p- para finales del
siglo XIX los físicos pensaban que la
mecánica clásica de
Newton, basada en la llamada
relatividad de Galileo (origen de las ecuaciones matemáticas conocidas como
transformaciones de Galileo), describía los conceptos de velocidad y fuerza para todos los observadores (o
sistemas de referencia). Sin embargo,
Hendrik Lorentz y otros habían comprobado que las
ecuaciones de Maxwell, que gobiernan el
electromagnetismo, no se comportaban de acuerdo a las leyes de Newton cuando el sistema de referencia varía (por ejemplo, cuando se considera el mismo problema físico desde el punto de vista de dos observadores que se mueven uno respecto del otro). El
experimento de Michelson y Morley sirvió para confirmar que la
velocidad de la luz permanecía constante, independientemente del sistema de referencia en el cual se medía, contrariamente a lo esperado de aplicar las transformaciones de Galileo. En 1905 un desconocido físico alemán publicó un artículo que cambió radicalmente la percepción del espacio y el tiempo que se tenía en ese entonces. En su
Zur Elektrodynamik bewegter Körper,
[1] Albert Einstein revolucionó al mundo al postular lo que ahora conocemos como
Teoría de la Relatividad Especial. Esta teoría se basaba en el
Principio de relatividad y en la constancia de la velocidad de la luz en cualquier sistema de referencia inercial. De ello Einstein dedujo las
ecuaciones de Lorentz. También reescribió las relaciones del
movimiento y de la
energía cinética para que estas también se mantuvieran invariantes.
La teoría permitió establecer la
equivalencia entre masa y energía y una nueva definición del
espacio-tiempo. De ella se derivaron predicciones y surgieron curiosidades. Como ejemplos, un observador atribuye a un cuerpo en
movimiento una longitud más corta que la que tiene el cuerpo en reposo y la duración de los eventos que afecten al cuerpo en movimiento son más largos con respecto al mismo evento medido por un observador en el
sistema de referencia del cuerpo en reposo.
En 1912,
Wilhelm Wien,
premio Nobel de Física de 1911, propuso a Lorentz y a Einstein para este galardón por la teoría de la relatividad, expresando