Homenaje profundo y sincero al baloncesto; elegía al arrojo y al coraje; placer verdadero para los seguidores. El Real Madrid se impuso en la pista del Lucentum Alicante por 86-92, pero el vencedor por K.O. fue el basket. Kyle Singler retornó a su primer hogar en la ACB y Alicante le recibió con una sentida ovación que se concretó en un cariñoso golpe en el pecho de la mascota poco antes de iniciarse el choque.


Jaycee Carroll decidió con dos triples consecutivos un encuentro en el que anduvo desaparecido en combate. Las canastas de 6,75 las pusieron los locales, que sumaron 15 de 27 intentos. Ty Ellis firmó una actuación memorable con 7 aciertos desde el perímetro y 27 puntos, pero su esfuerzo no sirvió para frenar la calidad en la pintura y la diferencia de centímetros favorable a los de Pablo Laso.


El Real Madrid a punto estuvo de hacer besar la lona al Lucentum a base de transiciones rápidas durante los compases iniciales. Mirotic y Suárez desarbolaron a la zaga rival haciendo gala de inteligencia y alternando canastas desde el perímetro con acciones más cerca de la pintura. Ty Ellis decidió que los alicantinos no perderían por aplastamiento, que no se dejarían avasallar por la trituradora blanca. Diez puntos del escolta norteamericano estrecharon las diferencias y cerraron el acto de apertura con un marcador de 19-30.


Ese impulso batallador de Ty Ellis contagió a sus compañeros. Poseídos por el baloncesto puro, ése que hace huir de la racanería y reniega de la especulación en cualquiera de sus formas, los jugadores lucentinos agujerearon al Real Madrid. El lanzamiento exterior era de una precisión insultante. Nueve triples masacraron a los merengues en menos de 10 minutos. El público enloquecía con cada balón que besaba la red de Andy Rautins, Ty Ellis y Ben Dewar. El acierto, superior al 70%, hizo tambalear las más profundas convicciones del conjunto de Pablo Laso.


Parecía no haber forma humana de cerrar la herida madridista. Esa hemorragia continuó hasta el descanso. Felipe Reyes y Mirza Begic colocaron un ligero torniquete, aplacaron algo el apetito desatado de un Lucentum caníbal. Aún así, los alicantinos voltearon el marcador y se metiron en el túnel de vestuarios con una renta de 52-51. El baloncesto sin ataduras, alígero, quizá no sea muy del gusto de los técnicos. Lo incontrolable no suele convencer a los que mandan. Pero hay muy pocas cosas que cautiven más a un aficionado que el basket deslumbrante, irrefrenable y carente de miedo.


Cambio en la dinámica
Las aguas retornaron a unos cauces más naturales. Era imposible continuar con una proyección anotadora lejana a las pautas de la lógica. El Real Madrid apretó los dientes y se encomendó a sus pívots. Ante Tomic jugó un tercer cuarto fabuloso. Reyes, Mirotic y Singler le acompañaron.


El parcial definitivo arrancó con 70 a 71 a favor de los visitantes. Ty Ellis logró su sexto triple poco después de empezar el cuarto. Cuando está enrachado, pararle es una simple quimera. Pedro Llompart también adquirió su cuota de protagonismo merced a su sensatez con el balón, su buena selección de lanzamientos y su notable manejo del equipo. Los empates se sucedieron varias veces hasta los instantes definitivos. Cada acción de unos era contrarrestada por los otros con idéntica efectividad.


Una técnica a Llull a falta de 2:10 compensó un par de antideportivas rigurosas a favor del Madrid en la primera mitad. Era raro que en un duelo en el que el triple tuvo un peso tan brutal, Jaycee Carroll no se uniese a la fiesta. El escolta despertó tarde, pero a tiempo. Dos canastas suyas desde el 6,75 desnivelaron la balanza hacia el lado del conjunto de la capital. En su haber, 0/4 desde el triple. En los dos minutos finales, Carroll encestó 2 de 2.


Y el Real conquistó una ciudad, Alicante, que ha pasado de deambular por la ACB a erigirse en la sensación de la temporada. El Lucentum debería ser la inspiración y el espejo de todos los clubes pequeños de la competición.