River Plate de Uruguay aprovechó las falencias azules y se impuso por 2-0.
En la ciudad uruguaya de Maldonado, la U de Sebastián Beccacece perdió por 2-0 ante River Plate de Montevideo, en el partido de ida por la primera fase de la Copa Libertadores. El resultado fue el fiel reflejo de un equipo que parece confundido y un entrenador que, en las instancias más candentes, parece perder los papeles.
Varias eran las preguntas que debían responder los azules en su primer partido por la Copa Libertadores, todas ellas surgidas, por cierto, del proceso de adaptación del plantel a los planteamientos del nuevo técnico. Ya en las primeras tres fechas del torneo local, la U había demostrado ser un equipo de vaivenes: tibio en el inicio, arrollador en la segunda fecha y lleno de dudas en la tercera.
El primer tiempo de ayer se pareció bastante al empate con San Luis, el miércoles pasado en Quillota: momentos de dominio aparente y luego muchas vacilaciones en el mediocampo y en la defensa.
Con esas coordenadas, hubo pocas ocasiones para sumar ante el arquero Nicola Pérez hasta el minuto 25, cuando Matías Corujo desperdició en inmejorable posición; luego sería el turno de Patricio Rubio, quien falló un cabezazo, tal vez incomodado por el propio Corujo.
En contraste, River Plate ofrecía muy poco, salvo en entusiasmo de Edelson Pedroso o esporádicos ingresos de Nicolás Schiappacasse, el veloz, espigado y joven ariete (17 años y comprado por Atlético de Madrid).
Con tanto pocos argumentos, al anfitrión no le alcanzaba para inquietar a Johnny Herrera. Lo que faltaba era una falla y esta fue posicional, cuando Gonzalo Jara (en su único error de un impecable primer tiempo) regaló su espalda para que apareciera Michael Santos, quien fue derribado groseramente por Herrera. El árbitro argentino Patricio Loustau, inexplicablemente, nada sancionó.
En la reanudación, todo se mantuvo más o menos igual, con poca emoción. Eso hasta que, a los 51, Luis Fariña se metió en área y habilitó a Gustavo Canales. El goleador pateó al arco con actitud egoísta, pues bien pudo tocar para Rubio, quien se encontraba de frente a Pérez. Por eso, el portero local pudo reaccionar pues el tiro del Mágico fue directo a sus manos.
Parecía que River Plate continuaría sin muchas posibilidades, hasta que Fabián Monzón tomó Darío Flores en el área estudiantil. Esta vez, Loustau no dudó un segundo y marcó penal, anotado por Santos.
Tres minutos después, los uruguayos tuvieron el 2-0, pero el arquero azul lo evitó con una reacción notable ante la media vuelta de Santos.
Pero así como se acierta, se falla. Y eso le pasó a Herrera, quien al tratar de contener un centro de Schiacappasse prácticamente cometió autogol (71) ante la presión del colombiano César Taján, quien había ingresado justo a 30 del final.
Sebastián Beccacece intentó reaccionar, pero mostró escasísima claridad: hizo ingresar a Sebastián Ubilla (quien aportó apenas una clamorosa ocasión desperdiciada) y al volante de contención Ricardo Guzmán Pereira en lugar de Gustavo Lorenzetti, quien hasta ese momento era quien ponía las escasas dosis de claridad en la organización de los ataques.
De este modo, la U volvió a Santiago con el riesgo de la prematura eliminación de la Copa ante un rival que es debutante absoluto en el torneo continental. Y con el aumento de la incertidumbre sobre las capacidades de Beccacece (por quien tanto se luchó) y las potencialidades de su plantel.
En la ciudad uruguaya de Maldonado, la U de Sebastián Beccacece perdió por 2-0 ante River Plate de Montevideo, en el partido de ida por la primera fase de la Copa Libertadores. El resultado fue el fiel reflejo de un equipo que parece confundido y un entrenador que, en las instancias más candentes, parece perder los papeles.
Varias eran las preguntas que debían responder los azules en su primer partido por la Copa Libertadores, todas ellas surgidas, por cierto, del proceso de adaptación del plantel a los planteamientos del nuevo técnico. Ya en las primeras tres fechas del torneo local, la U había demostrado ser un equipo de vaivenes: tibio en el inicio, arrollador en la segunda fecha y lleno de dudas en la tercera.
El primer tiempo de ayer se pareció bastante al empate con San Luis, el miércoles pasado en Quillota: momentos de dominio aparente y luego muchas vacilaciones en el mediocampo y en la defensa.
Con esas coordenadas, hubo pocas ocasiones para sumar ante el arquero Nicola Pérez hasta el minuto 25, cuando Matías Corujo desperdició en inmejorable posición; luego sería el turno de Patricio Rubio, quien falló un cabezazo, tal vez incomodado por el propio Corujo.
En contraste, River Plate ofrecía muy poco, salvo en entusiasmo de Edelson Pedroso o esporádicos ingresos de Nicolás Schiappacasse, el veloz, espigado y joven ariete (17 años y comprado por Atlético de Madrid).
Con tanto pocos argumentos, al anfitrión no le alcanzaba para inquietar a Johnny Herrera. Lo que faltaba era una falla y esta fue posicional, cuando Gonzalo Jara (en su único error de un impecable primer tiempo) regaló su espalda para que apareciera Michael Santos, quien fue derribado groseramente por Herrera. El árbitro argentino Patricio Loustau, inexplicablemente, nada sancionó.
En la reanudación, todo se mantuvo más o menos igual, con poca emoción. Eso hasta que, a los 51, Luis Fariña se metió en área y habilitó a Gustavo Canales. El goleador pateó al arco con actitud egoísta, pues bien pudo tocar para Rubio, quien se encontraba de frente a Pérez. Por eso, el portero local pudo reaccionar pues el tiro del Mágico fue directo a sus manos.
Parecía que River Plate continuaría sin muchas posibilidades, hasta que Fabián Monzón tomó Darío Flores en el área estudiantil. Esta vez, Loustau no dudó un segundo y marcó penal, anotado por Santos.
Tres minutos después, los uruguayos tuvieron el 2-0, pero el arquero azul lo evitó con una reacción notable ante la media vuelta de Santos.
Pero así como se acierta, se falla. Y eso le pasó a Herrera, quien al tratar de contener un centro de Schiacappasse prácticamente cometió autogol (71) ante la presión del colombiano César Taján, quien había ingresado justo a 30 del final.
Sebastián Beccacece intentó reaccionar, pero mostró escasísima claridad: hizo ingresar a Sebastián Ubilla (quien aportó apenas una clamorosa ocasión desperdiciada) y al volante de contención Ricardo Guzmán Pereira en lugar de Gustavo Lorenzetti, quien hasta ese momento era quien ponía las escasas dosis de claridad en la organización de los ataques.
De este modo, la U volvió a Santiago con el riesgo de la prematura eliminación de la Copa ante un rival que es debutante absoluto en el torneo continental. Y con el aumento de la incertidumbre sobre las capacidades de Beccacece (por quien tanto se luchó) y las potencialidades de su plantel.
