Claro que los deberes de uno y otro sexo eran bien distintos. Los caballeros debían ir a la guerra, mientras ellas debían permanecer en sus hogares cuidando de la casa y de que el varón tuviese todo lo necesario para cumplir con las tareas bélicas.
Sin embargo, ellas también recibían entrenamiento en el manejo de las armas. Incluso muchas llevaban escondida entre su quimono una naginata, una daga más liviana que las de los caballeros, que con el uso adecuado podían destruir cualquier enemigo. Incluso podían suicidarse con ella si el peligro era tal, antes de caer en manos del enemigo.
Además, se esperaba que, en caso de ser necesario, la mujer pudiera salir a defender su casa o su castillo. Es decir, tomar el rol del hombre, de cierta manera. Por ejemplo, si éste ya había sido derrotado ella podía enfrentar al enemigo. A tal llegaba la preparación de estas féminas en materias bélicas que incluso existían los ejércitos formados sólo por mujeres samuráis: Los Joshigun.
Así en la historia japonesa aparecen algunas mujeres samuráis que destacan por su heroísmo. Aunque hay que tomar los relatos con cuidado, porque dada la falta de evidencia histórica en muchos casos, es posible que lo que se escuche sea más leyenda que realidad.
Hay figuras icónicas, como Tomoe Gozen. Ella es una de las samuráis más mencionadas. Se trata de una mujer nacida en una familia de samuráis en 1157. De hecho en el poema épico “El cantar de Heike” se le describe como “especialmente hermosa, de piel blanca, pelo largo y bellas facciones. También era una excelente arquera y como espadachina era una guerrera que valía por mil, dispuesta a confrontar un demonio o un dios, a caballo o en pie”.
Otro ejemplo de mujeres samurái es Yamamoto Yaeko, según menciona el libro “Crónicas de los samuráis” de Rubén Ibarzabal. Ella sirvió como enfermera en la guerra ruso-japonés, pero su historia como samurái es anterior. Gracias a que su padre la entrenó en el uso de las armas de fuego, pudo cargar con la vida de hombres, siendo muy joven (23 años) en la batalla de Aizu en 1868.
En esta última batalla también destaca Nakano Takeko, que si bien fue derrotada en aquel enfrentamiento, uno de las últimos, si no el último, del que se tiene registro de la era samurái en Japón. Takeko lideró este ejército y pasó a la historia como una samurái valiente y guerrera que hizo frente a los enemigos y encabezó aquel ejército que se enfrentó a los militares del imperio.
Incluso, cuenta la historia que al ser muerta Nakano Takeko , su hermana la decapitó y se llevó su cabeza consigo, como una forma de evitar que esta cayera en manos enemigas, lo que era un verdadera afrenta entre los samuráis.
