en mi época de mil novecientos noventirijillo, no se podia decir noventas por que Pinochet dejo una ley de amarre que prohibia el número 90 y tuvimos que reemplazar por el noventerijillo, a las mujeres se les trataba bien, se hacian de rogar y agarrar un muslo era imposible en la primera cita, al contrario si te anotaba el número de su maquina de llamadas hogareñas era simbolo de que queria algo, debia uno invitar a esa chica al cinemascope o a los rotativos, de ahi caminar a la fuente de soda e invitarle una free para después reunirse dos veces más en días diferntes, si en la última cita te daba un beso, eso era exito, si no, eras un perdedor siendo escarmentado por la ciudadania mientras te lapidaban con pomelos en la plaza pública.
por eso se debia ser educado como romantico con las minits. ahora todo es hasta que choque el hueso.