Por Lorenzo Fernández Bueno
La madrugada se cierne sobre una carretera cualquiera. El muchacho, cansado y algo tocado por la última copa la que casi siempre mata a la decena anterior circula a velocidad prudencial. Al enfilar la última curva el corazón le da un vuelco. Allí, semidesnuda, vestida de blanco inmaculado, se encuentra una muchacha atenazada por el frío que hace autostop. Los efluvios del alcohol abandonan rápidamente su cuerpo; el susto ha sido importante.
El desconcierto inicial no nubla su sesera, y se ve en la obligación de atender a la joven, y así lo hace. Para en mitad de la oscuridad, y la chica corre hacia él. ¿Hola, qué tal?, pregunta a la inesperada paseante nocturna. Ella, mirándolo desde la profundidad de sus ojos azules, con una expresión de tristeza infinita, le ruega: Por favor, ¿me llevas?. No parece agresiva, por lo que con un gesto de mano la invita a montar. Durante unos minutos recorren la solitaria vía, con el silencio como único tema de conversación. Hasta que al llegar a la última curva, la muchacha se desespera, empieza a gemir y grita aterrorizada: ¡Frena, frena. Esa curva es mortal!. Él, sorprendido por la inesperada reacción de su acompañante, pisa el pedal con fuerza perdiendo por unos instantes el control del coche y parando en mitad de la vía, tras derrapar peligrosamente. Se lleva las manos a la cabeza, enfadado, incapaz de hallar explicación que justifique el extraño comportamiento. Se gira hacia ella para increparle, para echarla del coche. Pero la joven de ojos tristes ya no se encuentra su lado
Casos así forman parte de lo que el folclorista y antropólogo norteamericano Harold Brunvan denomina Fenómeno ADUA, en referencia a que casi siempre se produce o tiene como protagonista fatal al Amigo De Un Amigo. De hecho, para encontrar las raíces de tan universal historia deberíamos remontarnos siglos atrás cuando ni tan siquiera existía el coche recordemos que el primer vehículo como tal es el inventado a principios del siglo XX por Henry Ford, su legendario modelo T, en los tiempos en los que se hablaba de la chica de la grupa, pues aguardaba a los jinetes en una curva cualquiera del camino, y montaba a caballo con estos. Lo demás ya lo saben
Sin embargo, en un lugar del Reino Unido, esta trama cobra otros tintes más grotescos, porque hay suficientes testimonios, demasiados argumentos para pensar que se trata de una leyenda urbana, sin más. Es Blue Bell Hill.
Un enclave muy especial
Hace años, muchos ya, nuestro colaborador Tim Coleman investigaba este polémico y a la vez apasionante asunto, y así nos lo transmitía a través de estas mismas páginas Decía así: eran las siete menos cuarto de la mañana del 6 de enero del año 2000 cuando Keith Scales conductor de autocares de 53 años descendía por White Hill. No había nada más alejado de su pensamiento que los fantasmas. fuente:http://www.akasico.com/noticia/3174/Enigmas-Parapsicologia/Aparecidos-en-las-carreteras.html