El manuscrito de J. A. Donoso
El manuscrito de J. A. Donoso
Siempre que les pregunten la hora y tengan un reloj a mano respondan con toda verdad, ya que nunca sabes quien o qué te lo esta preguntando. Eso es todo lo que quiero que sepan, pero algunos de ustedes no escucharían mi consejo sin un argumento detrás de este, así que en contra de mi voluntad escribo esto.
Lo que están leyendo ahora es algo que no recomiendo leer. Tal vez sea solo mi imaginación y puede que al leerlo nada les ocurra a la mayoría de ustedes, pero si sienten que por alguna razón, ya sea una mínima intuición o simplemente porque ya les esta aburriendo este relato, de que no deben leerlo déjenlo de lado y tengan conciencia de que están advertidos sobre el mal que se cierne sobre mi y que no se acercara a ustedes a menos que continúen leyendo después de este ultimo punto aparte.
Subía por la calle Carrera después de haber comprado una galleta en la panadería; no les daré el nombre de la panadería (ni mucho menos el de la ciudad) donde acontece mi historia, ya que así puede que las probabilidades de que les ocurra algo disminuyan por falta de información, pero a aquellos que saben del lugar del que hablo lo lamento por sus almas que ya no estarán en paz. Como iba diciendo, subía por calle Carrera y a mitad de camino alguien me preguntó que hora era. Yo por supuesto nunca pensé que este acontecimiento sería algo que cambiaria mi vida, así que por pereza y a su vez atento de que no me robaran mi celular al ver la hora (ya que era de noche cuando subía y, a decir verdad, es un calle bastante solitaria) respondí que no tenia reloj. Grave error.
Después de aquello todo comenzó a ir mal, bueno no todo en realidad ya que llegue a mi casa sin problemas, pero sin saberlo una compleja estructura de redes se formaba a mi alrededor aquella noche. Una esencia completamente maligna que me acosa hasta el día de hoy.
Al día siguiente cuando me levante hubo un temblor, no muy fuerte para llamarlo terremoto, pero si lo suficientemente potente como para ponerlo a uno nervioso. Luego, cuando salí a la calle el aire estaba tibio, y eso me llamo bastante la atención, mas no le di importancia en aquel momento. Otro grave error.
Mi día siguió su curso natural, pero a la mañana siguiente hubo un temporal. En la mañana parecía una brisa fuerte, pero a medida que el día iba avanzando el viento estaba creciendo a tal punto de romper algunas ventanas. Una de ellas me hirió la mano y, por estar distraído casi me cae un árbol encima.
A la mañana siguiente cuando estaba en la micro que me llevaba al colegio, esta se volcó. Yo tuve uno que otro moretón, pero lo peor fue ver a gente muerta a mí alrededor completamente aplastada.
Así ocurrieron cosas día tras día, algunas pequeñas, otras más graves, pero todas con algo en común. Siempre estuve a punto de morir (los médicos me decían que tenia suerte de estar vivo) y por eso no podía estar tranquilo por las siguientes 24 horas.
Han pasado 14 años desde ese acontecimiento y sé que lo que sea que me haya preguntado la hora se esta regocijando bajo mi desgracia y, quien sabe, tal vez este manuscrito sea obra suya ya que se aburrió de mi (como probablemente se haya aburrido de otros) y busca nuevas victimas con las que divertirse.