Hola, chicos y chicas, les traigo otro relato, una anécdota mía que ocurrió este fin de semana (el sábado). También les recuerdo que los sigo esperando a todos en mi Facebook: https://www.facebook.com/Vicky-traviesa-343092716417185/
Creo que todos tenemos un vecino que nos gusta mucho. Cuando estamos bebiendo nuestro café y de repente vemos por la ventana que va caminando en la calle y dejamos la taza a un lado para deleitarnos con su cuerpo. Confieso que en una ocasión me iba despertando, y en cuanto vi que estaba en la calle me levanté, fui hacia mi ventana y metí mi mano bajo mi bóxer con el que duermo y froté mi clítoris.
En otra ocasión yo iba hacia la esquina para dirigirme a una miscelánea y vi a lo lejos que él venía. No es un bombón, pero tiene 30 años y es delgado. De barba espesa y unos ojos deliciosos. Cuando estuvimos casi frente a frente dejé caer mi dinero para agacharme a recogerlo (yo traía una blusa escotada, por lo que era obvio que al agacharme mis pechos se asomarían). Él intentó ayudarme, y al agacharse mis pechos quedaron casi en su cara. Sin embargo, a pesar de que su cara demostró cierto deleite, no se me insinuó ni nada.
Sin embargo ayer, algo inesperado pasó.
Mis papás no estaban y yo me estaba bañando. De repente escuché que tocaron la puerta. Me sequé rápidamente y me puse un shortcito y una blusa a tirantes. Salí corriendo a abrir la puerta. En cuanto la abrí mi corazón se aceleró y mis pezones resaltaron al ver al mencionado vecino. En un instante vi su mirada sorprendida que me vio de pies a cabeza.
—Vicky… Natalia… Naty —lo noté un poco nervioso—. Disculpa, buscaba a tu padre… ¿es… está en casa?
—No, don Ernesto. ¿Le deja algún recado?
—Por favor, no me digas don. Pues… ¿está tu mamá?
—Tampoco —mordí mis labios.
—Qué interesante —dijo viéndome de pies a cabeza nuevamente—. ¿Tardarán mucho?
—No lo creo, ¿por qué lo pregunta?
—No, por nada. Por favor no pienses mal.
—Yo no he dicho nada, don Ernesto.
—Que no me digas así. ¿Puedo pasar?
—¿Los va a esperar aquí?
—¿Te molesta?
—Para nada, pero, me estoy bañando.
—No te preocupes, yo espero aquí.
—Espero que su esposa no se entere. No vaya a pensar mal. Yo solita en casa, usted aquí mientras yo me estoy bañando.
—Descuida —se sentó.
—¿Le ofrezco algo?
—No te preocupes, linda. Así está bien.
—Ok —y me fui a la ducha, nuevamente.
Después de unos instantes escuché unos pasos, imaginé que era él que se dirigía hacia la puerta para irse. Sin embargo, escuché que los pasos en lugar de alejarse se acercaban.
—Naty —dijo parado al otro lado de la puerta de la ducha.
—Dígame.
—Creo que vuelvo más tarde, me siento muy solito acá afuera.
¿Era insinuación? No lo sabía. La verdad era que este vecino me encanta y obviamente si por mí fuera lo meto a la ducha a que me reviente la concha… pero quizá solo era imaginación mía.
—Ok. Yo le digo a mi papá que vino a buscarlo.
—¿Vas a tardar mucho? —dijo después de unos instantes.
—No creo. Permítame, ya voy.
Salí solo envuelta en mi toalla esta vez. Y nuevamente noté en su mirada algo de asombro.
—¿Gusta dejar algún recado o solo le digo que vino?
—En realidad venía a reclamarle que la vez pasada dio un pequeño rayón a mi auto… pero no quería ofenderte.
—Descuide. Yo le digo.
—¿A él le gustaría que yo le diera un rayón a sus cosas?
—¿A qué se refiere? —pregunté un poco intrigada, ¿se refería a mí? No lo creía, pero, podría ser.
—Olvídalo, linda.
Decidí apostarlo todo, como vi que él se iba yo fingí adelantarme para irle a abrir la puerta.
—Yo le abro, permítame —y al correr, dejé caer mi toalla, dejándome desnuda—. Oh, disculpe. En verdad, qué pena.
