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esperpenticidad
16/04/2012, 16:05
Creo haber sentido por horas el ritmo de aquella batería. Lenta, lentísima. Parecía desvanecerse por entre la humareda “botánica”, típica de ese lugar, y coordinarse con mis párpados que chocaban en cámara lenta. Tenía la cara dormida, los pómulos duros, y las yemas de mis dedos que llegaban sin vacile por debajo de sus faldas al húmedo paraíso que yo asaltaba sin derecho, ni represión alguna. Hacían de aquella noche un ritual exquisito que esperaba desde hace tiempo. La guitarra sonaba y nos inundaba con distorsiones psicodélicas, mientras yo controlaba, con la punta de mis dedos, el ritmo de sus besos, que mordían proporcionalmente a la rudeza de mis caricias, no como reproche, más bien como estímulo.

Era cuestión de tiempo, me dije, cuando estaba entrando al baño de mujeres guiado de la mano por mi desconocida compañera. Ella controlaba todo, se sabía el juego de memoria. En el fondo esto me incomodó un poco, pero luego volví a la superficialidad del contexto, y me dejé llevar suprimiendo la racionalidad que siempre, siempre me hace evitar situaciones como esta. En fin, entramos a una de las casillas de baño y cerramos la puerta. Ella se sentó en la taza de baño, y quedando a la altura de mi cadera, procedió a desabrochar mi cinturón con la hebilla de Led-Zeppelin y liberar con sus frías manos, mi excitada virilidad. Besaba y lamía como una profesional. Yo sentía escalofríos correrme por el espinazo y llegar hasta mi cuello, haciéndome mirar el techo suspirando con los ojos cerrados. Luego la miraba y veía sus grandísimos ojos café-claro que me observaban con un aire sumiso y a la vez desafiante mientras sacaba desde su cartera un sobre plateado. La banda sonaba fuerte, y adicionado a las voces del lugar, el diálogo resultaba casi imposible, y bueno en este caso era innecesario. La tipa rompió el sobre con los dientes, y sin preguntarme puso aquel incómodo plástico con maestría alrededor de mí miembro, mientras me besaba el cuello. Una vez que terminó, la apoye con fuerza contra la muralla y levanté su pierna derecha por sobre mi cadera. Entré suave y completamente, mientras ella liberaba un sutil gemido en mi oreja izquierda, humedeciéndola por completo. La banda sonaba fuerte y las voces de afuera irónicamente nos hacían sentir solos. Ajenos ante aquella realidad externa. Seguía yo entrando y saliendo con ritmo ascendente. Entraba y salía y besaba y tocaba sus pechos, mientras ella mordía mi cuello y abrazaba mi espalda con su pierna derecha. Gemía sutilmente a mi oreja izquierda y la humedecía por completo. Mordía mi cuello con fuerza dañándome y excitándome. La banda tocaba “Calibraciones” de Aparato Raro y todos cantaban. Cambiamos de posición, me senté en la taza y ella sobre mí cabalgaba ferozmente. Pude notar que se mojaba, y mordía mi oreja con fuerza. La banda deja un silencio en la parte que dice “Si eres fascista eres peor que un cerdo” para que todos la griten. Y fue en ese momento que desembaracé por fin mi fisiología de toda la potencial vida que yacía vegetando desde hacía tiempo en mis testículos.

Nos quedamos un par de minutos sentados besándonos suavemente, yo aun dentro de ella, hasta que me dijo que debía irse. ¿Qué hará? ¿Me dirá su número? ¿Su nombre al menos? Yo no tenía planeado pedirle ninguno de los dos. Si hay algo que me molesta es hostigar a la gente. Si ella quería mantener algún tipo de contacto bien, sino también, pensé mientras se levantaba y arreglaba la falda de tela de jeans. Nunca me gustaron esas faldas, pero a ella le venía bien, creo que porque andaba sin calzones.

No recuerdo muy bien la parte siguiente. Solo recuerdo una imagen de mí llegando a la mesa donde estaban Raul y Fernando, mostrando mi mano rallada con un número de teléfono. Se rieron y acerqué una silla para sentarme con ellos. “La hiciste” me dijo Fernando, mientras me servía un vaso de cerveza. Yo respondí alzando mi vaso y bebiéndolo al seco. Quería irme. Pero mis amigos querían ver a la banda siguiente. Así que me quedé acompañándolos con la condición de que compraran otra cerveza. Así lo hicieron y me quedé allí. Dormitando apoyado en la pared, escuchando la música, fumando un cigarro barato. Hilton, una mierda de cigarros, lo miraba con detenimiento y me preguntaba por qué fumaba esa basura. Lo quedé mirando y me acordé de la maraca que sale de repente en las tallas de canales gringos. Una que es como rubia y tiene la boca chueca.

Malkuth
19/05/2012, 23:45
Bacán.

Difiere de otros escritos tuyos en cuanto a tema, pero sigue tu mismo estilo, aunque algo modificado para la ocasión.

Me recordó a algún cuento de Fuguet, o mejor dicho a alguna escena de un cuento de Fuguet, específicamente a Los Muertos Vivos del libro Sobredosis.

Avers
20/05/2012, 14:26
Me parece bueno. Gracias por compartirlo.

Draconiae
20/06/2012, 22:20
Me pareció muy buen relato. No caes en descripciones cursis, ni vulgares, sino que mantienes un equilibrio adecuado al erotismo del cuento. La entrada es interesante, el desarrollo impecable y el final el adecuado. Hacía tiempo que no leía algo de tanta calidad en Internet.

Saludos!

LDM.