“¿Arde París?” Dietrich von Choltitz, el general alemán que desobedeció a Hitler y se negó a destruir la capital francesa
En agosto de 1944, el Führer intentó que los aliados encontraran la ciudad en escombros.
En las dos semanas siguientes, el general Dietrich von Choltitz, que se había hecho una reputación de militar eficaz y obediente (había destruido las ciudades de Rotterdam y Sebastopol sin ningún tipo de miramientos), debió enfrentar en París una huelga de la policía local y una insurrección encabezada por la Resistencia y el Partido Comunista Francés, sin mencionar que las tropas aliadas ya estaban cerca de la ciudad, la misma que Hitler había ordenado quemar y destruir hasta sus cimientos.
La leyenda cuenta que Hitler, inquieto por saber si su orden había sido cumplida, llamó en ese momento a Von Choltitz y le preguntó: “Brennt Paris?” (“¿Arde París?”).
Tras consultar el asunto con el general Hans Speidel, el general von Choltitz al final decidió desobedecer la orden directa del Führer. Estaba debidamente consciente que su guarnición estaba aislada y no iba a recibir refuerzos, lo que en la práctica significaba que la ciudad caería en manos aliadas en cosa de días.
Consciente de la necesidad de salvar la vida de sus hombres e intuyendo que la guerra ya estaba prácticamente perdida para el ejército alemán en Francia, el 25 de agosto de 1944 el general von Choltitz entregó la guarnición alemana de 17 mil hombres a los franceses libres, dejando la capital gala prácticamente intacta. Ello le valdría a Choltitz ser conocido posteriormente como el “Salvador de París”.
El general von Choltitz sería hecho prisionero por los estadounidenses en 1944, permaneciendo en cautiverio hasta 1947. Tras la guerra, publicó sus memorias en 1951, tituladas “Brennt Paris?” (“¿Arde París?”), en las que aseguró que había salvado a París de la destrucción total por amor a la ciudad y por considerar que el Führer ya estaba, a esa alturas, completamente loco. Vivió sin inconvenientes en la Alemania de postguerra hasta su muerte en 1966, en la localidad de Baden-Baden.
Hoy, a la luz de los hechos, se estima que la desobediencia del general von Choltitz a Hitler evitó la muerte de decenas de miles de soldados y de civiles y la destrucción del invaluable patrimonio arquitectónico de París. En los años de postguerra, incluso, Choltitz sería visto por algunos sectores occidentales como un “nazi bueno”, que se había distanciado del régimen nazi en el momento crucial, anteponiendo el amor a la civilización frente a la barbarie hitleriana.


