El militar y político romano fue acusado de haber sido amante en su juventud del rey de Bitinia.
Julio César (100 a.C- 44 a.C), célebre militar y político romano cuya dictadura puso fin a la República en Roma y quien muriera asesinado en los idus de marzo por una conjura organizada por el Senado, era un hombre carismático y de gran atractivo físico. Un consumado seductor que, según el historiador latino Suetonio, conquistó a numerosas mujeres a lo largo de su vida, sobre todo a aquellas pertenecientes a la alta sociedad romana.
El mismo Suetonio relata que Julio César, hombre que vestía de forma impecable y cuidaba mucho su aspecto físico, tuvo un elevado número de amoríos fuera de su matrimonio, y a menudo pagó precios desorbitantes por prostitutas de lujo, y que era “dado a los placeres sensuales y manirroto para conseguirlos”, incluso con “mujeres de la nobleza” como la reina egipcia Cleopatra. Suetonio enumera que fueron al menos cinco las relaciones amorosas de César con esposas de senadores, entre las cuales destaca Servilia, mujer de Marco Junio Bruto y posiblemente su amante favorita.
El mismo Suetonio cuenta que la fama de César como seductor de mujeres casadas era tal, que sus soldados cantaron los siguientes versos con ocasión de su triunfo en Roma por las campañas en la Galia: “Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres: traemos a un adúltero calvo / Has fornicado en Galia con el oro que tomaste prestado en Roma”.
Sin embargo, durante gran parte de su vida César debió hacer frente a un rumor que fue usado mañosamente por sus numerosos enemigos políticos con la intención de socavar su autoridad: el de haber sostenido un romance, durante su juventud, con el Rey Nicomedes de Bitinia. Esta acusación lo perseguiría hasta sus últimos días.
La biografía de Julio César cuenta que siendo joven y estando destinado en Asia Menor, fue enviado a la corte del rey Nicomedes IV de Bitinia (en la costa norte de la moderna Turquía) para organizar el despacho de un escuadrón de barcos de apoyo al ejército romano. El anciano rey de Bitinia, aliado de Roma y quien posiblemente había conocido al padre de César, recibió muy bien en su capital al joven romano, quien al parecer se tomó su tarea con demasiada tranquilidad, disfrutando mucho con el lujo oriental que le ofrecían.
Enseguida se propagó el rumor de que la razón de esa tardanza era que el rey Nicomedes había seducido al joven Julio César, transformándolo en su amante. El rumor también afirmaba que César había sido el escanciador del rey en su dormitorio durante una desenfrenada bacanal, a la que asistieron varios comerciantes romanos.Por ello, debido a este mismo maldiciente rumor, Suetonio se refiere a César como “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”, relatando que cuando César ya era un general triunfante, sus soldados, que lo admiraban incondicionalmente, no dudaban en entonar canciones obscenas en su honor, donde lo llamaban “la reina de Bitinia”, aunque hay que consignar que la bisexualidad no era rara en el mundo clásico.


