Esta es en realidad, más que una trilogía (o tetralogía para algunos) compleja (y un libro de apéndices, sólo para explicar cosas de las que no te puedes llegar a enterar durante el desarrollo de la historia) acerca de la eterna lucha entre el bien y el mal y como hasta el más simple personaje puede llegar a tener un papel fundamental en el desarrollo de los acontecimientos; es la historia de un mundo antiguo poblado por diferentes razas y seres mágicos y como su destino se ve marcado por objetos poderosos, grandes ejércitos y batallas y complejas tramas y traiciones. Es una época oscura y de intranquilidad, en la que el poder del mal se cierne sobre las cabezas de las buenas gentes de la “Tierra Media”, en la que se canta a los héroes de los reinos antiguos y en la que los malos augurios y la mediocridad se dan en el presente.
Pero “El señor de los anillos” no es sólo eso, no es sólo magia o una aventura, sino que su mérito fundamental reside en que el trabajo de Tolkien, que se culmina con este libro, no es ni mas ni menos que la creación de todo un complejo mundo paralelo al nuestro; Tolkien, lingüista sudafricano y profesor de literatura inglesa en Oxford, parece tener la llave de una puerta a otra dimensión, y el sólo en 50 años, ha sido capaz de crear una mitología tan compleja como la que a otras culturas enteras les ha costado siglos e incluso miles de años (véase la griega o egipcia).
Aunque el libro "El Hobbit" no es considerado como parte integral de la saga por algunas personas, realmente si forma parte de ella, dado que le antecede cronológicamente, además de que su lectura nos sitúa en ambiente y nos permite conocer a muchos personajes y situaciones que se mantienen en toda la serie.