparecen, por misterioso y extraño que esto parezca, se puede imaginar siempre un accidente, una caída brutal. Pero cuando, sistemáticamente, aviones o naves desaparecen en determinadas zonas, determinados sectores o rincones del mundo, entonces uno se estremece y piensa en otra cosa.
Por ejemplo, hay un sector del océano Atlantico, en las proximidades de las costas norteamericanas, donde día y noche navegan numerosos barcos y vuelan aviones, y donde, más o menos regularmente, barcos y aviones desaparecen sin dejar el menor rastro. Esta sky - rap, como le dicen los investigadores norteamericanos (trampa en el cielo), se sitúa grosso modo en el triángulo Florida - Bermudas - Haití. He aquí algunos ejemplos de desapariciones de aviones.
La que tuvo mayor repercución, puesto que se trataba no de uno, sino de cinco aparatos perfectamente equipados, que pudieron ser seguidos y escuchados por radio, fue la desaparición de los cinco bombarderos - torpederos Avengers de la aviación naval norteamericana.
El 5 de diciembre de 1945, cinco Avengers despegaron de la base de Fuerte Lauderdale, en Florida, para un vuelo de entrenamiento de unas dos horas. Los pilotos debían alejarse hacia el este unas 160 millas, remontar al norte una cuarentena de millas, para luego regresar a su base. Se trataba de un vuelo normal de entrenamiento, que los pilotos conocían bien, por haberlo hecho a menudo, y que con buen tiempo no ofrecía la menor dificultad, en razón de que siempre estaban a la vista de la costa de las islas vecinas.
Uno de los aparatos llevaba dos hombres a bordo; los otros cuatro, su tripulación normal de tres hombres. Todos se hallaban equipados con los más recientes aparatos de radio y de navegación, y, además, todas las tripulaciones eran expertas.
A las 14.2 el primer avión se elevó en el aire, y seis minutos más tarde, los cinco aparatos se alejaban en formación, a una velocidad de crucero de 450 kilómetros por hora.
A las 15.45, cuando en el camino de regreso los pilotos y navegantes hubieran debido iniciar normalmente el procedimiento de llegada, la base de radio recibió un mensaje urgente del comandante de la escuadrilla; un mensaje radiofónico que fue grabado inmediatamente, y que de cuando en cuando los expertos suelen escuchar todavía hoy... El comandante decía: -No vemos la tierra... No podemos estar seguros de nuestra posición...
Fue un estupor inmediato. No solamnete reinaba buen tiempo, sin viento apreciable, sino que la visibilidad era perfecta; no solamante el comandante hablaba de manera extraña, sino que no seguía ninguna de las instrucciones de procedimiento que, sin embargo, conocía tan bien. Tan fácilmente habría podido pedir un punto fijo. ¿Cómo explicar que los otros cuatro navegantes tampoco pudieran establecerlo?
La base, y luego los demás puestos alertados, llamaron en vano a los cinco aviones; desde varios puntos fue posible escuchar cómo conversaban entre ellos, planteándose preguntas extrañas, incluso absurdas. También fue en vano que la radiogoniometría (similar al sistema GPS actual, pero en esa época se realizaba triangulando estaciones radiales) intentara fijar su posición.
Lo más extraño se produjo un poco más tarde, cuando en sus puestos de escucha los oficiales radiotelegrafistas oyeron que el comandante de la patrulla de los cinco aviones pasaba su comando a otro. A las 16.25 se registró el último mensaje de uno de los pilotos, que decía:
-No sabemos exactamente dónde nos encontramos... El mar es extraño... Estamos alrededor de 225 millas al nordeste de nuestra base... Parece que estamos... Después el silencio.
En los minutos que siguieron, se desencadenó el alerta general, y un gran hidroavión Martin, con todo un equipo de salvataje y una tripulación de trece hombres despegó rumbo al mar. Menos de diez minutos más tarde, no respondía a los llamados de la radio; había también desaparecido.
El portaviones Solomons, que se encontraba en esa zona, intervino lanzando todos sus aviones en condiciones de despegar. En menos de veinticuatro horas, más de cien naves y 300 aviones recorrían el océano. El tiempo era constantemente bueno, y en nada dificultaba las búsquedas, que duraron más de dos semanas, sin el menor resultado.
No se encontraron restos de ninguna clase. Reunidos durante varias semanas, los expertos de la comisión de investigaciones no lograron descubrir la menor razón que pudiera haber impedido a cinco pilotos lanzar un SOS, así fuera en el último segundo. Jamás se supo lo que pudo haber ocurrido al gran hidroavión de auxilio, que tan fácilmente hubiera podido posarse en el agua. ¿Por qué ninguno de sus aviadores saltó en paracaídas?
El informe de la comisión de investigaciones concluía, después de solamente una larga enumeración de preguntas: "No somos ni siquiera capaces de adivinar lo que realmente ha ocurrido".
