En los 60, los torneos estivales en el Estadio Nacional constituyeron un espectáculo importante que quedó destacado en los estantes del tiempo.
En la historia del fútbol chileno, la década de los 60 está marcada por dos hitos claramente definidos: por un lado, el tercer lugar en el Mundial de 1962; por el otro, los Torneos de Verano escenificados en el Estadio Nacional, definidos simplemente como Hexagonales… aunque en estricto rigor, en los once certámenes estivales disputados entre 1962 y 1970, sólo cuatro consideraron seis equipos participantes, propiamente tal. Además, dos de ellos se disputaron en otoño… pero eso es un detalle.
A grandes rasgos, se trata de un evento que forma parte del argot histórico chileno y que adorna las memorias de los futboleros que
vivieron esa etapa viendo en directo a equipos de tonelaje específico.
Santos, campeón del Hexagonal de 1965 que incluyó el mítico duelo con los checoslovacos. Arriba, de izq a der: Haroldo, Zito, Geraldinho, Joel, Ismaely Gilmar. Abajo: Peixinho, Lima, Coutinho, Pelé y Dorval.
Revisando las estadísticas, el primer nombre que destaca es la participación del equipo paulista Santos, con Pelé a la cabeza. No en vano, este cuadro asistió en 1965, 1967, 1968 y 1970. Y el mérito de la asistencia de O Rei y sus escuderos liderados por Coutinho se debe, justamente, a los buenos oficios de Ratinoff, quien negociaba buenos precios con aquel club para que viniera a Santiago, con la garantía de venir con Edson Arantes do Nascimento en la delegación.
Eso ya constituía un atractivo, garantizando multitudinarias asistencias. Claro, no había televisión ni satélite así que era la oportunidad de apreciar en vivo y en directo, aparte de Pelé, a otros astros del balompié mundial.
Por un lado, se lució la elegancia y destreza innata de los brasileños. Y por el otro, la laboriosidad y despliegue impresionante de los europeos, liderados por Kvasnak, un verdadero obrero. Una exhibición donde el primer tiempo fue una oda al buen fútbol, con el público asistente aplaudiendo de pie tras el pitazo del juez Rafael Hormazábal indicando el entretiempo.
No es mentira que hubo un rato de unos 30 minutos en que la pelota no salió del campo de juego. “Pasará el tiempo. Veremos centenares y miles de partidos. Pero la memoria siempre volverá a este espectáculo de la noche del 16 de enero. 45 minutos para la historia… efectivamente. Todo se hizo bien en ese primer tiempo. Fútbol veloz, preciso, de esquemas claros. Los dos cuadros encaminados al mismo fin con medios diferentes, Más fluidos, más elásticos los brasileños. Más fuertes, más resueltos los checoslovacos. Fútbol de técnica pura, también en distintos matices. Más naturales los de Santos, con más esfuerzo los europeos. Pero con el mismo objetivo logrado. Dominio de pelotas, paredes y hasta túneles ejecutados por ambos lados con un mismo sentido funcional” escribió el recordado Julio Martínez sobre ese pleito.
Para la historia, el detalle de aquella noche: Santos (6): Gilmar; Ismael, Haroldo, Geraldinho; Modestó, Zito (Mengalvio); Dorval, Lima, Coutinho (Toninho), Pelé y Pepe (Peixinho). Checoslovaquia (4): Smucker; Lala, Pluskal, Weiss; Populhar, Geleta; Pospichal, Mraz (Bencz); Masopust (Kvasnak), Masny y Valosck. Goles: 1-0, 28’ Coutinho (San); 1-1, 32’ Masny (Che); 1-2, 34’ Mraz (Che); 2-2, 44’ Pelé (San); 3-2, 50’ Dorval (San); 3-3, 60’ Masny (Che); 4-3, 61’ Coutinho (San); 4-4, 82’ Kvasnak (Che); 5-4, 85’ Pelé (San); 6-4, +91’ Pelé (San)
Selección Nacional de la, en ese entonces, República Democrática Alemana subcampeona del Octogonal de 1968.
La extinción. Por curiosa coincidencia, el arribo de los años 70 terminó con estas tradiciones futbolísticas desapareciendo los torneos veraniegos de las agendas balompédicas.
La tradición se había interrumpido. Y cuando una tradición se interrumpe, es complicado hacerla retornar a su cauce natural. De hecho, hubo dos tibios intentos de reflotar los Hexagonales, en 1977 y 1987. Pero quedó en eso, tibios intentos. Ya no era lo mismo.