El piropo es un conjunto de dulcificadas palabras pronunciadas por un hombre con el objeto de halagar a la mujer que le resultaba atractiva o interesante. Se edifica en el lenguaje popular como un comentario fugaz y desprevenido que tiene por objeto invocar la atención de una persona desconocida exaltando algún atributo suyo o simplemente expresando interés en ella. Por lo general quien entrega el piropo será un hombre heterosexual y quien lo recibe será una mujer (existen cada vez más excepciones).
Sin embargo, hoy el concepto tradicional del piropo es cuestionado, organizaciones de mujeres reprochan duramente el piropo hasta el punto de criminalizarlo. Su propuesta es que el término piropo define ya no un despliegue de galantería sino una agresión sexual que lleva implícita una intención del hombre que lo entrega por humillar o agredir a la mujer en vez de halagarla, y de esta forma muchas líderes de aquellas organizaciones hacen una interpretación extensiva de aquellas palabras que expresa el varón en la calle. Esta particular forma de pensar la reflejan en el formato de sus encuestas y en las conclusiones y estadísticas que de ellas se obtienen interpretando la realidad a su manera: si la mujer dice no o no dice nada ante un piropo, debe entenderse de manera estrictamente literal que ella lo desaprueba y que se ha pasado a llevar su dignidad siendo víctima de acoso, al mismo tiempo que si un hombre exclama hola preciosa al pasar una desconocida a su lado en la calle se asume que él se ha expresado con el fin de agredir a esa mujer, de acosarla, de mostrar que es superior a ella y que es dueño del espacio. De hecho, estas líderes también asumen que si una mujer cruza la calle al ver un grupo de hombres es claramente porque las intenciones de esos hombres era acosarla, es decir, un grupo de hombres en la calle ya califica como acoso en sus estadísticas, o si un hombre volteó a mirarlas. Esta idea me genera serios cuestionamientos.
Volviendo al piropo, yo lo veo como la carnada que el pescador lanza al agua por si algo pica, pues en términos generales, el piropo es una notificación por medio de la cual un varón heterosexual intenta hacerle saber a una mujer que le resulta atractiva. En otras palabras el hombre no lanza un piropo para subir el autoestima de la mujer, no anda por ahí con la idea de que las mujeres necesitan halagos para quererse a sí mismas, y tampoco le interesa calificar su figura pues en su mente ya lo ha hecho sin necesidad de pronunciar palabra alguna, el hombre simplemente intenta decirle a esa mujer que le gusta, él tácitamente dice: oye tu me atraes, para que lo sepas, bueno por si acaso.
Así es como yo lo veo, siendo hombre heterosexual con gran número de amigos y familiares, tengo que decir que los hombres no salimos a la calle con la obsesión de ofender a las mujeres (aunque personalmente no tengo el hábito de entregar piropos a desconocidas). No creo que la mayoría de estos sujetos se lancen a la vía pública pensando: hoy voy a humillar a todas las mujeres que se me crucen, les voy a decir piropos para que se sientan muy mal y ojalá queden traumatizadas, así no es como actúa el hombre mentalmente sano.
Sería bueno entonces que aquellas organizaciones que hoy le declaran la guerra al piropo se dispusieran también a entrevistar al varón piropeante, para hacerse una idea de la verdadera connotación del piropo de boca de su autor. Está claro que en el 99% de los casos el piropo no servirá para conquistar a una mujer, y eso es indiscutible, los halagos espontáneos son absolutamente inútiles si de cortejo se trata, como herramienta de conquista son una verdadera pérdida de tiempo y saliva, esa es una de las razones por las que yo no regalo piropos a desconocidas.
