Christian Jiménez es un barcelonés de 23 años de piel blanca y ojos azules y una determinación a prueba de bombas. Su historia es la de un niño bien con talento que cuelga una maqueta de rap en internet y logra millones, sí, millones de visitas en España. Canciones, como la más célebre, que hablan de las cosas que le preocupan a un muchacho nacido en Sarrià, el barrio más rico de la capital catalana. Ficha por una multinacional, Universal Music, y su popularidad crece con una intensa campaña de promoción, y en paralelo también la fobia que le profesan aficionados al hip hop que le acusan de no ser auténtico. Cinco millones de amigos en Facebook, 15 millones de visitas en MySpace, 10.000 fans en el mítico Luna Park en Buenos Aires... Acaba de publicar Reset después de no pocos avatares, y el chico tiene carácter.
-Necesitaba volver a empezar, resetearse, ¿por qué?
-Por muchas cosas negativas que he vivido hasta ahora. Necesitaba regresar a la esencia del principio, que la había perdido. Y centrarme en escribir de sentimientos y emociones. No quería repetir las experiencias negativas.
-¿Y se puede volver a empezar?
-Se puede, es difícil, porque algo te queda. No se puede volver a los ajustes de fábrica originales. Yo creo que lo he conseguido porque hay una mejora en las letras y la manera de escribir. Una vez has crecido y madurado, es imposible resetear del todo.
-¿Por eso han pasado tres años desde el anterior disco?
-No, realmente. Cuando acabé Trastorno bipolar ya estaba escribiendo. El motivo de estos años de silencio no ha sido otro que por mi guerra con Universal. Ha sido una batalla. Primero les rechacé, no quería firmar porque no hago rap para ganar dinero, sólo quería no perderlo haciendo discos, pero me convencieron con una condición firmada: que artísticamente no me pudieran tocar nada. En el primer disco todo fue muy bien, pero en el segundo empezaron con proponerme colaboraciones con otros artistas y yo no quería. Yo doy guerra, necesito ser fiel a mi mismo, y si algo no me sale de dentro no lo voy a hacer, por mucho que pueda ganar dinero. Me llegaron a ofrecer 40.000 euros por mis primeras maquetas, para editarlas, y les dije que no, que están en internet para el que las quiera.
-Así que la historia es la que usted canta en Carta de libertad, un tema de Reset...
-Sí. Al darles negativas y exigir que mis discos se publiquen como quiero, me dijeron: Veremos qué podemos hacer con este disco. Y no le hicieron ninguna promoción en absoluto. Me pusieron entre la espada y la pared porque apenas tuve conciertos en España, pero por suerte, de repente, empiezan a salir en Latinoamérica. Y a la multinacional se les volvió a encender la bombilla y pensaban que con mi éxito allí abrían una nueva vía de explotarme. Estaba cabreado con ellos. Tenía el disco y no querían publicarlo completo, sino ocho canciones para luego sacar otra versión con diez, y otra con 13, a lo que me negué. Les dije: se saca mi disco, que son 17 canciones y no me vengas con estafas. Me pusieron problemas incluso con el presupuesto del disco, todo problemas.
-¿Entraron los abogados?
-Sí, por mi sello de management. Universal hizo una reducción de plantilla y a mí, aún así, no me dejaban ir. Pues si no me dejan ir, que me saquen el disco, pero tal y como yo lo había hecho, íntegro. Está por contrato. Ahí es cuando no tuvieron otra que dejarme libre. Y ahora la relación está rota.
-¿Hace autocrítica?
-Sí. Para el primer disco me hicieron buena promoción y hago autocrítica porque rechacé cosas que podrían haberme llevado a más, pero es una multinacional. Incluso me propusieron hace unos años que grabase con Pitbull, y eso podría haberme dado mucho dinero por derechos de autor, pero lo rechacé, porque si no creo, si no lo siento, no lo hago.
-Le oigo hablar y tiene un enorme compromiso con lo que hace.
-No puedo traicionarme a mí mismo.
-Pocos raperos españoles llevan 10.000 personas a Latinoamérica.
-No hay palabras. Hay un respeto por la música que es de otra manera. Incluso fanatismo. No he tenido problemas con nadie, ni por la calle ni profesionalmente. Menos mal que se abrieron las puertas de allí, ya estaba empezando a buscar trabajo.
-Allí su disco no está editado. Le conocen por internet.
-Fuera de mis conciertos hay contenido pirata de todo. De chapas a DVD. Eso me da igual. Hago lo que me gusta y no me voy a cabrear por eso, me interesa que se escuche Porta y vengan a verme, que es lo que me da de comer. Yo le digo a mis fans que he crecido en internet y creo que compartir no es malo, aunque es negativo para la compañía. Entiendo que digan que se puede compartir, pero tienen que entender que hay gente trabajando. Y si quieren que saque discos, que apoyen.
