Hoy se cumplen ya 70 años del suicidio del más temido dictador que ha dado la historia reciente. Lo que muchos no saben es que Adolf Hitler pintó cientos de obras. Su sueño era ser conocido por todos... Y al final lo logró, pero no por su talento con los pinceles.
Hoy descubrimos esa parte oculta de la vida del Führer
El sueño de un joven Hitler no era ser político, ni dictador. El sueño de Hitler era ser artista. O más bien, el sueño de Adolf Hitler, quien sembró el terror en el siglo XX, era ser adorado y conocido por todo el mundo. Y lo logró a toda costa.
Adolf Hitler y su inseparable perra Blondie .
Adolf pintó durante sus años en Viena y, aunque logró malvender algunas de sus obras, no tuvo el éxito suficiente como para poder dedicarse profesionalmente a ello.
Siguió persiguiendo su sueño, pero también se vio truncado cuando le negaron poder entrar a la Academia de Bellas Artes de Viena (él creía que era un profesor judío el que le había rechazado). Lo intentó dos veces, pero falló en el examen de ingreso.
Intentó por otros medios ser conocido, que alguien le ayudara en su carrera, pero por muchos cafés que frecuentara, nadie le tendía una mano. Aunque pese a la mala suerte, pese al rechazo, nunca abandonó esa idea. De hecho, Hitler le comentó a un embajador británico antes de la Segunda Guerra Mundial que él era artista y no político y que una vez que se resolviera la cuestión polaca, él volvería a su vida de artista.
Según las investigaciones, Hitler hizo cientos de obras, haciendo especial hincapié en paisajes y todo tipo de obras arquitectónicas que pintaba, muchas veces, de memoria. Pero rara vez dibujaba personas. Algunos vieron en esto falta de habilidad. Otras, lo poco que le importaba en realidad la raza humana.
Algunas de sus obras más interesantes las pintó en sus ratos de ocio cuando servía en la Primera Guerra Mundial.
E incluso se le atribuyen réplicas de algunos personajes de Disney. Se sabe que el dictador era un admirador de la película Blancanieves, pero no se ha podido probar al 100% que estas obras sean suyas, pese a que van firmadas por A.H y se ocultaban tras un cuadro suyo.
William Hakvaag, director de un museo dedicado a la Segunda Guerra Mundial en las islas Lofoten (norte del país), contó a la AFP que el pasado verano adquirió la acuarela, un paisaje de Baviera que lleva la firma 'A. Hitler 1940', por unos 300 dólares.
"Traté de abrirlo por detrás para ver si había algo en el interior. Saqué el marco y ahí encontré otras cuatro pinturas (...) Tres de enanitos y una de Pinocho", explicó Hakvaag. Todas eran más pequeñas que la primera, de unos 35 cm2, y las de los enanitos de Blancanieves llevaban las iniciales 'A.H.' (la de Pinocho no estaba firmada).
Aunque mucha gente cree que Hitler dejó de pintar en 1939, Hakvaag cree que son del dictador alemán, entre otras cosas porque "adoraba" la película de Walt Disney 'Blancanieves y los siete enanitos', de la que "tenía su propia copia". No obstante, el director del museo admite que "es difícil estar seguro al 100%" de la autenticidad de los cuadros.
El interés de Hitler por el arte no sólo se resumía en la pintura, la arquitectura y obviamente la oratoria que todos conocemos. También había cultivado la poesía. Un ejemplo de ello es este poema que dedicó a su madre Klara Pölzl cuando falleció.
Cuando tu madre haya ya envejecido,
Cuando sus amorosos y esperanzados ojos
ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron,
Cuando sus pies, ya cansados,
No puedan ya sostenerla mientras camina
Entonces, entrégale tu brazo en apoyo,
Acompáñala con alegría,
Vendrá la hora en que, sollozando,
deberás acompañarla en sus últimos pasos.
Y si algo te pregunta,
entonces dale una respuesta.
Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale!
Y si te pregunta aún otra vez, respóndele,
No impacientemente, sino con gentil calma.
Y si no puede ella entenderte con claridad,
explícale todo con gentil alegría.
Vendrá la hora, la amarga hora,
en que sus labios no preguntarán nada más.
(Adolf Hitler, 1923)
Lo cierto es que la personalidad del Führer es una caja de sorpresas y de contradicciones que solo podemos intentar comprender si supiéramos todos los detalles de su vida y comprendiendo el contexto histórico en el que vivió. Pero es inevitable preguntarse: ¿cómo es posible que despreciara tanto al ser humano y amara tanto a los perros? ¿Por qué se desvivía de esa forma por Alemania si ni siquiera era alemán? ¿De dónde viene su obesión por la raza aria si él no cumplía con la mayoría de los cánones que imponía? ¿Cómo es posible que tuviera tanta sensibilidad artística y a la vez, cosechara tanta maldad en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo alguien pudo tener tanto poder de convicción como para que miles de personas se convirtieran en asesinas de otras por una idea de odio?
Sin duda la complicada personalidad de Hitler es una de las más controvertidas del siglo XX. Obsesivo, reprimido, paranoico, egocéntrico, neurótico, agresivo, vengativo, antisocial, con Complejo de Mesías y manipulador pero a la vez, tan carismático. ¿Qué psicólogo no habría querido estudiar en profundidad a este hombre que, quizás, de haberse dedicado a la pintura no hubiera llevado el mundo al límite?