—Descuida, linda… no diré nada —se quedó esperando a que me pusiera la toalla nuevamente—. Tienes muy buenos senos.
—¿Disculpe?
—Lo siento, no pude evitar mirar tus senos. Era mi oportunidad y no quise dejarla pasar. ¿Te molesta?
En realidad me excitaba, pero me hice la indiferente:
—No, no se preocupe.
—¿Sabes? Pensé que había venido en vano… pero esto ya valió mucho la pena.
—Gracias.
—¿Te molesto con lo que digo? ¿o te puedo decir algo más?
—Dígame.
—En serio me encantaría que ese par de melones fueran de mi esposa. Sería el hombre más afortunado al dormir con ellos todas las noches. Y, si me permites, también adoraría apretar y penetrar ese precioso trasero.
—Gracias.
—Ya que tu papá le dio un pequeño rayón a mi auto… me gustaría darle un rayón a algo suyo… ¿sabes a qué? —yo no dije nada, solo sonreí— A su hija.
Mi vagina casi explota. Por fin estábamos frente a frente. Nunca imaginé que el vecino que tanto me gustaba me deseara. Y estar a solas con él.
Sin embargo, yo no mentía, en verdad mis papás no tardaban en llegar y obviamente no me podía arriesgar a que me encontraran así con él.
—Señor Ernesto, me sorprende… pero me halaga.
—No me digas señor, preciosa. Y pues solo estoy diciendo la verdad. Creo que todos en este vecindario nos sentimos dichosos de tener a una vecinita como tú. Aunque también sufrimos de ansiedad, ya que todos quisiéramos… ya sabes…
—Dígame qué.
—Pues… todos en este vecindario te quisiéramos follar. No creo que haya alguien en este vecindario que no quiera meter todos y cada uno de los centímetros de su polla en tu vagina. Rellenar tu precioso y caliente culo de leche. Acariciar, apretar y morder ese hermoso par de tetas y, por supuesto, dar unas fuertes nalgadas y mordidas a ese par que tienes.
Yo seguía sin decir nada. Sin embargo, llevé mi mano debajo de la toalla, para tocar mi cosita. Y obviamente él se dio cuenta.
—¿Te gusta, eh? Ya había oído rumores de ti. Que eres una putota. Y la verdad tienes cuerpo para serlo. No me gusta ser prejuicioso, pero tienes la cara y el cuerpo de una puta tremenda. Pero, ¿tú te consideras una mujer fácil?
No respondí, pero seguía tocándome.
—¿Serías puta conmigo?
Una vez más no hablé, pero dejé caer la toalla. Al parecer él entendió el mensaje porque se acercó a mí y comenzó a chupar mis tetas. Pensé que me follaría al instante pero la verdad es que no. Solo estuvo apretando mi trasero y chupando mis tetas. De repente me las apretaba con las dos manos, de repente solo me apretaba una teta con una mano y la otra me la chupaba, mordía, lamía, de repente me apretaba las dos nalgas y alternaba las chupadas, me chupaba la izquierda, la derecha. Hasta que decidí darle fin, no porque no me gustara, sino porque yo estaba muy asustada y preocupada porque sabía que en cualquier momento mis papás llegarían.
—Lo siento, Ernesto. Pero es que mis papás ya vienen.
—Vale, entiendo. ¿Me dejas masturbarme mientras te sigo comiendo tus melones?
—Por supuesto, pero venga ya.
Y continuó. Cuando sintió venirse me dijo:
—Híncate, por favor.
Lo hice y me echó toda su leche en mi cara, y yo decidí darle mayor placer abriendo mi boca. Su semen era un poco amargo, lo escupí dejándolo caer en mis pechos. Su cara y sus gemidos me demostraron que le había gustado mucho.
—Eres muy bonita, Vicky. Muy bonita, muy caliente y putita. Qué afortunado vecino soy.
—Por favor váyase, porque ya no tardan mis papás y además su esposa puede sospechar.
—Adiós, mi amor. Espero que en otra ocasión hagamos algo más que esto. Realmente muero por follarte.
Espero que les haya gustado. Les informo que pronto publicaré relatos que no son míos, que igualmente espero que les gusten. Espérenlos pronto.