Puño contra puño, palo contra palo, bala contra bala... Lo que hay que tener es respeto con respeto, empatía con empatía, voluntad con voluntad.
Sangre por sangre, ojo por ojo. El foco está mal enfocado.
El germen de la delincuencia no es el mero acto delictivo, y conociendo sus causas reales podríamos erradicarla. Pero en Chile muy poco se hace para lograr esto.
El énfasis del estado o gobiernos chilenos está en combatirla, y las causas y las posibles soluciones a estas quedan siempre de lado. El círculo vicioso de la delincuencia sigue rodando y los efectos en las familias chilenas dejan estragos en muchas personas.
Dejando de lado que las fuerzas armadas están para resguardar el orden de la ciudadanía, hay que primero pensar en ordenar nuestra sociedad que vive desiquilibrada. La desigualdad es una de las causas principales de la generación de la delincuencia, puesto que producto de las pocas oportunidades en sectores de la población, sumado a la falta de educación familiar y escolar idónea para entregale a un individuo las herramientas para que se desarrolle y sea un aporte a la sociedad, muchas veces estas personas que viven en condiciones que no confluyen en su desarrollo porque el exterior los consume y finalmente terminan siendo delincuentes que hacen de su "oficio" un "trabajo".
Y romper el círculo vicioso de desigualdad y de desequilibrio que tiene la sociedad no se genera con puños, palos, ni menos balas, pero la línea lamentablemente va en esa dirección.
Se siguen gastando fondos públicos en armanento para carabineros o fuerzas armadas en vez de optimizar los recursos para fortalecer la educación pública de un país, o en la genereración de espacios sociales donde las personas encuentren un sentido de vida y puedan, de la mano con sus pares, alcanzar un desarrollo personal que finalmente ayude a desarrollar el de sus familias y círculo cercano.
La delincuencia se erradica generando un círculo virtuoso donde se puedan asegurar derechos y condiciones básicas para que las personas de todos los sectores, especialmente las de mayor riesgo tengan el apoyo del estado, que actúe como un padre velando por su desarrollo íntegro de sus hijos.
Para cambiar lo concreto, primero hay que cambiar lo abstracto y es necesario cambiar el pensamiento para cambiar la acción.
Chile necesita un cambio de cómo concibimos la sociedad en la que queremos vivir, pero la política chilena va desincronizada con el sentir de la ciudadanía, y sumado a la falta de representatividad de esta y de su mala evaluacion, son pocas las esperanzas que se ven para revertir el problema.
Mientras se siga combatiendo la delincuencia, la pelea será infinita, porque no se atacan las causas, sino las consecuencias.
Ojala que en unos años los chilenos vayamos comprendiendo cosas como éstas (es mi opinión) para que al final del día sea el estado como un padre que vele por la vida de sus "hijos"...
Sangre por sangre, ojo por ojo. El foco está mal enfocado.
El germen de la delincuencia no es el mero acto delictivo, y conociendo sus causas reales podríamos erradicarla. Pero en Chile muy poco se hace para lograr esto.
El énfasis del estado o gobiernos chilenos está en combatirla, y las causas y las posibles soluciones a estas quedan siempre de lado. El círculo vicioso de la delincuencia sigue rodando y los efectos en las familias chilenas dejan estragos en muchas personas.
Dejando de lado que las fuerzas armadas están para resguardar el orden de la ciudadanía, hay que primero pensar en ordenar nuestra sociedad que vive desiquilibrada. La desigualdad es una de las causas principales de la generación de la delincuencia, puesto que producto de las pocas oportunidades en sectores de la población, sumado a la falta de educación familiar y escolar idónea para entregale a un individuo las herramientas para que se desarrolle y sea un aporte a la sociedad, muchas veces estas personas que viven en condiciones que no confluyen en su desarrollo porque el exterior los consume y finalmente terminan siendo delincuentes que hacen de su "oficio" un "trabajo".
Y romper el círculo vicioso de desigualdad y de desequilibrio que tiene la sociedad no se genera con puños, palos, ni menos balas, pero la línea lamentablemente va en esa dirección.
Se siguen gastando fondos públicos en armanento para carabineros o fuerzas armadas en vez de optimizar los recursos para fortalecer la educación pública de un país, o en la genereración de espacios sociales donde las personas encuentren un sentido de vida y puedan, de la mano con sus pares, alcanzar un desarrollo personal que finalmente ayude a desarrollar el de sus familias y círculo cercano.
La delincuencia se erradica generando un círculo virtuoso donde se puedan asegurar derechos y condiciones básicas para que las personas de todos los sectores, especialmente las de mayor riesgo tengan el apoyo del estado, que actúe como un padre velando por su desarrollo íntegro de sus hijos.
Para cambiar lo concreto, primero hay que cambiar lo abstracto y es necesario cambiar el pensamiento para cambiar la acción.
Chile necesita un cambio de cómo concibimos la sociedad en la que queremos vivir, pero la política chilena va desincronizada con el sentir de la ciudadanía, y sumado a la falta de representatividad de esta y de su mala evaluacion, son pocas las esperanzas que se ven para revertir el problema.
Mientras se siga combatiendo la delincuencia, la pelea será infinita, porque no se atacan las causas, sino las consecuencias.
Ojala que en unos años los chilenos vayamos comprendiendo cosas como éstas (es mi opinión) para que al final del día sea el estado como un padre que vele por la vida de sus "hijos"...
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