Las razones que esgrimen expertos internacionales para que las probabilidades de Bachelet en la ONU son casi nulas
Incluso antes de que el presidente Kast declinara formalmente su patrocinio, la viabilidad de la ex mandataria ya generaba escepticismo entre especialistas familiarizados con los entresijos de la ONU, según lo consignado por publicaciones cercanas al organismo. Aquella desconfianza inicial sugería que los obstáculos para su postulación trascendían el ámbito doméstico.
Esa premisa no invalida, sin embargo, que la decisión del gobierno pudiera sustentarse en razones más estructurales que las expuestas en su versión oficial —centrada en la supuesta inviabilidad derivada de la dispersión del voto regional—. Pero el trasfondo que realmente anulaba cualquier elemento de sorpresa residía en la evidente incompatibilidad ideológica: el proyecto político de Kast colisiona frontalmente con el de Bachelet, especialmente en sus antagónicas concepciones sobre el rol de Naciones Unidas.
Tampoco resultó inesperado que la ex presidenta optara por proseguir con el respaldo de Brasil y México. Si bien ambos poseen influencia regional, carecen del peso determinante que confiere la membresía permanente en el Consejo de Seguridad. El verdadero tablero está dominado por el P5 —China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia—, cuyos miembros ostentan la capacidad de vetar candidatos. Un solo veto basta para hacer inviable una postulación.
Bachelet no es una candidata carente de activos: goza de prestigio internacional y ha tejido una densa red de contactos en el sistema onusiano desde su gestión al frente de ONU Mujeres y como Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Sin embargo, las señales provenientes de Washington son inequívocas: la administración Trump no le otorgaría su respaldo. La regla no escrita que postulaba la conveniencia de elegir a una mujer latinoamericana —y que eventualmente podría haberla beneficiado— ha sido públicamente desconocida tanto por EE.UU. como por Rusia.
El primer hito de este proceso se definirá el próximo martes, cuando cierre el plazo para la inscripción de candidaturas. Aunque técnicamente nada impide que una postulante compita sin el patrocinio de su país de origen, no se registran precedentes de una situación similar ni se conoce el peso que este factor podría adquirir en la deliberación.
La fase de exposición pública comenzará el 20 de abril con los diálogos interactivos ante la Asamblea General, pero las decisiones sustanciales se toman lejos de ese escenario. El verdadero núcleo de poder es el Consejo de Seguridad, donde las cinco potencias con derecho a veto ejercen su hegemonía. La selección se acelera a fines de julio mediante las straw polls o sondeos informales: un ritual donde los 15 embajadores emiten, en teoría en secreto, una de tres opciones para cada candidato: “alentaría”, “desalentaría” o “sin opinión”. En la práctica, la primera equivale a un veto seguro, y las potencias suelen comunicar informalmente su intención a los postulantes o a sus gobiernos. Para que un nombre pase a consideración de la Asamblea General, debe sortear el veto y reunir al menos nueve votos afirmativos en el Consejo.
El contexto geopolítico añade una capa de complejidad inédita. Bachelet se enfrenta a un proceso en el que los miembros del P5 exhiben niveles de confrontación superiores a los de cualquier elección reciente. La agenda de la administración Trump choca abiertamente con el multilateralismo; mientras tanto, Rusia y China observan con recelo a figuras que hayan sostenido posturas críticas hacia sus respectivos modelos de gobernanza. Francia y Reino Unido, aunque más predecibles, no operan necesariamente en sintonía con Washington.
El desafío de fondo, coinciden analistas, no es tanto erigirse en el candidato más conocido, sino lograr articular una postulación que no encalle en el Consejo de Seguridad. En este sentido, la postura manifestada por Estados Unidos resulta particularmente adversa para Bachelet. La embajadora adjunta ante el Consejo, Dorothy Shea, advirtió en octubre pasado que “el próximo secretario general debería rechazar iniciativas fuera del propósito de la Carta de la ONU”, y recordó que su país es el principal contribuyente al presupuesto del organismo. Por su parte, el embajador ruso, Vassily Nebenzia, matizó a Reuters que si bien “los latinoamericanos tienen razones morales para reclamar este mandato”, su criterio se basa en “el mérito”, dejando abierta la posibilidad de respaldar candidatos de otras regiones.
A ello se suma el antecedente del informe crítico sobre Xinjiang que Bachelet publicó durante su gestión como Alta Comisionada, un documento que irritó a Beijing. Aunque ello no implica necesariamente un veto automático de China o Rusia, constituye un antecedente relevante en la construcción de consensos.
Dos voces autorizadas para interpretar las reglas no escritas de este proceso son Brett Schaefer y Eugene Chen. Schaefer, investigador del American Enterprise Institute y referente conservador en materia de reforma de Naciones Unidas, sostuvo en diciembre que resultaba “extraordinariamente improbable” que Bachelet recibiera el respaldo de EE.UU., dadas sus posiciones políticas. Eugene Chen, exfuncionario de la ONU y académico de la Universidad de Nueva York, publicó en su influyente blog Blue Helmets, Red Tape un perfil sobre el tipo de candidato con posibilidades reales de éxito. Según su análisis, el postulante debería reunir al menos cinco características: 1) ser un tecnócrata con experiencia en la ONU; 2) demostrar capacidad para conciliar soberanismo e internacionalismo (como un candidato propuesto por un partido conservador europeo); 3) en caso de ser mujer, que su trayectoria feminista no resulte un obstáculo insalvable ante las posiciones de Trump y Putin; 4) que su perfil prime por sobre la representación regional; 5) que emerja como un candidato de consenso, probablemente cuando los nombres más visibles hayan sido descartados. En definitiva, el elegido —concluye Chen— “deberá ser a la vez camaleónico y enigmático, al menos en público”.
Las razones que esgrimen expertos internacionales para que las probabilidades de Bachelet en la ONU son casi nulas
Incluso antes de que el presidente Kast declinara formalmente su patrocinio, la viabilidad de la ex mandataria ya generaba escepticismo entre especialistas familiarizados con los entresijos de la ONU…
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