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    Predeterminado [HC]Un poco de Historia de la Inmigración Croata en Chile (segunda parte)

    -CONTINUACION-

    Pascual Baburica y Francisco Petrinovic


    El hecho de que dentro de una nota, no suficientemente extensa, se dedique un espacio relativamente amplio a dos hombres surgidos de la colonia croata, obedece a dos razones. En primer lugar, porque, al haberse dedicado a diversas actividades empresarias y financieras, y por haber tomado parte activa en el quehacer social, cultural y patriótico de la colectividad, no resultaba difícil obtener datos sobre ellos; y en el segundo, porque, al presentar la obra por ellos realizada será más fácil comprender de lo llevado a cabo por la colectividad en su conjunto.


    Pascual Baburica nació en Kolocep, comuna de Dubrovnik, en 1875. Emigró a Chile en 1892, estableciéndose en Iquique, donde se empleó en la firma de su coterráneo Lujak. Joven dotado de talento, y de una iniciativa poco común en esa edad, pronto se destaca en dicha firma. En 1893 ya se independiza, fundando su propia empresa comercial. Poco tiempo después se une a Ramagio Gazari, y entre ambos organizan centros abastecedores de "oficinas" salitreras. Fue en su nueva empresa donde Baburica pone de manifiesto más notoriamente su inteligencia y afán de progreso, con lo que se gana la confianza de connacionales y la buena voluntad de autoridades chilenas.


    Antes del fin del siglo, cuando aun no había cumplido los veinticinco años, Baburica inicia la compra de empresas salitreras; en otras ingresa en calidad de accionista. Así surgieron las firmas "Baburica, Lukinovic y Cía.", "Baburica, Cicarelli y Cía." y "Baburica, Bruna y Cía".


    Algunos años más tarde, en 1913, con Francisco Petrinovic, funda una nueva firma salitrera, con el nombre de "Baburica, Petrinovic y Cía.". Fue en esa ocasión cuando se unieron por primera vez dos hombres de negocios croatas, complementándose y apoyándose mutuamente durante largos años, hasta el fallecimiento de Baburica. En el mismo año 1913, las empresas salitreras de Baburica, junto con las firmas "Marinkovic y Cía.", "Mitrovic y Cía.", "Juan Sargo y Cía." y otras de menor volumen, llegaron a controlar el 63 por ciento de la explotación salitrera, y negocios anexos de salitre.


    Antes de estallar la Primera Guerra Mundial las actividades de este magnate habían traspasado las fronteras de Chile. En numerosas ciudades y puertos de América y Europa, en Liverpool y Londres en primer lugar, funcionaban otras empresas o agencias de Baburica.


    En su ininterrumpido avance, el nivel más alto alcanzado por este hombre extraordinario prodújose entre los años 1920 y 1925, cuando totalizaban 23 sus plantas de salitre. En ese mismo tiempo era dueño también de emporios abastecedores de "oficinas" en general. Poseía maestranza, empresas industriales, diversas empresas de transportes, compañías de seguros. A su vez, era propietario de grandes edificios en Valparaíso, Santiago, Antofagasta e Iquique, y accionista de instituciones bancarias. Una importante finca en Valparaíso, y la "Hacienda Ñuble y Rupanco", esta última dedicada a la fabricación de quesos, fueron también propiedad suya.


    Después del año 1920, al fundarse sociedades navieras en Split y Dubrovnik Baburica ingresa en dichas sociedades en calidad de uno de los accionistas más importantes. Años después, junto con Petrinovic, intervino en la fusión de aquellas sociedades en "Compañía Atlántica de Navegación Ivo Racic S. A.". Algunos de sus contemporáneos en Santiago afirmaban que en un tiempo fue accionista de la empresa de su amigo y coterráneo, magnate naviero croata-argentino, Nicolás Mihanovic.


    Toda la fortuna de Baburica nunca fue bien conocida. Unos pocos sobrevivientes, entre sus contemporáneos de Valparaíso y Santiago, afirmaban que dicha fortuna superaba los 1.000 millones de dólares. Respecto a bienes que manejaba se tejieron no pocas versiones; y una de ellas, que no pudo ser confirmada, sostenía que Balburica fue el firmante del cheque con cifra más fabulosa de su tiempo contra una cuenta bancaria particular en un banco de Londres. El nombre del banco, y la cantidad girada no fue posible conocer. En 1956 ya no era fácil rescatar datos respecto a algo que habría sucedido treinta años antes.


    Lo que antecede constituye al menos algunas facetas de la intensa vida de Pascual Baburica como empresario y hombre de finanzas. Pero en el reverso de esa personalidad tan definida, y en abierto contraste para el concepto de muchos, había otra imagen, la imagen de un hombre tierno, comprensivo, de corazón abierto; la de un benefactor y filántropo; la de prototipo de dálmata.