Pero antes de sugerir que los hombres que piropean son estúpidos (cosa que tampoco puedo descartar) hay que resaltar que a lo largo de la historia los hombres hemos tenido la total y absoluta carga del cortejo, se supone que es el hombre el que debe tomar la iniciativa, los varones nos vemos obligados a perder la vergüenza. Y es que ciertamente el hombre tímido tendrá muchas más dificultades para conseguir pareja que el que se atreve a piropear, y las organizaciones que persiguen la abolición del piropo nada dicen sobre esta carga cultural, enfocándose más en juzgar y criminalizar la conducta masculina que en tratar de comprenderla, afirmando incluso con misandria que el piropo es un ejercicio cotidiano de dominación patriarcal.
No obstante, sería muy hipócrita de mi parte negar que la calle es un espacio que se ve fácilmente invadido por la vulgaridad, allí transitan muchas personas, y con ellas sus peores hábitos, sus vicios, sus temores. Entre esas personas están los contrapiropeantes: seres ordinarios e indiscretos que no sienten vergüenza propia al exponer su escaso nivel educativo. Estos sujetos no hablan ellos vomitan sus más bajas pasiones sin pudor alguno. Esa vulgaridad muchas veces va dirigida hacia mujeres de ciertas edades y características físicas, pero este tipo de hombres que son capaces de gritar en plena calle te meto el pico hasta que sangre no son máquinas configuradas para exponer su simiesca conducta solo cuando pasa una mujer, no! este tipo de hombres se expresarán en esos términos las 24 horas del día, con hombres y mujeres, con la misma ordinariez, recuerdo el otro día cuando estaba estacionado frente a una construcción y cerca pasó un hombre trotando y algunos tipos tras las rejas comenzaron a burlarse riéndose de él a carcajadas e incluso silbándole. A mi también me ha pasado eso en alguna ocasión, entonces me imagino que esos mismos prehomínidos no se guardarán sus mas grotescos comentarios en el momento que alguna mujer transite cerca de su hábitat.
Al principio pensé que ese tipo de vulgaridades eran pseudopiropos pero viéndolo bien, esas exposiciones de grosería no tienen si quiera la vocación de halagar, no pretenden ser piropos, por el contrario, son contraproducentes para el piropo mismo pues destruyen su significado original, la vulgaridad termina confundiéndose con el piropo y el efecto es la satanización de este por causa de aquella.
Ahora bien, no soy practicante del contrapiropo, pero soy buen observador y soy hombre, lo cual me ha permitido por lo menos intentar comprender un poco de que se trata: para los varones la reputación es un bien intangible pero sumamente importante, siempre buscaremos ganar el respeto y admiración de los demás hombres, así entonces un tipo ordinario que desea ganar la admiración de otros igualmente burdos aprovechará el paso de una mujer para mostrarle a los demás que es aventado, seguro, gracioso y entonces hará lo suyo y dirá alguna tontería disfrazada de piropo. Sin embargo me parece que la mayoría de estos hombres no son seres malvados, solo son hombres que por sus condiciones no tienen más recursos para mostrar sus aptitudes y ganarse un lugar. Estos sujetos no se ven a sí mismos como agresores ni mucho menos como acosadores ya que desconocen la cotidianidad de la mujer a quien dirigen sus palabras.
Para terminar me gustaría saber la opinión de otros y decirles que los hombres ya deberíamos empezar a detectar esas conductas que nos resultan en contra y que terminan encasillándonos a todos como opresores, el piropo puede ser un patrimonio masculino de gran arraigo entre muchos, pero la idea del varón que transita por la calle mendigando un poco de atención femenina, o del sujeto ginodependiente necesitado de aprobación femenina, o del varón como animal irracional urgido de sexo las 24 horas del día, no es favorable para nuestro género. Lanzar comentarios a desconocidas no solo es absurdo, y patético sino además contraproducente, una conducta nada inteligente que al menos por conveniencia tendríamos que erradicar. y es que claramente se lo ponemos muy fácil a estas organizaciones si estamos siempre mostrando el hambre. Por este motivo invito a mis congéneres a que dejemos de arrastrarnos y por la dignidad de nuestro género extraigamos el piropo de la cotidianidad y lo reservemos para las mujeres que realmente han hecho algo para merecer nuestros halagos. Hombre, valórate.
