El abuelo del presidente de los Estados Unidos emigró a Estados Unidos en 1885 para evadir el servicio militar obligatorio.
El presidente norteamericano Donald Trump consiguió el favor de los electores en su segundo mandato al anunciar tolerancia cero para la inmigración ilegal, amenazando con deportar a sus países de origen a miles de inmigrantes indocumentados. Curiosamente, el abuelo del mandatario fue deportado de Alemania a principios del siglo XX, acusado de evadir el servicio militar obligatorio.
Friedrich Trumpf emigró a los Estados Unidos en 1885 desde Alemania, desde el pueblo bávaro de Kallstadt, cuando sólo tenía 16 años. Lo hizo de forma ilegal, ya que su objetivo era evitar el servicio militar obligatorio de tres años que había impuesto el imperio alemán a sus ciudadanos (algo que después también haría Donald Trump para evitar ir a la guerra de Vietnam).
En América, Friedrich Trumpf se nacionalizó estadounidense, cambió su nombre a Frederick Trump y amasó una pequeña fortuna con hoteles y restaurantes durante la fiebre del oro en Seattle. Sin embargo, a principios del siglo XX decidió regresar a su país natal debido a que su esposa Elizabeth (que también provenía del pueblo bávaro de Kallstadt) extrañaba mucho Alemania.
Sin embargo, a poco de llegar a Alemania, Frederick Trump fue fichado para deportación debido a sus antecedentes, pues las autoridades germanas consideraron que su viaje a Estados Unidos, ocurrido 20 años antes, tuvo como objetivo evadir el servicio militar obligatorio, una falta que tenía como castigo la pérdida de la ciudadanía alemana.
Desesperado, Frederick escribió una carta dirigida a Leopoldo, príncipe regente de Baviera, en la que le rogaba que les permitiera permanecer en el país. En el texto contaba cómo se había hecho rico en Estados Unidos y cómo sus vecinos de Kallstadt “se alegraron de haber recibido a un ciudadano capaz y productivo”.
“…¿Por qué deberíamos ser deportados? Esto es muy, muy duro para una familia. ¿Qué pensarán nuestros conciudadanos si personas honestas tienen que hacer frente a semejante decreto, sin mencionar las grandes pérdidas económicas que sufriremos?. Quisiera volver a ser un ciudadano bávaro de nuevo.
En esta situación urgente, no tengo otro recurso que volver los ojos a nuestro adorado, noble, sabio, y justo señor, nuestro gobernante, altísima excelencia, quien ha llorado muchas lágrimas, quien ha gobernado tan benéfica y justamente, y dulcemente amado, con la petición más humilde de que el señor tenga piedad y permita a su siervo quedarse en el más gracioso reino de Bavaria”.
Sin embargo, los ruegos de Frederick Trump fueron infructuosos y fue deportado de vuelta a los Estados Unidos. En junio de 1905, ya estaba de regreso en Nueva York, donde volvió a trabajar como barbero durante un tiempo hasta que inició un lucrativo negocio de bienes raíces. Poco después nacería Frederick Christ Trump, el padre del actual presidente de los Estados Unidos.
Curiosamente, a los habitantes del Kallstadt, el pueblecito natal del abuelo de Donald Trump, se les conocía cariñosamente en Bavaria como “Brulljesmacher”, palabra que en el dialecto bávaro significa “fanfarrón”, una de las características más llamativas del actual mandatario norteamericano.
El presidente norteamericano Donald Trump consiguió el favor de los electores en su segundo mandato al anunciar tolerancia cero para la inmigración ilegal, amenazando con deportar a sus países de origen a miles de inmigrantes indocumentados. Curiosamente, el abuelo del mandatario fue deportado de Alemania a principios del siglo XX, acusado de evadir el servicio militar obligatorio.
Friedrich Trumpf emigró a los Estados Unidos en 1885 desde Alemania, desde el pueblo bávaro de Kallstadt, cuando sólo tenía 16 años. Lo hizo de forma ilegal, ya que su objetivo era evitar el servicio militar obligatorio de tres años que había impuesto el imperio alemán a sus ciudadanos (algo que después también haría Donald Trump para evitar ir a la guerra de Vietnam).
En América, Friedrich Trumpf se nacionalizó estadounidense, cambió su nombre a Frederick Trump y amasó una pequeña fortuna con hoteles y restaurantes durante la fiebre del oro en Seattle. Sin embargo, a principios del siglo XX decidió regresar a su país natal debido a que su esposa Elizabeth (que también provenía del pueblo bávaro de Kallstadt) extrañaba mucho Alemania.
Sin embargo, a poco de llegar a Alemania, Frederick Trump fue fichado para deportación debido a sus antecedentes, pues las autoridades germanas consideraron que su viaje a Estados Unidos, ocurrido 20 años antes, tuvo como objetivo evadir el servicio militar obligatorio, una falta que tenía como castigo la pérdida de la ciudadanía alemana.
Desesperado, Frederick escribió una carta dirigida a Leopoldo, príncipe regente de Baviera, en la que le rogaba que les permitiera permanecer en el país. En el texto contaba cómo se había hecho rico en Estados Unidos y cómo sus vecinos de Kallstadt “se alegraron de haber recibido a un ciudadano capaz y productivo”.
En parte de la carta, Frederick escribió:
“…¿Por qué deberíamos ser deportados? Esto es muy, muy duro para una familia. ¿Qué pensarán nuestros conciudadanos si personas honestas tienen que hacer frente a semejante decreto, sin mencionar las grandes pérdidas económicas que sufriremos?. Quisiera volver a ser un ciudadano bávaro de nuevo.
En esta situación urgente, no tengo otro recurso que volver los ojos a nuestro adorado, noble, sabio, y justo señor, nuestro gobernante, altísima excelencia, quien ha llorado muchas lágrimas, quien ha gobernado tan benéfica y justamente, y dulcemente amado, con la petición más humilde de que el señor tenga piedad y permita a su siervo quedarse en el más gracioso reino de Bavaria”.
Sin embargo, los ruegos de Frederick Trump fueron infructuosos y fue deportado de vuelta a los Estados Unidos. En junio de 1905, ya estaba de regreso en Nueva York, donde volvió a trabajar como barbero durante un tiempo hasta que inició un lucrativo negocio de bienes raíces. Poco después nacería Frederick Christ Trump, el padre del actual presidente de los Estados Unidos.
Curiosamente, a los habitantes del Kallstadt, el pueblecito natal del abuelo de Donald Trump, se les conocía cariñosamente en Bavaria como “Brulljesmacher”, palabra que en el dialecto bávaro significa “fanfarrón”, una de las características más llamativas del actual mandatario norteamericano.