Romance del barranco
Trigo, mármol, bosque oscuro
latían en esas dos lunas
y en esos dos pechos duros.
La clara de mi ojo tuerto
mordía aquel huevo maduro
y entre sueños y chillidos
dejaba escapar al fruto.
Ojos negros, ojos verdes,
cuencas de pelaje rudo
entre escollos me clavaron
entre acantilados, sufro!
Como silbido despega
el alma que una vez supo
oír historias y pensar…
hoy sólo un vástago mudo.
Pero me desgarro al fin
frente al mar y frente al mundo
y consumo el sacro rito
junto al oleaje del humo.
Mas al terminar: Horror!
y traición y engaño crudo
es lo que siento al advertir
que estoy culeando a un burro!



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