    Como hijo de la otrora libre República de Dubrovnik, fiel a sus más arraigadas tradiciones, Baburica vivió y actuó siempre como un hombre libre, como demócrata, como un buen croata. Hombre de empresa, supo amasar riquezas, pero también supo realizar obras sociales y humanitarias en el medio en que se hallaba, y también en Croacia. A muchos de sus centenares de obreros y empleados, chilenos y croatas, ayudábales a superarse social y económicamente. Ayudaba monetariamente a las instituciones sociales, culturales y patrióticas croatas, formando parte, de alguna manera, de todas ellas.


    Durante la Primera Guerra Mundial una y otra vez enviaba abultadas sumas de dinero a los croatas prisioneros de guerra, a través de la Cruz Roja; otras sumas, igualmente abultadas, donaba al fondo de propaganda aliada. Concluida aquella contienda, aunque no con resultados que él esperaba, pues, según lo expresara ante algunos de sus amigos, "se dejaron de un lado los 14 puntos del Presidente norteamericano Woodrow Wilson", Baburica desborda su generosidad a favor de necesitados en Croacia. Su ayuda se materializa a través de las instituciones "Domus Cristi", "Blago Dilo", "Javna Dobrotvornost", "Dom Staraca" y "Dicje Zakloniste", todas en Croacia. Hace construir escuelas e iglesias, y funda el "Instituto Rugero Boskovic". Además, reiteradamente enviaba ayuda monetaria al fondo de "Hrvatski Radisa" (El Croata- Laborioso) de Zagreb, la más grande y benemérita institución en el país, a través de la cual aprendieron artes y oficios, y recibieron enseñanza secundaria muchas decenas de millares de jóvenes croatas.


    Empero, ese hombre singular no fue menos generoso con su segunda patria, Chile. Donó allí a la comunidad su fundo en Los Andes, destinándole a una escuela agrícola, y dinero para su sostenimiento. En efecto, en el fundo fue levantado el "Instituto Agrícola Modelo Pascual Baburica", que fue dirigido durante largo tiempo por el ex- gerente general de las firmas de Baburica, Bosko Babarovic. Dejó su finca "Olivares" (hay Parque Salitre), en Valparaíso, a la comuna de dicha ciudad. En la finca había hecho plantar árboles nobles de lugares más remotos, figurando entre esos árboles un nogal, un olivo y una higuera, traídos expresamente desde Dalmacia. Donó dinero para la fundación del "Instituto para la Investigación de las Enfermedades de la Sangre", al que después de su muerte financiara su sobrino Juan Baburica. Hizo entrega también a la ciudad de Valparaíso de su Galería de Cuadros, 99 obras en total, pintadas por cotizados maestros del siglo pasado y del presente. Dicha donación dio lugar a la fundación del Museo de Bellas Artes, de la calle Condell. Además, en no pocas ocasiones ayudaba económicamente a la fundación "Jadranska Vila" (Hada del Adriático), de Santiago.


    En 1929 Baburica se retiró del negocio de salitre, vendiendo todas sus empresas a la firma inglesa "Guggenheim". Poco después murió, dejando una trayectoria de hombre de bien, y quedando en paz con Dios, con el pueblo chileno y con los croatas.
    Francisco Petriovic Karlovic:


    Otro inmigrantes que en su época desempeñó un notable rol en la obra de progreso de Chile, fue Francisco Petrinovic Karlovic, nacido el 13 de marzo de 1882, en Supetar, isla de Brac. En 1900, luego de finalizar sus estudios secundarios, y disconforme con la realidad en que se debatía su tierra natal, gobernada por los Habsburgos, emigró a Chile. Radicóse en Antofagasta, donde, durante un tiempo, fue empleado de la firma "Ivanovic Hnos. y Cía.". En 1906, se radica en Santiago, para fundar allí una empresa comercial e industrial. En 1913 ingreso en la firma salitrera "Baburica, Bruna y Cía.", la que a partir de entonces es conocida por su nueva denominación, "Baburica, Petrinovic y Cía.". Dieciséis años después, cuando se inició la venta de las grandes empresas salitreras, también ésta fue vendida a la firma inglesa "Guggenheim".


    En el mismo año 1929, Petrinovic reestructura su firma comercial de Santiago, conocida a partir de entonces bajo el nombre de "Francisco Petrinovic y Cía.", en la que incluye negocios diversos, transportes marítimos, industrias y su "Hacienda Chacabuco", productora, envasadora y exportadora única de aceite de oliva chileno. Simultáneamente, organiza otra empresa en Londres, denominándola "Francisco Petrinovc y Cía. Limitada". También fue uno de los principales accionistas de "La Fabulosa Mines Co.", productora de estaño, con sede en La Paz, Bolivia.


    Lo mismo que Baburica, a quien le unían no solo asuntos de negocios sino, primordialmente, una sincera amistad, afecto y convicciones comunes, también Petrinovic aporta capitales a sociedades navieras surgidas en Split y Dubrovnik; que luego, como fuera dicho, se fusionan en la "Compañía Atlantia de Navegación Ivo Racic S. A.". Y en 1939 funda su propia empresa de navegación transoceánica.


