El magnate Elon Musk, el flamante nuevo gran aliado de Donald Trump y encargado de aligerar las cuentas públicas de la maquinaria gubernamental, se convirtió en uno de los protagonistas de los actos que rodearon la toma de posesión del 47º presidente de Estados Unidos, pero esta vez no por sus ideas o su discurso, sino por un episodio bastante más inquietante: el gesto similar al saludo nazi (el tétrico sieg heil o saludo a la victoria) que realizó durante su intervención en el Capitol One Arena.
Mientras Donald Trump celebraba el almuerzo inaugural en el Congreso, el Capitol One, el pabellón cerrado de la capital del país donde diversas personalidades dieron sus discursos, Elon Musk atrajo todas las miradas por un gesto que se asemejaba alarmantemente al saludo nazi. Lo hizo en dos ocasiones. Primero se golpeó el pecho a la altura del corazón con el puño cerrado, para extender el brazo con la palma abierta, hacia el público. A continuación, se dio la vuelta y repitió el gesto hacia los espectadores que estaban al otro lado del atril. Y, para culminar, volvió a llevarse la mano al pecho y gritó: «¡Mi corazón está con vosotros!».
Esa es la frase a la que los republicanos se han acogido para justificar y explicar el sorprendente gesto de Elon Musk, argumentando que simulaba el gesto de entregar metafóricamente su corazón. Pero el gesto corrió como la pólvora y el vídeo con las imágenes de su saludo se extendían rápidamente.
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