FUENTE
Hoy descubrimos esa parte oculta de la vida del Führer
El sueño de un joven Hitler no era ser político, ni dictador. El sueño de Hitler era ser artista. O más bien, el sueño de Adolf Hitler, quien sembró el terror en el siglo XX, era ser adorado y conocido por todo el mundo. Y lo logró a toda costa.
Adolf Hitler y su inseparable perra Blondie .
Adolf pintó durante sus años en Viena y, aunque logró malvender algunas de sus obras, no tuvo el éxito suficiente como para poder dedicarse profesionalmente a ello.
Siguió persiguiendo su sueño, pero también se vio truncado cuando le negaron poder entrar a la Academia de Bellas Artes de Viena (él creía que era un profesor judío el que le había rechazado). Lo intentó dos veces, pero falló en el examen de ingreso.
Intentó por otros medios ser conocido, que alguien le ayudara en su carrera, pero por muchos cafés que frecuentara, nadie le tendía una mano. Aunque pese a la mala suerte, pese al rechazo, nunca abandonó esa idea. De hecho, Hitler le comentó a un embajador británico antes de la Segunda Guerra Mundial que él era artista y no político y que una vez que se resolviera la cuestión polaca, él volvería a su vida de artista.
Según las investigaciones, Hitler hizo cientos de obras, haciendo especial hincapié en paisajes y todo tipo de obras arquitectónicas que pintaba, muchas veces, de memoria. Pero rara vez dibujaba personas. Algunos vieron en esto falta de habilidad. Otras, lo poco que le importaba en realidad la raza humana.
Algunas de sus obras más interesantes las pintó en sus ratos de ocio cuando servía en la Primera Guerra Mundial.
E incluso se le atribuyen réplicas de algunos personajes de Disney. Se sabe que el dictador era un admirador de la película Blancanieves, pero no se ha podido probar al 100% que estas obras sean suyas, pese a que van firmadas por A.H y se ocultaban tras un cuadro suyo.
William Hakvaag, director de un museo dedicado a la Segunda Guerra Mundial en las islas Lofoten (norte del país), contó a la AFP que el pasado verano adquirió la acuarela, un paisaje de Baviera que lleva la firma 'A. Hitler 1940', por unos 300 dólares.
"Traté de abrirlo por detrás para ver si había algo en el interior. Saqué el marco y ahí encontré otras cuatro pinturas (...) Tres de enanitos y una de Pinocho", explicó Hakvaag. Todas eran más pequeñas que la primera, de unos 35 cm2, y las de los enanitos de Blancanieves llevaban las iniciales 'A.H.' (la de Pinocho no estaba firmada).
Aunque mucha gente cree que Hitler dejó de pintar en 1939, Hakvaag cree que son del dictador alemán, entre otras cosas porque "adoraba" la película de Walt Disney 'Blancanieves y los siete enanitos', de la que "tenía su propia copia". No obstante, el director del museo admite que "es difícil estar seguro al 100%" de la autenticidad de los cuadros.
El interés de Hitler por el arte no sólo se resumía en la pintura, la arquitectura y obviamente la oratoria que todos conocemos. También había cultivado la poesía. Un ejemplo de ello es este poema que dedicó a su madre Klara Pölzl cuando falleció.
Cuando tu madre haya ya envejecido,
Cuando sus amorosos y esperanzados ojos
ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron,
Cuando sus pies, ya cansados,
No puedan ya sostenerla mientras camina
Entonces, entrégale tu brazo en apoyo,
Acompáñala con alegría,
Vendrá la hora en que, sollozando,
deberás acompañarla en sus últimos pasos.
Y si algo te pregunta,
entonces dale una respuesta.
Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale!
Y si te pregunta aún otra vez, respóndele,
No impacientemente, sino con gentil calma.
Y si no puede ella entenderte con claridad,
explícale todo con gentil alegría.
Vendrá la hora, la amarga hora,
en que sus labios no preguntarán nada más.
(Adolf Hitler, 1923)
Lo cierto es que la personalidad del Führer es una caja de sorpresas y de contradicciones que solo podemos intentar comprender si supiéramos todos los detalles de su vida y comprendiendo el contexto histórico en el que vivió. Pero es inevitable preguntarse: ¿cómo es posible que despreciara tanto al ser humano y amara tanto a los perros? ¿Por qué se desvivía de esa forma por Alemania si ni siquiera era alemán? ¿De dónde viene su obesión por la raza aria si él no cumplía con la mayoría de los cánones que imponía? ¿Cómo es posible que tuviera tanta sensibilidad artística y a la vez, cosechara tanta maldad en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo alguien pudo tener tanto poder de convicción como para que miles de personas se convirtieran en asesinas de otras por una idea de odio?
Sin duda la complicada personalidad de Hitler es una de las más controvertidas del siglo XX. Obsesivo, reprimido, paranoico, egocéntrico, neurótico, agresivo, vengativo, antisocial, con Complejo de Mesías y manipulador pero a la vez, tan carismático. ¿Qué psicólogo no habría querido estudiar en profundidad a este hombre que, quizás, de haberse dedicado a la pintura no hubiera llevado el mundo al límite?
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, cuantos problemas le habría ahorrado a la humanidad el director de la escuela de arte, si hubiese aceptado a hitler como alumno.