El Cacique venció por la cuenta mínima a los cementeros, que hicieron de local en La Serena. Paredes y Valdés ingresaron en el complemento y le cambiaron la cara a los albos.
Bien por José Luis Sierra, que tiene en su plantel a Esteban Paredes y Jaime Valdés. Mal por Colo Colo, que no puede prescindir de ellos. Después del llamado a dosificar que hizo el goleador albo, el técnico decidió hacerle caso y dejarlo a él y a Pajarito en el banco. Y los albos, simplemente, se convirtieron en un equipo de segunda línea, incapaz de marcar diferencia ante Unión La Calera, que pelea por no descender.
A partir de ahí, el análisis del triunfo del Cacique por 0-1 se divide en dos partes. La de los primeros 45 minutos, en los que Colo Colo no tuvo una llegada de peligro, y no es exageración, ninguna. Y la del segundo tiempo, con Paredes y Valdés en cancha, donde el nuevo líder del Clausura amasó su victoria sobre los cementeros.
En su deseo por reservar a sus principales figuras, Sierra presentó una ofensiva poco común, con Juan Delgado como centrodelantero y con Martín Tonso cargado a la izquierda, cuando su zona confort es la derecha. A los dos se les notó su incomodidad.
Martín Rodríguez actuó como enganche, mientras que Luis Pedro Figueroa se instaló en el ala diestra. Posiblemente la teoría del Coto con este cuadrado era muy atractiva, pero en la práctica no funcionó para nada. Las pocas jugadas bien urdidas del conjunto popular nacieron de los pelotazos de Claudio Baeza o Gonzalo Fierro, intermitentes, aislados y desaprovechados.
La tarea, por ende, se le hizo más sencilla a La Calera, que con más empeño que buenas ideas, logró equiparar fuerzas ante una de las plantillas más poderosas del balompié local. Si hasta alguna insinuación de ataque tuvo el cuadro que hizo de local en La Serena. Sólo amagues, eso sí. No es difícil concluir, por ende, que el primer tiempo fue un bodrio, digno de un estadio casi vacío.
A Sierra no le quedó otra. Tenía la opción latente de alcanzar a Palestino en tope de la tabla estaba a una victoria, imposible con el rendimiento de la primera mitad. En consecuencia, Paredes y Valdés a la cancha, a redireccionar el partido.
En cinco minutos el cambio fue notorio. Dos aproximaciones claras al área de La Calera, la segunda de ellas terminó con la apertura del marcador, obra de Martín Tonso (49). El gol traspapeló a los dueños de casa, sin herramientas para ir en busca de la paridad. Y el problema creció con la expulsión (doble amarilla) de Ezequiel Michelli, el zaguero argentino que no era alternativa para Miguel Riffo y que tras el despido del técnico saltó de inmediato a la titularidad.
Lo cierto es que Colo Colo mereció una ventaja mayor y tuvo varias para estirar la diferencia, pero Delgado, Baeza, Paredes y Valdés no estuvieron acertados en la definición. No necesitó más, en todo caso, porque ante el discreto nivel de La Calera, sumar de a tres era sólo cuestión de apretar un poquito. Sierra y sus muchachos ya son líderes, pero siguen en deuda en cuanto a nivel de juego. Con el mínimo esfuerzo y sólo con sus dos principales estrellas en la cancha, al Cacique le basta para ser protagonista del torneo.
Bien por José Luis Sierra, que tiene en su plantel a Esteban Paredes y Jaime Valdés. Mal por Colo Colo, que no puede prescindir de ellos. Después del llamado a dosificar que hizo el goleador albo, el técnico decidió hacerle caso y dejarlo a él y a Pajarito en el banco. Y los albos, simplemente, se convirtieron en un equipo de segunda línea, incapaz de marcar diferencia ante Unión La Calera, que pelea por no descender.
A partir de ahí, el análisis del triunfo del Cacique por 0-1 se divide en dos partes. La de los primeros 45 minutos, en los que Colo Colo no tuvo una llegada de peligro, y no es exageración, ninguna. Y la del segundo tiempo, con Paredes y Valdés en cancha, donde el nuevo líder del Clausura amasó su victoria sobre los cementeros.
En su deseo por reservar a sus principales figuras, Sierra presentó una ofensiva poco común, con Juan Delgado como centrodelantero y con Martín Tonso cargado a la izquierda, cuando su zona confort es la derecha. A los dos se les notó su incomodidad.
Martín Rodríguez actuó como enganche, mientras que Luis Pedro Figueroa se instaló en el ala diestra. Posiblemente la teoría del Coto con este cuadrado era muy atractiva, pero en la práctica no funcionó para nada. Las pocas jugadas bien urdidas del conjunto popular nacieron de los pelotazos de Claudio Baeza o Gonzalo Fierro, intermitentes, aislados y desaprovechados.
La tarea, por ende, se le hizo más sencilla a La Calera, que con más empeño que buenas ideas, logró equiparar fuerzas ante una de las plantillas más poderosas del balompié local. Si hasta alguna insinuación de ataque tuvo el cuadro que hizo de local en La Serena. Sólo amagues, eso sí. No es difícil concluir, por ende, que el primer tiempo fue un bodrio, digno de un estadio casi vacío.
A Sierra no le quedó otra. Tenía la opción latente de alcanzar a Palestino en tope de la tabla estaba a una victoria, imposible con el rendimiento de la primera mitad. En consecuencia, Paredes y Valdés a la cancha, a redireccionar el partido.
En cinco minutos el cambio fue notorio. Dos aproximaciones claras al área de La Calera, la segunda de ellas terminó con la apertura del marcador, obra de Martín Tonso (49). El gol traspapeló a los dueños de casa, sin herramientas para ir en busca de la paridad. Y el problema creció con la expulsión (doble amarilla) de Ezequiel Michelli, el zaguero argentino que no era alternativa para Miguel Riffo y que tras el despido del técnico saltó de inmediato a la titularidad.
Lo cierto es que Colo Colo mereció una ventaja mayor y tuvo varias para estirar la diferencia, pero Delgado, Baeza, Paredes y Valdés no estuvieron acertados en la definición. No necesitó más, en todo caso, porque ante el discreto nivel de La Calera, sumar de a tres era sólo cuestión de apretar un poquito. Sierra y sus muchachos ya son líderes, pero siguen en deuda en cuanto a nivel de juego. Con el mínimo esfuerzo y sólo con sus dos principales estrellas en la cancha, al Cacique le basta para ser protagonista del torneo.