-Canta en una canción que en estos años ha perdido amigos.
-La fama tiene su parte buena y mala. Unos me aman o me odian. El problema es que te tiren una botella en un concierto. Entiendo que puedo llevarlo mejor porque estoy aquí por mis cojones, pero en mi entorno había gente que no lo soportaba y me he desvinculado de personas que eran importantes para mí. Pero son cosas de la vida...
-En cambio, tiene cinco millones de seguidores en Facebook... que es ¿envidia?
-Es frecuente en Hip hop y en la humanidad. En internet no se deja títere con cabeza, todo se pone a parir. Todo el mundo es crítico, hay haters y fans. Yo no me voy a meter en algo que no me gusta a criticar. Vive y deja vivir.
-Pero en el hip hop la rivalidad es materia de canciones
-Lo malo del hip hop es que ha pasado de una cultura de libertad de expresión y el respeto a utilizarla para faltar al respeto. Nos tenemos que apoyar entre nosotros, si no lo hacemos... no estamos con la cultura del hip hop. Nadie se respeta. Me he decepcionado tanto con esto que he intentado desvincularme. Hago rap porque es lo que siento y lo que me gusta, pero he intentado pasar de lo demás. No me gusta lo que estoy viendo. Cuando tenía 11 años era el raro, y ahora todo el mundo lo escucha. Antes Es una moda y entran los de la moda. Pero eso ha conducido a no haber respeto.
Está lleno de hipócritas.
-¿Qué hay que hacer para ser un rapero real?
-Con que lo sepas tú, nadie más tiene que decirlo. Muchos dicen todo el rato que son reales, de la calle. Yo hago lo que me gusta, y eso es lo que tendrían que hacer. No dejarse influenciar.
-¿Tu vida ha cambiado mucho desde los 18?
-Que soy reconocido. Hubo un año que me independicé y vivía solo pero he vuelto con mis padres y mis amigos y juego a la Play y veo Dragon Ball, y leo mangas... la vida sigue igual. He perdido y ganado, siguen los de siempre.
DISCOS CON SALSA
En este disco, el ingrediente picante es el tema en el que airea su mala relación son su ex, Universal. Porta canta lo que le da gana, ya lo ha demostrado. Le dedicó una canción a la serie de dibujos animados Bola de dragón, y, mientras se ganaba el desprecio de los talibanes del hip-hop, obtuvo 27 millones de visitas en YouTube. Es el vídeo español con más visitas de la red. En No es cuestión de edades, cantaba que las niñas de hoy en día son todas unas guarras y la avalancha de críticas llegó desde asociaciones de mujeres a escritoras como Lucía Etxberría. Le insultan y le amenazan. Yo digo las cosas como las pienso, dice. A veces hay que pensar dos veces.
Fuente
-Necesitaba volver a empezar, resetearse, ¿por qué?
-Por muchas cosas negativas que he vivido hasta ahora. Necesitaba regresar a la esencia del principio, que la había perdido. Y centrarme en escribir de sentimientos y emociones. No quería repetir las experiencias negativas.
-¿Y se puede volver a empezar?
-Se puede, es difícil, porque algo te queda. No se puede volver a los ajustes de fábrica originales. Yo creo que lo he conseguido porque hay una mejora en las letras y la manera de escribir. Una vez has crecido y madurado, es imposible resetear del todo.
-¿Por eso han pasado tres años desde el anterior disco?
-No, realmente. Cuando acabé Trastorno bipolar ya estaba escribiendo. El motivo de estos años de silencio no ha sido otro que por mi guerra con Universal. Ha sido una batalla. Primero les rechacé, no quería firmar porque no hago rap para ganar dinero, sólo quería no perderlo haciendo discos, pero me convencieron con una condición firmada: que artísticamente no me pudieran tocar nada. En el primer disco todo fue muy bien, pero en el segundo empezaron con proponerme colaboraciones con otros artistas y yo no quería. Yo doy guerra, necesito ser fiel a mi mismo, y si algo no me sale de dentro no lo voy a hacer, por mucho que pueda ganar dinero. Me llegaron a ofrecer 40.000 euros por mis primeras maquetas, para editarlas, y les dije que no, que están en internet para el que las quiera.
-Así que la historia es la que usted canta en Carta de libertad, un tema de Reset...
-Sí. Al darles negativas y exigir que mis discos se publiquen como quiero, me dijeron: Veremos qué podemos hacer con este disco. Y no le hicieron ninguna promoción en absoluto. Me pusieron entre la espada y la pared porque apenas tuve conciertos en España, pero por suerte, de repente, empiezan a salir en Latinoamérica. Y a la multinacional se les volvió a encender la bombilla y pensaban que con mi éxito allí abrían una nueva vía de explotarme. Estaba cabreado con ellos. Tenía el disco y no querían publicarlo completo, sino ocho canciones para luego sacar otra versión con diez, y otra con 13, a lo que me negué. Les dije: se saca mi disco, que son 17 canciones y no me vengas con estafas. Me pusieron problemas incluso con el presupuesto del disco, todo problemas.
