Análisis del director de El Gráfico de la semifinal y el momento de Colo Colo tras el Apertura.
Cuando el bus de Colo Colo llegó el domingo al Estadio Nacional en una de las ventanas se leía un cartel, hecho a mano, con la leyenda: “Seguí participando”. La idea era, como dicen ahora, “tocarle la oreja” a Universidad de Chile por la eliminación ante Boca Juniors en la Copa Libertadores. Burlarse porque los azules quedaron por cuarta vez en semifinales y como los albos ganaron esta copa en 1991… En fin, una mofa básica, propia de escolares, que se entiende en el contexto del recreo en el colegio, el completo en la universidad, la hora del café en la oficina. Pero cuando tienes que jugar la semifinal del Apertura con el antecedente fresco de que te comiste una goleada ante al mismo rival hace dos meses, que ese mismo equipo, además, te sacó 14 puntos en la fase regular, la lógica indicaba concentración, profesionalismo, seriedad. Enfocarse en un partido que podía ser cualquier cosa menos fácil, ponderar a un contrincante al que sólo en estado de embriaguez se le puede tomar a la chacota.
El asunto se agrava cuando descubrimos que el autor del chiste es Lucas Wilchez. Banca fijo desde que llegó Luis Pérez a Colo Colo, cuyo rendimiento en 12 partidos en el presente campeonato señala cero gol y cero pases gol. Y más se agrava cuando el señor Wilchez no puede jactarse de una copa ganada en 1991, no sólo por la obviedad de que él no estaba en ese plantel por razones cronológicas, sino porque su nivel no le alcanzaba para ser reserva de los reservas en el histórico cuadro de Mirko Jozic. Pero también, otro agravante más, está el hecho de que Wilchez nunca ha ganado título alguno en Colo Colo, que su popularidad se basa en el parecido con Peter Veneno y no por su juego. Un despropósito total.
Al final lo de Wilchez es un fiel reflejo de Colo Colo. Hay un grupo de jugadores serios, pero hay otros que no se entiende en qué andan, lo mismo para varios dirigentes. Se pretende ganar de puro vivos, de mañosos, de ladinos, poniendo cartelitos, rentando avioncitos para hacer chistes, intentando usar un resquicio legal en la ANFP para jugar la Sudamericana en el caso de que O’Higgins gane el Apertura.
Después de ver lo que ocurrió en la asamblea de socios el sábado en el Monumental, donde el inefable Cristián Varela terminó otra vez a los insultos con los hinchas, a nadie le puede extrañar que en Colo Colo pase cualquier cosa o que se haga cualquier cosa. Como dejar partir a Bryan Rabello pese a que en enero el jugador pretendía renovar y no le dieron bola; como ver al señor Lucas Wilchez poniendo un cartel que reza “Seguí participando” cuando él no ha ganado nada con esa camiseta o escuchar al desaforado Cristián Varela gritando en la asamblea “¿Qué ha hecho Barticciotto por Colo Colo?”, cuando Barticciotto ganó apenas esa Libertadores de 1991, que se yergue como el último argumento para evitar el ridículo más estrepitoso.
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