No era común que se inmiscuyera en el motivo del tatuaje, por lo general mantenía una conversación amena sobre cosas triviales, pero un tatuaje de un brezo ardiendo? Era algo fuera de lo común.
¿Por qué el tatuaje?
Se lo preguntó varias veces mientras creaba el modelo, desde el momento que el tipo la contactó y le dio las características, surgió en ella la duda ¿Por qué un tatuaje así? ¿Qué podría simbolizar para él?
Había tatuado muchas calaveras, hamsas, cruces, flores, rosas, lirios, copihues incluso, pero un brezo? Un arbusto sin una forma llamativa, con flores comunes y corrientes, carente de aparecer en poesías o novelas, un brezo era como tatuarse una piedra gris. Ahora, a ese brezo debía añadirle fuego, ¿una piedra ardiendo?
Todas aquellas dudas llevaron a que la chica preguntara por el motivo del tatuaje
¿Por qué te quieres tatuar eso?
-Cuando lo hagas entenderás- Respondió el hombre desanimadamente, como si el proceso fuese un trámite más en un día laboral.
Caro se ofuscó un poco por la respuesta, esperaba algo más contundente para alivianar su duda, pero se limitó a hacer su trabajo.
Puso el dibujo en el brazo, untó el calco con una mezcla entre desodorante y alcohol, logrando colocar el diseño en el pecho.
Preparó su máquina y las tintas, las agujas en su lugar estaban listas. Todo dispuesto para comenzar otro trabajo más.
Apenas puso la aguja en la primera línea, perdió la noción del tiempo, su mente estuvo en blanco hasta que el tipo le golpeó el hombro.
-ME puedo retirar?-
Caro asintió como por instinto y a los segundos después, vio como el sujeto se marchaba de su local.
¿Qué le había pasado? trató de seguir al tipo para preguntarle por qué se iba, pero el toque de las campanas de la iglesia cercana a su local, le indicó que ya eran las 12:00 hrs.
¿Dos horas habían pasado ya?
Su mente comenzó a trabajar para lograr una explicación, el sujeto había llegado al rededor de las 10:00 hrs y el diseño no era muy grande, por lo que 1 hora y 30 minutos era suficiente para terminarlo, luego las explicaciones de rigor, la alusa y la recomendaciones calzaban con los minutos faltantes.
¿Qué mierda había pasado entonces?
En el umbral de su consulta, cambió el letrero de abierto a cerrado. Se excusó con los tatuajes programados y pidió una hora a médico.
¿y si tenía un tumor?
Muchas preocupaciones vinieron a su mente, desde enfermedades catastróficas hasta un problema psicológico grave. La historia del brezo ardiente se fue olvidando en sus prioridades del día, pero sólo hasta que la noche alcanzó su morada...
Continuará.
Atte
Klm