Sin embargo, hoy el concepto tradicional del piropo es cuestionado, organizaciones de mujeres reprochan duramente el piropo hasta el punto de criminalizarlo. Su propuesta es que el término piropo define ya no un despliegue de galantería sino una agresión sexual que lleva implícita una intención del hombre que lo entrega por humillar o agredir a la mujer en vez de halagarla, y de esta forma muchas líderes de aquellas organizaciones hacen una interpretación extensiva de aquellas palabras que expresa el varón en la calle. Esta particular forma de pensar la reflejan en el formato de sus encuestas y en las conclusiones y estadísticas que de ellas se obtienen interpretando la realidad a su manera: si la mujer dice no o no dice nada ante un piropo, debe entenderse de manera estrictamente literal que ella lo desaprueba y que se ha pasado a llevar su dignidad siendo víctima de acoso, al mismo tiempo que si un hombre exclama hola preciosa al pasar una desconocida a su lado en la calle se asume que él se ha expresado con el fin de agredir a esa mujer, de acosarla, de mostrar que es superior a ella y que es dueño del espacio. De hecho, estas líderes también asumen que si una mujer cruza la calle al ver un grupo de hombres es claramente porque las intenciones de esos hombres era acosarla, es decir, un grupo de hombres en la calle ya califica como acoso en sus estadísticas, o si un hombre volteó a mirarlas. Esta idea me genera serios cuestionamientos.
Volviendo al piropo, yo lo veo como la carnada que el pescador lanza al agua por si algo pica, pues en términos generales, el piropo es una notificación por medio de la cual un varón heterosexual intenta hacerle saber a una mujer que le resulta atractiva. En otras palabras el hombre no lanza un piropo para subir el autoestima de la mujer, no anda por ahí con la idea de que las mujeres necesitan halagos para quererse a sí mismas, y tampoco le interesa calificar su figura pues en su mente ya lo ha hecho sin necesidad de pronunciar palabra alguna, el hombre simplemente intenta decirle a esa mujer que le gusta, él tácitamente dice: oye tu me atraes, para que lo sepas, bueno por si acaso.
Así es como yo lo veo, siendo hombre heterosexual con gran número de amigos y familiares, tengo que decir que los hombres no salimos a la calle con la obsesión de ofender a las mujeres (aunque personalmente no tengo el hábito de entregar piropos a desconocidas). No creo que la mayoría de estos sujetos se lancen a la vía pública pensando: hoy voy a humillar a todas las mujeres que se me crucen, les voy a decir piropos para que se sientan muy mal y ojalá queden traumatizadas, así no es como actúa el hombre mentalmente sano.
Sería bueno entonces que aquellas organizaciones que hoy le declaran la guerra al piropo se dispusieran también a entrevistar al varón piropeante, para hacerse una idea de la verdadera connotación del piropo de boca de su autor. Está claro que en el 99% de los casos el piropo no servirá para conquistar a una mujer, y eso es indiscutible, los halagos espontáneos son absolutamente inútiles si de cortejo se trata, como herramienta de conquista son una verdadera pérdida de tiempo y saliva, esa es una de las razones por las que yo no regalo piropos a desconocidas.
Pero antes de sugerir que los hombres que piropean son estúpidos (cosa que tampoco puedo descartar) hay que resaltar que a lo largo de la historia los hombres hemos tenido la total y absoluta carga del cortejo, se supone que es el hombre el que debe tomar la iniciativa, los varones nos vemos obligados a perder la vergüenza. Y es que ciertamente el hombre tímido tendrá muchas más dificultades para conseguir pareja que el que se atreve a piropear, y las organizaciones que persiguen la abolición del piropo nada dicen sobre esta carga cultural, enfocándose más en juzgar y criminalizar la conducta masculina que en tratar de comprenderla, afirmando incluso con misandria que el piropo es un ejercicio cotidiano de dominación patriarcal.
