Our shadows

Tema en 'Rincon Literatura' iniciado por Kaeleme, 1 Oct 2017.

  1. Kaeleme

    Kaeleme Usuario Habitual nvl.3
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    Son esos instantes donde la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos, donde los impulsos más básicos se manifiestan. Miedo y dolor se conjugaron para emitir un grito y pedir ayuda.

    La bocina de la camioneta aún sonaba, evitando que los cerebros se recuperaran el accidente, un parpadeo para volver a la realidad, tratar de alzar la mano derecha para sacar lo que evita su vista. Nada más cruel que una verdad sin ser procesada, una mano que no puede limpiar la falta de un ojo.

    El accidente fue en plena carretera, en un horario sin mucho tránsito, donde el sujeto de la camioneta gris realiza una mala maniobra e impacta el colectivo que transportaba a los pasajeros: El chófer, el cobarde, el indolente, la niña, una cornuda y la sumisa.

    Cuando el sonido de la bocina pasó a un segundo plano por los gritos de dolor, se dio cuenta que estaba en el accidente. Trató de girar la cabeza, pero todo un lado estaba oscurecido, no pudo ver al chófer, pues todo el costado izquierdo del vehículo estaba destruido, eso incluía al indolente y al chófer.

    Volvió su cabeza hacia sus piernas y pudo ver cómo el cinturón de seguridad aún cruzaba su pecho, más abajo, sentía húmedo y caliente. Su pierna izquierda fue cercenada a la altura de la canilla y por un carril de un fierro que cruzaba sus piernas, se caía su sangre. El primer pensamiento que llegó a su mente fue “cagué”, pensó que iba a morir, que todas esas veces que anheló la muerte por fin estaba llegando, pero mientras eso pasaba, qué podía hacer ahora? Ya no podía ver con su ojo izquierdo y su pierna izquierda estaba cortada, todo el lado izquierdo del móvil era una amasijo de metales, carne y sangre. Su mano izquierda aún respondía, pero estaba atrapada entre metales.

    Sintió la sirena a la distancia y comenzó a pensar que tal vez, esta vez no moriría. ¿realmente quería morir? La respuesta era no y por ello comenzó a gritar nuevamente.

    -!AYUDA, AUXILIO!- Gritaba mientras omitía todo a su alrededor, el dolor llegó punzantemente y parió gritos de agonía. Sentía la pérdida de su pierna, se desesperó porque no podía ver. Perdió la calma y el dolor lo dominó.

    A sus gritos se sumaron los de la sumisa, que parecía estar en mejor condición que él, pedía ayuda mientras señalaba que estaba atrapada. Incapaz de poder voltearse, no sabía cómo estaba ella, a lo mejor ella podía ayudarle.

    -!AYÚDAME!- Le gritó el cobarde, pero ella seguía en su propio suplicio. Le gritó nuevamente y no tuvo respuestas. Las groserías tampoco ayudaron a la situación y los gritos de socorro se unieron en un coro.

    Cuando llegaron los bomberos para remover los metales, su garganta ya estaba seca y desgarrada, su cansancio lo invitaba sólo a dormir, sólo quería cerrar los ojos y descansar en manos de los profesionales, pero recordó que perdía sangre y que aquello podía ser producto de aquello. Su racionalidad había vuelto y con ello el temor se disipó.

    -La niña, busquen a la niña- señaló cuando las personas socorrían a la sumisa. Uno de los bomberos le señala que ya están en eso. Aliviado por aquello, posa su vista al parabrisas del colectivo, dando cuenta que estaba destrozado. No escuchaba a la niña, no podía girarse para poder verla, pero ella iba sin cinturón y en choques como ese, esas personas salen proyectadas. Concentró la vista de su mal ojo derecho fuera del vehículo y pudo divisar como algunos policías cubrían con una especie de manta algo en el suelo... debía ser la niña. La madre de la niña, la cornuda, por sus dimensiones fue incapaz de pasar entre los asientos delanteros y estaba estrellada su cabeza con metales del impacto por el lado izquierdo. La niña tuvo la “suerte” de salir del vehículo.

    Atendían a la sumisa y por la niña no podía hacer mucho, así que “contento” con sus últimas acciones, dejó que todo se fuese a negro. Las palabras de un rescatista lo regresaron a la vida. Las preguntas de rigor, su nombre, edad, con quien vive eran contestadas sin problemas, pero el cobarde sabía que no saldría con vida de allí. Nuevamente la muerte trajo consigo el miedo y la desesperación despertó nuevas energías en nuestro protagonista.

    -AYÚDAME POR FAVOR, NO QUIERO MORIR- Entre sollozos imploraba ayuda, mientras los gestos del bombero indicaban que el panorama no era bueno. Fue allí cuando las sombras comenzaron a alzarse entre la oscuridad de su lado izquierdo, manos con formas conocidas comenzaron a jalar su pierna cercenada. El tacto con ellas le recordó lo que temía, esas sombras que nunca supo comprender y a las cuales juró amor eterno. Las sombras comenzaron a subir por su piernas y jalar hacia un vacío que el rescatista no podía ver.

    -¡¡¡ME LLEVAN WN, ME LLEVAN, AYÚDAME, SÁCAMELAS!!!- Gritaba desesperado mientras veía cómo se incrustaban esos dedos en su cuerpo. Eran las sombras que nunca entendió, eran sus sombras de las cuales siempre se escapó. La culminación de su vida, no era más que la aceptación de nuestras sombras.

    Atte

    Klm
     
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