John Bolton, asesor de seguridad nacional del Presidente Donald Trump, declaró el martes a la cadena Fox que: “ Haría una gran diferencia para los Estados Unidos, económicamente, si pudiéramos tener a las empresas petroleras estadounidenses invirtiendo y produciendo petróleo” en Venezuela. Agregó que “tenemos mucho en juego haciendo que esto salga de la manera correcta”. La declaración sorprende por su franqueza. Es habitual que las operaciones para apoderarse del crudo ajeno son escondidas invocando principios superiores, como la democracia y la libertad. Algo que Alan Greenspan, que fue secretario del Tesoro en Estados Unidos, admitió aludiendo a la invasión de Irak en 2003: “Me apena que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todo el mundo sabe: que la guerra de Irak es en gran medida por el petróleo”. Lo mismo puede decirse de Libia que fue invadida en 2011.
Por ello Washington decidió atacar la yugular económica de Caracas. Bloqueó unos siete mil millones dólares pertenecientes a inversiones de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Bolton señaló que a lo largo del año 2019 los retornos por ventas a Estados Unidos debían alcanzar a los once mil millones de dólares. Además precisó que las refinerías estadounidenses pueden seguir comprando crudo venezolano. Claro que el pago ya no irá a PDVSA si no que a una cuenta especial para Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional, que disputa la presidencia del país. Además, Estados Unidos ha advertido que los países que adquieran crudo venezolano se exponen a represalias. El espacio de maniobra para Nicolás Maduro se estrecha con el correr de los días.
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