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Los finos harapos de la soledad III
Esa tarde iba a llover. Ella lo sabía, no por el gris del cielo, si no, porque sus rodillas les estaban doliendo con persistencia desde la noche anterior. De todas maneras, no podía fallar. Se cubrió con delicadeza usando su improvisada frazada, tanto o más raída que su vestido. Evitaba renguear, levantando la vista y estampando con impronta su presencia tal como lo hacía en su juventud, altanera, cuando se paseaba entre las amistades en esos inolvidables ágapes de verano en casa de papá. “Esta vez no va a ser distinto”, se decía en voz baja para darse ánimos. Suspiró y continuó hasta llegar a su destino.
Se sabía el camino de memoria. Podía llegar con los ojos vendados y no tropezaría con nada, ni siquiera con los perros vagabundos que en ocasiones visitaban el lugar. Se sentó, en silencio y cerró sus ojos. De pronto, un par de lágrimas cayeron, las que fueron secadas rápidamente con su rústico atavío. Mete su mano derecha por su cuello, entre sus ropas y saca un rosario, que se notaba era antiguo, pero de incalculable valor. Era el mismo que quiso vender en algún momento, cuando el hambre calaba hasta la médula, pero que a último momento se arrepintió. El mismo que quiso destruir cuando su fé se extinguía, vomitando odio por ese, por decirlo de cierto modo, sagrado ícono que alguna vez veneró. Se lo había dado su padre. Amado padre. Vuelve a cerrar sus ojos y comienza a orar mentalmente.
La tarde pasó de gris a casi penumbra con esos nubarrones que avisaban del diluvio inminente. La tos atacó como casi todas las tardes, recordándole que su problema a los pulmones no había cesado y que al contrario, se agravaba. Fue tan potente su ataque, que una pequeña niña de inocentes ojos pardos la quedó mirando mientras caminaba errante por los pasillos. Sus miradas se cruzaron, ella, sentada y la pequeña, inmóvil en medio de la intersección de pasillos. Un imán hacía que no se quitaran los ojos de encima, como si trataran de escudriñar y descubrir que había detrás de los ojos de la otra. De pronto, una mujer joven se acerca a la menor, le cubre sus castaños cabellos con un delicado sombrero y se la lleva tomada de la mano. Se despiden, la niña con una secreta seña con su mano izquierda y ella, apenas levantando sus dedos que tenía apoyados en sus rodillas. Todo vuelve a la normalidad. Sola, en medio de la nada.
Luego de unos minutos, se acerca una humilde mujer, cercana a los sesenta años, que se sienta junto a ella y con una escoba en la mano, que la sacude despacio en el suelo le dice: “Se fueron”. “Sus ojos son dulces”, respondió con melancolía. “En un momento pensé que me había reconocido, no sé, fue extraño, innato”, prosiguió. “La sangre tira, señora mía”, replicó la barrendera con cierta picardía, golpeando con su hombro el de ella, sacándole una tímida sonrisa al mismo tiempo que sus ojos estaban brillantes, a punto de brotar una cascada de lágrimas. “Es igual a mi niño”, concluyó triste la menoscabada mujer. “Vamos, levántese y vaya”, la estimuló su nueva compañera, “Yo la llevo, afírmese en mi”, la arengó. Ya ahí, se sentó como pudo y con sus manos tocó la lápida.
“Estoy acá, como todos los años. Sabes que no te fallaré jamás”, fueron sus únicas palabras. De lejos, la barrendera del cementerio miraba con respeto la escena. Sabía toda la historia. Sabía todo el dolor y el desconsuelo que ha vivido la pobre mujer. No podía entender, que desde que murió su padre, ella salió de su casa, casi huyendo porque ya no podía seguir viviendo allí. Era increíble pensar que luego de tener el mundo a sus pies, un matrimonio que parecía ser perfecto, dos hijos y una fortuna que podía mantener por más de ocho generaciones, iba a terminar viviendo de limosnas. Parecía una novela, pero como en su ejemplo, la realidad siempre es más cruel.
Llueve. Pero no parece importar.
Esparció el agua de lluvia por la losa con sus manos, lavando el carísimo mármol con la inscripción de su padre, olvidando por completo el que estaba a un costado. Claro, nunca le perdonó el trato de su madre y su suicidio fue un alivio para ella y su progenitor. Es que esa mujer nunca pudo entender que el lazo que existía entre ambos era indisoluble. El amor que se profesaban era mucho mayor que el de un padre con su hija y el que la alcohólica y desquiciada mujer los pillara desnudos en su propia habitación desencadenara su fatal desenlace, no iba a mitigar jamás su amor incondicional por su primer hombre, su progenitor. Esta vez no hubo palabras de odio en contra de su madre, solo un beso a la lápida de su padre y un largo silencio. La barrendera no necesitó escuchar el mismo discurso de siempre, porque se lo sabía de memoria: “Acá yaces tú, sin poder descansar, porque sabes que él me amaba solamente a mi. Nunca te preocupaste por él, siempre estuvo primero tu botella de ginebra antes que mi padre. Pobre hombre, te buscó siempre, tratando de sanarte de ese asqueroso mal, hasta que crecí y le di lo que tú nunca pudiste darle… Amor”. Ambas siguieron en silencio, casi en la total oscuridad. El ruido de la intensa lluvia golpeando las distinas lápidas y mausoleos eran el marco musical de esta jornada. Finalmente y como en cada aniversario de la muerte del anciano, ella fue invitada por la aseadora del campo santo a pasar la noche y secar sus ropas, porque como era habitual, el cielo lloraba mares, mientras ella se mantenía íntegra frente a la tumba de su hombre, su primer hombre.
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vaya, esta historia cada vez toma, mas fuerza, y con los temas que tocas.... vaya no se que decir. Atrapa, sin lugar a dudas logras transportar a los escenarios.
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El relato está lleno de detalles, pero no por eso logra transportar a lugares conocidos, a mi por lo menos me parece débil, el mismo argumento de la segunda historia del "chacotero sentimental", al menos esta vez podría no haberse matado la madre. El tema es complejo, pero lo veo aquí relatado lleno de clichés y diálogos livianos, además con algunas faltas en la redacción que me hacen repasar lo leído para comprobar si el error fue mío y al hacerlo solo descubro que no lo fue, lo que quita mucho ritmo a la narrativa.
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puede ser y eso demuestra que para no bajar el nivel siempre hay que escribir y no dejar de hacerlo... ayer me decidí a escribir esto y si está débil es por los casi 10 meses sin escribir nada en todo este tiempo... además, a pesar de tener capítulos únicos, todos van enlazados de cierta forma...
gracias por la crítica...
gracias sinuee por opinar.
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se pone cada vez más interesante la cosa.
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hola! me cagaste la historia XD jajaja esta parte fue muy cliché como dijo un user... no pretendo decir que estuvo mala por que a mi me gusto, pero como este tipo de incesto ya es trillado ,pasa de ser algo novedoso, ojalas sigas escribiendo si no es la continuación otra historia por que me gustaron mucho las 2 partes anteriores y la 3 dejando de lado el cliché fue muy genial ya que aclaraste todas las dudas de las anteriores partes.
se agradece la lectura
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Está bueno, pero en algunas partes tiene debilidades. Es sólido, pero no consistente.
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