Vigas de Acacia marcan la transición de la luz a las sombras
Un gran espejo en el centro, espectador, irrumpiría en los planes de cualquiera
ollas de cobre por todo el suelo reúnen aquellos granos de arena que se desprenden del cielo raso
Por lo tanto, la servidumbre se encarga de retirarlas cuando se rebalsan.
Subiendo la gran escalera varios cuadros en óleo cuentan una historia,
un balcón luego del último escalón, lleno de telas, sillas, pinceles y pinturas,
sugiere un espacio para un desenlace.
Sebastián solloza un lamento al final del pasillo, sentado en el bergere color carmín de su abuelo
Con su corona en su rodilla izquierda, pasea su mirada por un escritorio resquebrajado, que soporta una dinastía de páginas, polvo y palabras,
Que el hierro y los cristales que sostienen la estructura saben cómo ignorar
la cena se sirve a las 19 en punto en la gran mesa bajo la lampara de candelabro
los cubiertos forman parte de una gran colección egipcia
el vapor del plato bendice el atardecer.
Nadie se sienta a comer, para Sebastián el hambre es subjetivo, más aún cuando hay arena en cada bocado.
Autor: Ben Nicholas.
Un gran espejo en el centro, espectador, irrumpiría en los planes de cualquiera
ollas de cobre por todo el suelo reúnen aquellos granos de arena que se desprenden del cielo raso
Por lo tanto, la servidumbre se encarga de retirarlas cuando se rebalsan.
Subiendo la gran escalera varios cuadros en óleo cuentan una historia,
un balcón luego del último escalón, lleno de telas, sillas, pinceles y pinturas,
sugiere un espacio para un desenlace.
Sebastián solloza un lamento al final del pasillo, sentado en el bergere color carmín de su abuelo
Con su corona en su rodilla izquierda, pasea su mirada por un escritorio resquebrajado, que soporta una dinastía de páginas, polvo y palabras,
Que el hierro y los cristales que sostienen la estructura saben cómo ignorar
la cena se sirve a las 19 en punto en la gran mesa bajo la lampara de candelabro
los cubiertos forman parte de una gran colección egipcia
el vapor del plato bendice el atardecer.
Nadie se sienta a comer, para Sebastián el hambre es subjetivo, más aún cuando hay arena en cada bocado.
Autor: Ben Nicholas.