Fuente: http://ufoidea.8m.com/inexplicable.htm
Por ejemplo, hay un sector del océano Atlantico, en las proximidades de las costas norteamericanas, donde día y noche navegan numerosos barcos y vuelan aviones, y donde, más o menos regularmente, barcos y aviones desaparecen sin dejar el menor rastro. Esta sky - rap, como le dicen los investigadores norteamericanos (trampa en el cielo), se sitúa grosso modo en el triángulo Florida - Bermudas - Haití. He aquí algunos ejemplos de desapariciones de aviones.
La que tuvo mayor repercución, puesto que se trataba no de uno, sino de cinco aparatos perfectamente equipados, que pudieron ser seguidos y escuchados por radio, fue la desaparición de los cinco bombarderos - torpederos Avengers de la aviación naval norteamericana.
El 5 de diciembre de 1945, cinco Avengers despegaron de la base de Fuerte Lauderdale, en Florida, para un vuelo de entrenamiento de unas dos horas. Los pilotos debían alejarse hacia el este unas 160 millas, remontar al norte una cuarentena de millas, para luego regresar a su base. Se trataba de un vuelo normal de entrenamiento, que los pilotos conocían bien, por haberlo hecho a menudo, y que con buen tiempo no ofrecía la menor dificultad, en razón de que siempre estaban a la vista de la costa de las islas vecinas.
Uno de los aparatos llevaba dos hombres a bordo; los otros cuatro, su tripulación normal de tres hombres. Todos se hallaban equipados con los más recientes aparatos de radio y de navegación, y, además, todas las tripulaciones eran expertas.
A las 14.2 el primer avión se elevó en el aire, y seis minutos más tarde, los cinco aparatos se alejaban en formación, a una velocidad de crucero de 450 kilómetros por hora.
A las 15.45, cuando en el camino de regreso los pilotos y navegantes hubieran debido iniciar normalmente el procedimiento de llegada, la base de radio recibió un mensaje urgente del comandante de la escuadrilla; un mensaje radiofónico que fue grabado inmediatamente, y que de cuando en cuando los expertos suelen escuchar todavía hoy... El comandante decía: -No vemos la tierra... No podemos estar seguros de nuestra posición...
Fue un estupor inmediato. No solamnete reinaba buen tiempo, sin viento apreciable, sino que la visibilidad era perfecta; no solamante el comandante hablaba de manera extraña, sino que no seguía ninguna de las instrucciones de procedimiento que, sin embargo, conocía tan bien. Tan fácilmente habría podido pedir un punto fijo. ¿Cómo explicar que los otros cuatro navegantes tampoco pudieran establecerlo?
La base, y luego los demás puestos alertados, llamaron en vano a los cinco aviones; desde varios puntos fue posible escuchar cómo conversaban entre ellos, planteándose preguntas extrañas, incluso absurdas. También fue en vano que la radiogoniometría (similar al sistema GPS actual, pero en esa época se realizaba triangulando estaciones radiales) intentara fijar su posición.
Lo más extraño se produjo un poco más tarde, cuando en sus puestos de escucha los oficiales radiotelegrafistas oyeron que el comandante de la patrulla de los cinco aviones pasaba su comando a otro. A las 16.25 se registró el último mensaje de uno de los pilotos, que decía:
-No sabemos exactamente dónde nos encontramos... El mar es extraño... Estamos alrededor de 225 millas al nordeste de nuestra base... Parece que estamos... Después el silencio.
En los minutos que siguieron, se desencadenó el alerta general, y un gran hidroavión Martin, con todo un equipo de salvataje y una tripulación de trece hombres despegó rumbo al mar. Menos de diez minutos más tarde, no respondía a los llamados de la radio; había también desaparecido.
El portaviones Solomons, que se encontraba en esa zona, intervino lanzando todos sus aviones en condiciones de despegar. En menos de veinticuatro horas, más de cien naves y 300 aviones recorrían el océano. El tiempo era constantemente bueno, y en nada dificultaba las búsquedas, que duraron más de dos semanas, sin el menor resultado.
No se encontraron restos de ninguna clase. Reunidos durante varias semanas, los expertos de la comisión de investigaciones no lograron descubrir la menor razón que pudiera haber impedido a cinco pilotos lanzar un SOS, así fuera en el último segundo. Jamás se supo lo que pudo haber ocurrido al gran hidroavión de auxilio, que tan fácilmente hubiera podido posarse en el agua. ¿Por qué ninguno de sus aviadores saltó en paracaídas?
El informe de la comisión de investigaciones concluía, después de solamente una larga enumeración de preguntas: "No somos ni siquiera capaces de adivinar lo que realmente ha ocurrido".
Fuente: http://ufoidea.8m.com/inexplicable.htm