La historia de los moriori empezó hacia el año 1500, cuando un grupo de maoríes emigró desde Nueva Zelanda hasta las islas Chatham, un archipiélago deshabitado 680 kilómetros al sureste. Estos emigrantes bautizaron su nuevo hogar como Rekohu, que en su lengua quería decir "Sol envuelto en brumas".
El clima del archipiélago, más frío y húmedo que el de Nueva Zelanda (la temperatura máxima no superan los 23,8 º Celsius) hacían impracticable el cultivo de las plantas que traían con ellos, por lo que los moriori tuvieron que buscar urgentemente otras fuentes de alimentos. Por fortuna la encontraron en las vastas colonias de focas y aves marinas, que junto con la pesca les permitieron cubrir con creces sus necesidades. En aquella época la población humana de las islas ascendía a dos mil personas,aproximadamente.
Los moriori eran de origen maorí. Los maoríes son un pueblo guerrero como es bien sabido, cuyas tribus vivían en guerra permanente unas con otras, por los que los primeros años en Rekohu debieron ser terriblemente violentos.
Según la tradición, el cacique Nunuku-whenua trajo la paz promulgando leyes que prohibian el asesinato, el canibalismo y la guerra. Consiguió que dichas leyes fueran aceptadas por toda la población. Gracias a ellas, disfrutaron de trescientos años de tranquilidad, hasta que llegaron los primeros extranjeros.
El 29 de noviembre de 1791, el capitán William Robert Broughton, de la marina real británica, que estaba al mando del bergantín H.M.S. Chatham, descubrió las islas, y las que bautizó con el nombre de su navío. No tardaron en llegar a las islas los primeros balleneros y cazadores de focas europeos y norteamericanos. La competencia con los recién llegados por los recursos y una epidemia de gripe diezmaron la población nativa, que hacia 1835 había quedado reducida a 1600 personas.
Pero fue en aquel año de 1835 cuando los moriori sufrieron un desastre aún mayor del que ya nunca se recuperarían.
El 19 de noviembre de aquel año, quinientos maoríes expulsados de la isla norte de Nueva Zelanda y armados con fusiles, mazas y hachas llegaron a las Chatham a bordo del bergantín 'Lord Rodney'. Lo primero que hicieron fue asesinar a una muchacha de 12 años, descuartizarla y secar su carne al sol. El 5 de diciembre se les sumó un segundo grupo de cuatrocientos individuos.
Sin mayores ceremonias, los invasores tomaron posesión de las islas, haciendo saber a los nativos que a partir de ese estos momento pasaban a ser sus súbditos. A los que no se comían los reducían a esclavitud.
Ante la gravedad de la situación, los ancianos moriori se reunieron en el poblado de Te Awapatik para debatir qué debía hacerse. A pesar de que algunos de los ancianos allí reunidos aconsejaban luchar, dos de los jefes, Tapata y Torea, advirtieron que "la ley de Nunuku no era una estrategia para la supervivencia, que pudiera ser desechada cuando las condiciones cambiaban; se trataba de un imperativo moral". Un superviviento moriori recordaba "los maoríes comenzaron a matarnos como a ovejas... estábamos aterrorizados. Nos escondíamos detrás de los arbustos, cavábamos madrigueras en el suelo... en cualquier lugar con tal de escapar de nuestros enemigos. No sirvió de nada, nos encontraban y nos mataban indiscriminadamente, hombres, mujeres y niños". Un maorí explicó "Tomamos posesión de la tierra...de acuerdo con nuestras costumbres y capturamos a toda la gente. Ni uno solo escapó". Los maoríes clavaban a mujeres y niños a estacas y los dejaban agonizando durante días en la playa. Prohibieron a los moriori hablar su idioma y les obligaron a orinar y defecar en sus lugares sagrados.
También prohibieron a los varones moriori casarse y tener hijos con mujeres de su misma raza. Los supervivientes quedaron reducidos a esclavitud. Las mujeres moriori se convirtieron en concubinas de los maoríes y colonos europeos. En 1863 sólo quedaban 101 moriori. El último moriori de pura estirpe, llamado Tommy Solomon, murió en 1933. Sin embargo quedan varios miles de descendientes de los genocidas maoríes y sus esclavas sexuales moriori.
El último moriori. Curiosamente en las fotos parece encantado de la vida.