-¿Entraron los abogados?
-Sí, por mi sello de management. Universal hizo una reducción de plantilla y a mí, aún así, no me dejaban ir. Pues si no me dejan ir, que me saquen el disco, pero tal y como yo lo había hecho, íntegro. Está por contrato. Ahí es cuando no tuvieron otra que dejarme libre. Y ahora la relación está rota.
-¿Hace autocrítica?
-Sí. Para el primer disco me hicieron buena promoción y hago autocrítica porque rechacé cosas que podrían haberme llevado a más, pero es una multinacional. Incluso me propusieron hace unos años que grabase con Pitbull, y eso podría haberme dado mucho dinero por derechos de autor, pero lo rechacé, porque si no creo, si no lo siento, no lo hago.
-Le oigo hablar y tiene un enorme compromiso con lo que hace.
-No puedo traicionarme a mí mismo.
-Pocos raperos españoles llevan 10.000 personas a Latinoamérica.
-No hay palabras. Hay un respeto por la música que es de otra manera. Incluso fanatismo. No he tenido problemas con nadie, ni por la calle ni profesionalmente. Menos mal que se abrieron las puertas de allí, ya estaba empezando a buscar trabajo.
-Allí su disco no está editado. Le conocen por internet.
-Fuera de mis conciertos hay contenido pirata de todo. De chapas a DVD. Eso me da igual. Hago lo que me gusta y no me voy a cabrear por eso, me interesa que se escuche Porta y vengan a verme, que es lo que me da de comer. Yo le digo a mis fans que he crecido en internet y creo que compartir no es malo, aunque es negativo para la compañía. Entiendo que digan que se puede compartir, pero tienen que entender que hay gente trabajando. Y si quieren que saque discos, que apoyen.
-Canta en una canción que en estos años ha perdido amigos.
-La fama tiene su parte buena y mala. Unos me aman o me odian. El problema es que te tiren una botella en un concierto. Entiendo que puedo llevarlo mejor porque estoy aquí por mis cojones, pero en mi entorno había gente que no lo soportaba y me he desvinculado de personas que eran importantes para mí. Pero son cosas de la vida...
-En cambio, tiene cinco millones de seguidores en Facebook... que es ¿envidia?
-Es frecuente en Hip hop y en la humanidad. En internet no se deja títere con cabeza, todo se pone a parir. Todo el mundo es crítico, hay haters y fans. Yo no me voy a meter en algo que no me gusta a criticar. Vive y deja vivir.
-Pero en el hip hop la rivalidad es materia de canciones
-Lo malo del hip hop es que ha pasado de una cultura de libertad de expresión y el respeto a utilizarla para faltar al respeto. Nos tenemos que apoyar entre nosotros, si no lo hacemos... no estamos con la cultura del hip hop. Nadie se respeta. Me he decepcionado tanto con esto que he intentado desvincularme. Hago rap porque es lo que siento y lo que me gusta, pero he intentado pasar de lo demás. No me gusta lo que estoy viendo. Cuando tenía 11 años era el raro, y ahora todo el mundo lo escucha. Antes Es una moda y entran los de la moda. Pero eso ha conducido a no haber respeto.
Está lleno de hipócritas.
-¿Qué hay que hacer para ser un rapero real?
-Con que lo sepas tú, nadie más tiene que decirlo. Muchos dicen todo el rato que son reales, de la calle. Yo hago lo que me gusta, y eso es lo que tendrían que hacer. No dejarse influenciar.
-¿Tu vida ha cambiado mucho desde los 18?
-Que soy reconocido. Hubo un año que me independicé y vivía solo pero he vuelto con mis padres y mis amigos y juego a la Play y veo Dragon Ball, y leo mangas... la vida sigue igual. He perdido y ganado, siguen los de siempre.
DISCOS CON SALSA
En este disco, el ingrediente picante es el tema en el que airea su mala relación son su ex, Universal. Porta canta lo que le da gana, ya lo ha demostrado. Le dedicó una canción a la serie de dibujos animados Bola de dragón, y, mientras se ganaba el desprecio de los talibanes del hip-hop, obtuvo 27 millones de visitas en YouTube. Es el vídeo español con más visitas de la red. En No es cuestión de edades, cantaba que las niñas de hoy en día son todas unas guarras y la avalancha de críticas llegó desde asociaciones de mujeres a escritoras como Lucía Etxberría. Le insultan y le amenazan. Yo digo las cosas como las pienso, dice. A veces hay que pensar dos veces.
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una mierda este kl ... ni un brillo sus temas