“En el caso de Gemita Bueno no reporteamos lo suficiente”
Viene de una familia provinciana y más bien pobre. Nació en San Antonio y pasó la infancia en Renca y Conchalí. Sus padres era profesores normalistas, se separaron cuando tenía once años y el impacto, en esa época sin divorcio y a esa edad, fue brutal. “No fui feliz”, reconoce.
Se fue con la madre a Iquique y a Calama, donde pasaron momentos duros, a veces faltaba la comida. Era extremadamente tímida, casi no hablaba. Leía los Reader's Digest de su abuelo, todas esas historias fantásticas que le parecían de otro mundo, mientras la madre devoraba las novelas de Agatha Cristie. En algún momento de la adolescencia, no recuerda bien por qué, decidió que no podía seguir encerrada en sí misma, que debía socializar si no quería ser humillada en los recreos. Hizo nado sincronizado, gimnasia artística, cantaba en los coros de la iglesia, iba a colonias de verano. Sacaba buenas notas y escribía diarios de vida. Tuvo el mejor puntaje en la PAA de la provincia de El Loa, pero no sabía qué estudiar.
Dice que puso 12 carreras en su postulación, pensando que luego podría decidirse. Y sin tener mucha idea, en primer lugar estaba Periodismo en la UC de Santiago, donde quedó seleccionada sin otra opción. “Era 1984, una época durísima y para mi fue peor, porque era una provinciana de tomo y lomo”, recuerda. “Entrar a la universidad fue el trauma dos, después de la separación de mis papás. Fue de nuevo chocar con un mundo demasiado ajeno a mí. Por ejemplo, no tenía ropa de invierno, y el invierno de 1984 fue feroz. Y pasé hambre… y todo de nuevo”.
Dice que el primer año “fue de sobrevivencia”. “Yo estaba acostumbrada a ser siempre la primera del curso, la primera del liceo, la niña de las mejores notas, y llegué a Santiago y me di cuenta que no sabía nada, que mis compañeros hablaban en inglés, en alemán, o hablaban con los profesores de autores, y yo no tenía idea”.
De a poco se fue adaptando, tenía compañeros como Felipe Bianchi, Sandra Gamboa e Iván Valenzuela, con los que sigue en contacto, y se fue metiendo en política, en grupos de izquierda, iba a las protestas, donde algunos de sus amigos fueron detenidos. Y comenzó una carrera intensa como periodista, en la revista Hoy, en el diario La Época, en La Tercera, en La Nación.
Escribió “El libro negro…” por el cual tuvo que irse de Chile y en algún momento le pesó, aunque finalmente la justicia le dio la razón. Ha recibido muchos premios internacionales, por reportajes sobre la dictadura, pero muchos la recuerdan aún por el caso Spiniak.
Era 2003 y entonces trabajaba en Plan B, con Julio César Rodríguez y Víctor Gutiérrez, quien escribió un artículo sobre el empresario Claudio Spiniak y sus fiestas sexuales con menores, en las que supuestamente participaban altas figuras políticas. Una diputada, Pía Guzmán, avaló las acusaciones. Hubo una testigo que decía conocer esa red de pedofilia, Gema Bueno, quien sin embargo luego se retractó.
-Yo estaba en La Tercera en ese tiempo, y creo que toda la prensa se compró muy rápido algunas versiones. ¿Haces alguna autocrítica?
-Siempre el primer requisito que tú pones para que una denuncia sea considerada en serio, es que sea judicializada. Y esta denuncia fue judicializada por el Sename, que era un organismo que en ese minuto tampoco estaba en tela de juicio. Se le hicieron peritajes psiquiátricos a Gema y era verosímil. En la primera publicación que hicimos yo llamé a Jovino Novoa. Estábamos con la Marcela Ramos en su casa. Y él nos cortó el teléfono. Entonces también hubo una desconfianza… por no responder ante la prensa. Yo nunca pude entrevistar a Gemita Bueno, porque cuando le pedimos entrevistas, ella se las concedió a otros medios, al Clinic y a La Tercera. Yo después perdí una guagua, y salí de Plan B, que escribió un artículo cuando judicialmente
el juez Sergio Muñoz declaró que se había cometido perjurio. Y se contó la verdad judicial de que esto era falso.
-¿Qué piensas hoy de esa experiencia?
-Yo no tengo convicción de nada actualmente. Yo la convicción que tengo es que nosotros no reporteamos lo suficiente, esa es la autocrítica que me hago. Que Gemita participó en fiestas con Spiniak y políticos, eso creo que es falso, pero no creo que es falso que haya redes de prostitución infantil que son usadas especialmente en sectores con jóvenes de escasos recursos, por personas de altos ingresos. Pero perdimos esa pista.
-Fue una etapa mala para ti…
-Se cerró el diario, perdí una guagua, estaba muerta porque, además, para poder sostener el medio yo tenia 5 pitutos en distintas universidades. Entonces, corría todo el día de un lado para otro, no descansaba, dormía en la oficina, los días de cierre me quedaba ahí porque no alcanzaba a ir a mi casa y volver… Era mi primera guagua. Fue muy terrible, porque además era una guagua querida… deseada… Fue un periodo oscuro para mí. Pero, bueno, me separé, pasó el tiempo, volví a enamorarme. Me vine a Estados Unidos con la beca Nieman y después hice el máster en Administración Pública en la Kennedy School. Y así, me rearmé de nuevo.