Columna de Sagredo: “Los que no juegan”
¿Por qué no ha rotado más Sampaoli entonces? Simple, el DT no confía en los que no juegan habitualmente. El técnico no ha encontrado, o no ha querido, buscar las soluciones.
Una ley no escrita en el mundo del fútbol afirma que el secreto de un plantel exitoso está en el ánimo de aquellos que no juegan, en los suplentes del equipo. Cuando un técnico tiene contentos a quienes pasan más tiempo sentados en la banca que corriendo en la cancha, haciéndolos partícipes de los triunfos, jueguen o no, se dice que el entrenador ha logrado el gran objetivo de un líder de grupo: alinear a todos los subalternos detrás de un objetivo común y con similares grados de motivación y convencimiento.
Esa “ley futbolera” no sólo sirve para el resto de los deportes colectivos, también funciona en la vida de aquellos que, como usted o como yo, trabajamos en instancias donde existen grupos humanos con diversas características.
Porque en cualquier pega, el jefe debe tener el talento para dejar contentos no sólo a quienes están conformes con sus realidades laborales, sino también, y con especial cuidado, a aquella mayoría que aspira a más y no tiene saciadas sus expectativas salariales o de posición por ejemplo. Y es que ahí está el secreto: tener contentos a quienes tienen razones para no estarlo.
Jorge Sampaoli, pase lo que pase esta noche con Boca Juniors y el fin de semana con Colo Colo, ha conducido exitosamente a su plantel. La campaña del casildense con los azules es extraordinaria y su paso por la banca de la U insisto, independiente de cómo termine el semestre, ya tiene un lugar destacado en la historia del Romántico Viajero.
Sin embargo, en la última semana, a raíz de las derrotas en la Bombonera y en el Monumental, y sobre todo ante la baja en intensidad futbolística que ha mostrado el funcionamiento azul, parte del medio ha criticado la poca rotación en el plantel de la U. Los dardos apuntan especialmente al agotamiento que se aprecia en los seleccionados que tiene Universidad de Chile. Rojas, González, Mena, Fernández, Aránguiz y Díaz, sobre todo estos dos últimos, vienen de semanas de agotador periplo futbolístico (La Paz, Puerto La Cruz, Ñúñoa, Buenos Aires, Macul). Una tourné que ha provocado un desgaste evidente, restado chispa y velocidad en el funcionamiento individual y colectivo de la U justo en la “semana más importante del año”, como afirmó el propio Sampaoli.
Partiendo de la base de que en este juego todas las recetas sirven (está lleno de equipos que ganaron o perdieron campeonatos con rotación permanente o alineaciones fijas), parece necesario intentar entender por qué Sampaoli se jugó el todo o nada absoluto en los últimos días. ¿Para qué alineó a Díaz y Aranguiz contra Cobreloa por ejemplo? Los volantes se venían bajando del avión privado que los trajo desde Venezuela y al día siguiente fueron titulares de una llave que la U había asegurado en Calama ¿Resultado? Dos piezas clave del equipo que 72 horas después, ante Boca, se vieron fundidos y fueron la sombra de lo que habitualmente muestran.
¿Por qué no ha rotado más Sampaoli entonces? Simple, el DT no confía en los que no juegan habitualmente. El técnico no ha encontrado, o no ha querido, buscar las soluciones que le deberían entregar aquellos jugadores que conforman la segunda línea del plantel. Nombres como los de Cereceda, Morales, Marino, Martínez, Hernández, Gallego o Castro podrían haber sido muy útiles a la hora de evitar que los fijos en la titularidad, aquellos que terminan marcando la diferencia en las instancias decisivas, llegaran fundidos al final del semestre.
De aquí al fin de semana, Boca y Colo Colo mediante, veremos si el “todo o nada” de Sampaoli fue un suicidio anunciado o la genialidad de las convicciones del técnico. Pero pase lo que pase esta noche y el domingo en la cancha del Nacional, el debate de los últimos días sirve para reflexionar que a veces, más de las que uno cree, es necesario ponerle ojo a quienes brillan menos. Es que les reitero: en cualquier grupo de trabajo el secreto está en motivar a aquellos que no tienen demasiadas razones para estar contentos ¿Por qué? Y es que uno nunca sabe cuándo tendrá que acudir a ellos para sacar adelante los objetivos.
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