Difiero. Hay distintos tipos de delincuentes, desde un ladrón hasta un asesino, y todos merecen un juicio justo, sin importar la gravedad del delito. Si la condena corresponde a presidio perpetuo, que así sea. Si corresponde la pena máxima que permita la ley, también.
Pero precisamente ahí está la diferencia entre un Estado de Derecho y la ley del más fuerte. Las instituciones no existen para decidir quién merece derechos y quién no; existen para velar porque el Estado actúe dentro de la ley. Ese es el rol del INDH.
Porque el día que aceptemos que un delincuente pierde todos sus derechos, también estaremos aceptando que sea el Estado quien decida, de forma discrecional, cuándo respetar la ley y cuándo no. Y eso termina siendo un riesgo para todos, no solo para los delincuentes.