Soliloquio

Tema en 'Rincon Literatura' iniciado por Kaeleme, 22 Nov 2017.

  1. Kaeleme

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    Y aquí vamos otra vez, como esas interminables noches de pensamientos, somatizando scapegoats para olvidar el tormento. Antes fue la espalda, luego los testículos y ahora el pie. Vivir en el mundo del dolor imaginario, del cuestionamiento eterno del sentir.

    ¿Es verdad? ¿es real?

    Claro que lo es, no tiene su origen en el exterior, es el propio dolor interno que escapa por algún punto del cuerpo. Cada pisada me permite olvidar que ya no estás, cada pisada me hace sentir que aún estoy acá, lejos de esa ánima idealizada de tu ser. Te siento lejana porque mi dolor está presente.

    No siendo suficiente un ficticio malestar, he de seguir una estrella encantadora, perenne en su pedestal, imagino la posibilidad de poder alcanzarla. Una vez lo hice ¿por qué no podría nuevamente? El empirismo le da lógica a mi imaginación, puedo alcanzar esa nueva estrella, firme y tersa, con una mancha de nacimiento en su cadera. Acudo a su encuentro, cuando la noche no me es esquiva y las nubes se disipan. Me planto frente a su cielo, esperando que baje a iluminarme. Hay dolor en el pie, hay una emoción recorriendo mi cuerpo, hay pensamientos que me incitan a olvidar y aún así, después de montar toda la escena, la fugaz imagen de tu cabello ardiendo me hace dudar.

    ¿Cuántas veces puede caer una estrella? Claro que no es la misma, es simplemente el recuerdo de su apogeo, una mísera sombra por el rabillo de mi mirada.

    El bienestar se acaba, el nerviosismo se desvanece dando paso al pesimismo latente. La mirada se pierde en el vació, la estrella deja de brillar, las otras estrellas también, ni el placebo de alcanzarla es suficiente para mitigar los daños del efímero astro.

    La estrella me canta y salgo de mi ensimismamiento, una descarga recorre mi cuerpo, los pequeños espasmos comienzan a dominar mi sentir, el dolor vuelve al empeine de mi pie.


    Me encanta, en el más literal de sus significados, hechiza mi atención, mis células ansían poder palpar la calidez de su luminiscencia, recorrer con mis labios cada rincón de su cuerpo hasta llegar a su núcleo. ¿qué hay dentro? ¿qué hay tras el resplandor que me ciega?

    Nuevamente la duda impulsa mi actuar, una duda sana que moviliza mi cuerpo, lo lleva en búsqueda de una razón para justificar estar parado en la noche viendo las estrellas, viendo esa estrella aparecer y calmar mi agonía.

    La estrella me coge con su luz, toca mis hombros y me pregunta ¿todo bien?

    Claro que no, claro que no está todo bien, ansío devorarte en un rápido y visceral ataque de sinceridad, quemar mis manos con tu luz mientras mis labios buscan que no eres falsa, que hay algo real allí.

    -Sí, todo bien- Respondo mientras engullo toda clase de pensamiento, toda acción que llevaría como resultado saber la verdad, esa verdad que es tácita desde que me paro en la noche a contemplarla. Todo es mentira, es una pequeña pantomima para olvidar que mi dolor aún existe, que tú no eres mi estrella y que la noche ya no tiene luz para mi alma.


    Atte
    Klm
     
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