    No será difícil imaginar cuánta dedicación y cuán enormes sacrificios representaba para este hombre la atención de tan numerosos y variados negocios. Sin embargo, cometeríase un error si se creyera que dicha atención podía impedir vivir confundido con su colectividad, o formar parte de sus instituciones y ayudarlas económicamente. Supo él estar siempre en todas partes, y cumplir con todas sus obligaciones. Bregó incansablemente por la separación de Croacia del Imperio Austro-húngaro, y con más determinación durante la contienda de 1914. (Sobre la actitud asumida por Petrinovic en aquellos años, que fuera cuestionada y polemizada en su tiempo, se hablara más adelante).


    Francisco Petrinovic amó entrañablemente a su isla, Brac, y a su provincia, Dalmacia, de la que decía era "un rincón del paraíso". Su amor él lo practicaba, a lo largo de su vida, y en primer lugar, prestando ayuda económica a su pueblo natal, Supetar, y a su isla, en forma directa, y apoyando instituciones culturales y caritartivas de Croacia toda. También, en repetidas ocasiones, enviaba importantes sumas de dinero a la institución "Hrvatski Radisa", de la capital croata.


    A esta altura de la narración cabe admitir la posibilidad de que algunas interesantes facetas de la vida de Francisco Petrinovic no fueron muy conocidas, razón demás para hablar de las conocidas. Se ha dicho más arriba cuánto ha amado este hombre a la tierra que lo vio nacer. Sí, la amó tanto que no concebía entregarse al último sueño en ningún otro lugar. Por eso, en la plenitud de su vida, diseñó con su propia mano, y luego hizo construir un monumental mausoleo en su pueblo natal, dejando a su familia un ruego supremo en el que pidió que, dondequiera se extinguiera su vida, sus restos fueran trasladados a ese mausoleo, al lado de sus padres. La conmovedora resolución es precisamente una de las facetas poco conocida de Petrinovic. De la misma faceta habla también el propio mausoleo, del que, como fue dicho, él mismo fuera artífice intelectual. Lo construyó el escultor splitense Toma Rosandic, y era su obra maestra en su tipo. Las líneas arquitectónicas del mausoleo, sus ornamentos y símbolos, su portal de bronce en el que, en altos relieves, es presentada la eterna lucha entre el bien y el mal, con el triunfo del bien, más otros detalles que armonizan con el conjunto, constituyen un himno sublime de devoción, de recogimiento, plegaria, piedad y amor; amor a lo eterno, amor a sus padres, amor a su patria. Y en ello precisamente ha quedado reflejada la vida, la verdadera vida de Francisco Petrinovic.


    A fin de conocer algo más sobre esta interesante figura, este autor, entre otros, preguntóle en una ocasión a su hermano Jorge, cómo era, cómo pensaba y qué se sentía Francisco. En su respuesta quedó todo definido. "No puede negarse que Francisco fue un hombre de empresa, un hombre de finanzas, un caballero de los solares de Nueva York y Londres. Pero su verdadera esencia fue otra. Era un hijo cariñoso, un padre y esposo tierno, un buen hermano, un amigo leal. Era piadoso y creyente. Se sentía un hombre libre, un demócrata. Se sentía también un "veliki" (gran) supetrense, un "veliki" Bracense, un "veliki" Dálmata, un "veliki" croata, y tanto se sentía croata que a su hijo, nacido en Inglaterra, lo bautizó con el nombre de Ivo. Y todas esas cualidades armonizaban en él" .Luego añadió: "Si después de tantos "veliki" aun ha quedado algo, que con ese "algo" se quedan los que se lo disputan". En los mismos términos, respecto a la personalidad de Petrinovic, se expresaba el doctor Ilic, su ex apoderado en Split, refugiado en Chile después de la última contienda.


    Hubo también otros croatas quienes, con su trabajo y sacrificio fueron la fuerza motriz del milagro del norte chileno, y que prestaron innegables servicios a su tierra natal. Entre los muchos que fueron, cabe mencionar a los Buratovic, Palaversic, Ivanovic, Gazari, Lukinovic, Marinkovic, Lujak, Mitrovic, Sargo (el benefactor de Milna). Cada uno de ellos se hizo merecedor de largos capítulos en esta nota, pero faltaron datos para ello. Es que en 1956 había quedado atrás la hora 24 en la vida de la vieja colonia.. No obstante, como una sincera expresión de gratitud hacia ellos, y hacia aquellos quienes ni sus nombres dejaron, lo menos que puede hacerse es reconocer que, de alguna manera, posibilitaron el surgimiento de aquellos dos gigantes de la Croacia emigrada: Pascual Baburica y Francisco Petrinovic.



  2. #2
    Diabolus Nostrum

    Excelente info !
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