La expedición por África.
James S. Jameson heredó una gigantesca fortuna amasada por su tatarabuelo, John Jameson. Si te suena el nombre, es porque la familia Jameson fundó la empresa de whisky irlandés homónima. En el año de 1888, el magnate se integró a la Expedición en auxilio de Emin Pasha. Un emprendimiento liderado por el famoso explorador Henry Morton Stanley, quien buscaba adentrarse en África Central.
Supuestamente, el viaje buscaba llegar hasta Sudán para proveer suministros a Emin Pasha. Gobernante de una provincia otomana en la región que acababa de pasar por una revuelta. En realidad, la expedición pretendía anexar más territorios al Imperio colonial belga instaurado en el Congo.
La columna de avanzada de la Expedición en auxilio de Emin Pasha. Al centro se encuentra Henry Morton Stanley.
James Jameson y el episodio con los caníbales.
En su bitácora de viaje Jameson escribió un detallado relato del suceso. Sin embargo, su esposa también divulgó la historia, así como un intérprete llamado Assad Farran que formaba parte de la expedición. En junio de 1888, la última columna expedicionaria encabezada por Jameson se asentó en Ribakiba. Un puesto comercial en los márgenes del río Luluaba, famoso por la presencia de caníbales.Según las fuentes antes mencionadas, en aquel remoto punto del Congo un curioso Jameson hacía negocios con Tippu Tip. Además de comerciar esclavos, este sujeto ganó fama en la región por “resolver problemas”. En el relato de Farran se dice que el magnate externó a Tippu sus deseos de presenciar un acto de canibalismo.
Tippu Tip.
Tippu Tip habría hecho tratos con los líderes tribales de la aldea para conseguir una esclava de 10 años. Una pequeña que entregó a James jameson por apenas media docena de bufandas. Según el intérprete, los líderes se habrían dirigido a los aldeanos con las siguientes palabras: “este es el obsequio a un hombre blanco que anhela ver que la coman”.
“Ataron a la pequeña a un árbol mientras los nativos afilaban los cuchillos. Entonces, uno de ellos la apuñaló un par de veces en el estómago”, describió Assad Farran. Sin aparente remordimiento, el propio Jameson escribió en su diario: “entonces, tres hombres se apresuraron a cortar el cuerpo de la niña. Finalmente, la decapitaron y no quedó una sola pieza. Cada hombre se llevó su trozo al río para lavarlo”.
En ambos relatos se hace énfasis en el hecho de que la niña no emitió un sólo grito durante el ataque. “Extraordinariamente la pequeña no emitió un solo sonido, ni siquiera peleó, hasta que se desplomó”, señaló jameson.
La pintura de canibalismo por James Jameson.
Ninguno de los expedicionarios hizo el más mínimo esfuerzo por intervenir. “Jameson se dirigió a su tienda, donde detalló los esbozos en acuarela”, señaló Farrad. En el diario del magnate se lee lo siguiente sobre la pintura: “al llegar a la casa procuré dibujar pequeños esbozos de la escena mientras estaba fresca en la memoria”.
La pintura que realizó James Jameson sobre el episodio caníbal.
Aunque James Jameson pagó por que mataran a una niña de 10 años por morbo, jamás se le culpó de nada. Y es que tampoco vivió mucho para contarlo, pues poco después murió víctima de una enfermedad desconocida. En 1890, se promovió un juicio para esclarecer los hechos. Por un lado, Morton Stanley buscaba algo de justicia para evitar que asociaran su nombre con el infame acto. Por otro, la viuda de Jameson pretendía limpiar el nombre de su esposo.
El escándalo contribuyó a la suspensión de las expediciones civiles en África. Sin embargo, los gobernantes y sus ejércitos siguieron “civilizando” el continente.