"Yo me paro ante ustedes no sólo como el vocero del gobierno, sino como el vocero del pueblo.
En este momento, una empresa que por sus dimensiones puede ser comparada a las más vastas que el mundo jamás haya conocido, está a punto de realizarse. Una vez más, hoy he decidido poner la suerte y el futuro del Reich y de nuestro pueblo en manos de nuestros soldados. Que Dios les ayude en su lucha
La gran crisis y perturbación de nuestra vida nacional, nos muestra quienes son los verdaderos hombres y mujeres. Nos otros no tenemos derecho de hablar más de sexo débil, porque ambos sexos están mostrando la misma determinación y fuerza espiritual. La nación está lista para todo.
En esta gran hora de contemplación y reflexión nacional, nosotros creemos en la firme e inquebrantable victoria final. La vemos ante nosotros, la vemos y sólo tenemos que tocarla. Debemos estar resueltos a subordinar todo ante ella. Esa es la obligación de todos en esta hora crucial. Hagamos que nuestra consigna sea: ¡Pueblo levántate y haz que la tormenta se desate!"