No obstante, sería muy hipócrita de mi parte negar que la calle es un espacio que se ve fácilmente invadido por la vulgaridad, allí transitan muchas personas, y con ellas sus peores hábitos, sus vicios, sus temores. Entre esas personas están los contrapiropeantes: seres ordinarios e indiscretos que no sienten vergüenza propia al exponer su escaso nivel educativo. Estos sujetos no hablan ellos vomitan sus más bajas pasiones sin pudor alguno. Esa vulgaridad muchas veces va dirigida hacia mujeres de ciertas edades y características físicas, pero este tipo de hombres que son capaces de gritar en plena calle te meto el pico hasta que sangre no son máquinas configuradas para exponer su simiesca conducta solo cuando pasa una mujer, no! este tipo de hombres se expresarán en esos términos las 24 horas del día, con hombres y mujeres, con la misma ordinariez, recuerdo el otro día cuando estaba estacionado frente a una construcción y cerca pasó un hombre trotando y algunos tipos tras las rejas comenzaron a burlarse riéndose de él a carcajadas e incluso silbándole. A mi también me ha pasado eso en alguna ocasión, entonces me imagino que esos mismos prehomínidos no se guardarán sus mas grotescos comentarios en el momento que alguna mujer transite cerca de su hábitat.
Al principio pensé que ese tipo de vulgaridades eran pseudopiropos pero viéndolo bien, esas exposiciones de grosería no tienen si quiera la vocación de halagar, no pretenden ser piropos, por el contrario, son contraproducentes para el piropo mismo pues destruyen su significado original, la vulgaridad termina confundiéndose con el piropo y el efecto es la satanización de este por causa de aquella.
Ahora bien, no soy practicante del contrapiropo, pero soy buen observador y soy hombre, lo cual me ha permitido por lo menos intentar comprender un poco de que se trata: para los varones la reputación es un bien intangible pero sumamente importante, siempre buscaremos ganar el respeto y admiración de los demás hombres, así entonces un tipo ordinario que desea ganar la admiración de otros igualmente burdos aprovechará el paso de una mujer para mostrarle a los demás que es aventado, seguro, gracioso y entonces hará lo suyo y dirá alguna tontería disfrazada de piropo. Sin embargo me parece que la mayoría de estos hombres no son seres malvados, solo son hombres que por sus condiciones no tienen más recursos para mostrar sus aptitudes y ganarse un lugar. Estos sujetos no se ven a sí mismos como agresores ni mucho menos como acosadores ya que desconocen la cotidianidad de la mujer a quien dirigen sus palabras.
Para terminar me gustaría saber la opinión de otros y decirles que los hombres ya deberíamos empezar a detectar esas conductas que nos resultan en contra y que terminan encasillándonos a todos como opresores, el piropo puede ser un patrimonio masculino de gran arraigo entre muchos, pero la idea del varón que transita por la calle mendigando un poco de atención femenina, o del sujeto ginodependiente necesitado de aprobación femenina, o del varón como animal irracional urgido de sexo las 24 horas del día, no es favorable para nuestro género. Lanzar comentarios a desconocidas no solo es absurdo, y patético sino además contraproducente, una conducta nada inteligente que al menos por conveniencia tendríamos que erradicar. y es que claramente se lo ponemos muy fácil a estas organizaciones si estamos siempre mostrando el hambre. Por este motivo invito a mis congéneres a que dejemos de arrastrarnos y por la dignidad de nuestro género extraigamos el piropo de la cotidianidad y lo reservemos para las mujeres que realmente han hecho algo para merecer nuestros halagos. Hombre, valórate.
Última edición:
, de todas formas no niego que esa asosiacion de mierda, que se parece al Movilh por lo poco tolerante de su postura, que hincha las weas por todo y por todos los actos, hasta por esa wea que hizo triton con una mina que estaba a la mitad hicieron escandalo