En años recientes se dice que en las Chatham y en Nueva Zelanda se está produciendo un "renacimiento" de la cultura moriori, a cargo, supongo, de los descendientes de quienes que los exterminaron.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Chathams embrace peace ethic - National - NZ Herald News
El clima del archipiélago, más frío y húmedo que el de Nueva Zelanda (la temperatura máxima no superan los 23,8 º Celsius) hacían impracticable el cultivo de las plantas que traían con ellos, por lo que los moriori tuvieron que buscar urgentemente otras fuentes de alimentos. Por fortuna la encontraron en las vastas colonias de focas y aves marinas, que junto con la pesca les permitieron cubrir con creces sus necesidades. En aquella época la población humana de las islas ascendía a dos mil personas,aproximadamente.
Los moriori eran de origen maorí. Los maoríes son un pueblo guerrero como es bien sabido, cuyas tribus vivían en guerra permanente unas con otras, por los que los primeros años en Rekohu debieron ser terriblemente violentos.
Según la tradición, el cacique Nunuku-whenua trajo la paz promulgando leyes que prohibian el asesinato, el canibalismo y la guerra. Consiguió que dichas leyes fueran aceptadas por toda la población. Gracias a ellas, disfrutaron de trescientos años de tranquilidad, hasta que llegaron los primeros extranjeros.
El 29 de noviembre de 1791, el capitán William Robert Broughton, de la marina real británica, que estaba al mando del bergantín H.M.S. Chatham, descubrió las islas, y las que bautizó con el nombre de su navío. No tardaron en llegar a las islas los primeros balleneros y cazadores de focas europeos y norteamericanos. La competencia con los recién llegados por los recursos y una epidemia de gripe diezmaron la población nativa, que hacia 1835 había quedado reducida a 1600 personas.
Pero fue en aquel año de 1835 cuando los moriori sufrieron un desastre aún mayor del que ya nunca se recuperarían.
El 19 de noviembre de aquel año, quinientos maoríes expulsados de la isla norte de Nueva Zelanda y armados con fusiles, mazas y hachas llegaron a las Chatham a bordo del bergantín 'Lord Rodney'. Lo primero que hicieron fue asesinar a una muchacha de 12 años, descuartizarla y secar su carne al sol. El 5 de diciembre se les sumó un segundo grupo de cuatrocientos individuos.
Sin mayores ceremonias, los invasores tomaron posesión de las islas, haciendo saber a los nativos que a partir de ese estos momento pasaban a ser sus súbditos. A los que no se comían los reducían a esclavitud.
Ante la gravedad de la situación, los ancianos moriori se reunieron en el poblado de Te Awapatik para debatir qué debía hacerse. A pesar de que algunos de los ancianos allí reunidos aconsejaban luchar, dos de los jefes, Tapata y Torea, advirtieron que "la ley de Nunuku no era una estrategia para la supervivencia, que pudiera ser desechada cuando las condiciones cambiaban; se trataba de un imperativo moral". Un superviviento moriori recordaba "los maoríes comenzaron a matarnos como a ovejas... estábamos aterrorizados. Nos escondíamos detrás de los arbustos, cavábamos madrigueras en el suelo... en cualquier lugar con tal de escapar de nuestros enemigos. No sirvió de nada, nos encontraban y nos mataban indiscriminadamente, hombres, mujeres y niños". Un maorí explicó "Tomamos posesión de la tierra...de acuerdo con nuestras costumbres y capturamos a toda la gente. Ni uno solo escapó". Los maoríes clavaban a mujeres y niños a estacas y los dejaban agonizando durante días en la playa. Prohibieron a los moriori hablar su idioma y les obligaron a orinar y defecar en sus lugares sagrados.
También prohibieron a los varones moriori casarse y tener hijos con mujeres de su misma raza. Los supervivientes quedaron reducidos a esclavitud. Las mujeres moriori se convirtieron en concubinas de los maoríes y colonos europeos. En 1863 sólo quedaban 101 moriori. El último moriori de pura estirpe, llamado Tommy Solomon, murió en 1933. Sin embargo quedan varios miles de descendientes de los genocidas maoríes y sus esclavas sexuales moriori.
El último moriori. Curiosamente en las fotos parece encantado de la vida.
En años recientes se dice que en las Chatham y en Nueva Zelanda se está produciendo un "renacimiento" de la cultura moriori, a cargo, supongo, de los descendientes de quienes que los exterminaron.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Chathams embrace peace ethic - National - NZ Herald News