Aqui esta por mientras mas o menos el 60% del articulo... mañana o pasado lo termino de subir...
Es preocupante lo que ocurre con los vecinos del norte, si bien hechos de estas caracteristicas si ocurren en Chile... espero por el bien de la politica y la ciudadania que esto no ocurra a tales niveles expuestos en este articulo...
Desequilibrio de poderes en una democracia atrofiada
En Estados Unidos, prensa, poder y dinero se fusionan
Por Robert W. McChesney y John Nichols (Periodista y profesor de Comunicación de la Universidad de Illinois de Urbana-Champaign, respectivamente)
En el Reino Unido, el escándalo provocado por las acciones del grupo de Rupert Murdoch reveló los vínculos deletéreos entre el periodismo, la policía y la política. En Estados Unidos, donde el multimillonario australiano posee numerosos canales de televisión, el papel del complejo mediático-financiero en la vida institucional crece aun más después de que un fallo de la Corte Suprema desreguló las inversiones de las empresas en las campañas electorales.
En vísperas de las elecciones de medio mandato de noviembre de 2010, al igual que el Mago de Oz cuando exclamaba no presten atención al hombre detrás del telón, Karl Rove, ex estratega de George W. Bush en la Casa Blanca y lobbysta, trataba de disimular lo más importante. Mientras el presidente Barack Obama acusaba a los republicanos de desvirtuar el escrutinio financiando a sus candidatos con cientos de millones de dólares provistos por multinacionales y millonarios conservadores, el ex asesor declaraba a los periodistas: Obama está completamente equivocado cuando habla de manera obsesiva de la Cámara de Comercio, de Ed Gillespie
(1) y de mí. El presidente ya desperdició una de las últimas cuatro semanas de la campaña electoral hablando sólo de esta tontería
(2).
Esta "tontería" constituye, de hecho, el elemento crucial de la elección de medio término más cara de la historia estadounidense, que se tradujo en un espectacular viaje a la derecha
(3): la captación de la política por parte de una casta financiera y mediática más poderosa que cualquier partido o candidato. No se trata sólo de un nuevo capitulo en el interminable romance entre dinero y poder, sino de una redefinición de la política misma a través de la conjunción de dos factores: la eliminación de límites a las donaciones electorales por parte de las empresas y renuncia de la prensa a analizar los entresijos de las campañas.
Lo que trae como resultado un nuevo sistema en el cual un pequeño circulo de asesores moviliza sumas vertiginosas para orientar el voto en beneficio de sus clientes. Este complejo electoral dinero-medios de comunicación constituye actualmente una fuerza casi imbatible, que escapa a cualquier forma de regulación, libre de toda rendición de cuentas por parte de una prensa que ha capitulado, y transmitida sin cesar por canales de televisión comerciales que, el año pasado, recaudaron 3.000 millones de dólares gracias a la publicidad política.
En 2010, de las cincuenta y tres circunscripciones en las que Rove y los suyos financiaron a los candidatos republicanos a la Cámara de Representantes con fondos independientes muy superiores a los que recibían sus rivales demócratas, los conservadores ganaron cincuenta y una. Aproximadamente las tres cuartas partes de los republicanos elegidos en la Cámara ese año para algunos, perfectos desconocidos antes de que los dólares los hicieran surgir de la tierra- provienen de las circunscripciones donde el dinero de la Cámara de Comercio o de American Crossroads, el club de Rove, corría a raudales.
Un dólar, un voto
El poder político del dinero se fortalece a medida que cede la resistencia que antes oponía la existencia de un periodismo independiente y critico. Antiguamente, el
tempo de una campaña electoral estaba marcado por una prensa que intentaba, con mayor o menor éxito, esclarecer el juicio de los electores. Actualmente son los anuncios publicitarios los que marcan el compás. Si bien los canales de televisión siguen siendo los directores de orquesta, la partitura que interpretan es pagada y compuesta por las elites económicas, que buscan no sólo orientar el resultado del escrutinio sino modelar el rostro y la política del propio gobierno. Ignorar la fusión entre el dinero y los medios de comunicación o, peor aun, imaginar que las fuerzas progresistas podrían imponerse sobre ella, corre el riego de multiplicar en la elección presidencial de 2012 los fenómenos observados en la elección de medio mandato.
El fallo dictado el 21 de enero de 2010 por la Corte Suprema en la causa en la que se enfrentaban la organización conservadora Citizens United y la Comisión Electoral Federal desempeñó un papel fundamental. Dándoles la razón a los conservadores, quienes reivindicaban el derecho de difundir una película en contra de Hillary Clinton con el pretexto de la libertad de expresión, los jueces cinco votos contra cuatro- echaron por tierra un siglo de regulación que impedía hasta entonces a los grandes grupos privados utilizar sus recursos para inclinar la balanza. Las personas jurídicas (asociaciones, sindicatos, empresas privadas, etc.) gozan actualmente del mismo derecho a hacer valer sus opiniones que las personas físicas; pueden movilizar los medios que deseen para producir y difundir películas y propagandas políticas.
La decisión de la Corte Suprema provocó inmediatamente numerosas y, a menudo vivas reacciones. Obama vio allí una gran victoria para las multinacionales del petróleo, los bancos de Wall Street, las compañías de seguro de salud privadas y todos los demás grupos de intereses privados que, cada día, movilizan sus fuerzas en Washington para ahogar la voz del pueblo estadounidense
(4). Según el fundador del Instituto Nacional de los Derechos del Elector (National Voting Rights Institute), John Bonifaz, la posibilidad otorgada a las multinacionales de usar ilimitadamente sus fondos para difundir sus opiniones políticas las convertirá en los verdaderos dueños de nuestra democracia.
En efecto, los sectores empresariales no tardaron en sacar provecho de la oportunidad. Los primeros sectores en ocupar el terreno de juego electoral son la industria de los servicios financieros, la industria energética y la industria de los seguros privados
(5), reconoce Scorr Reed, el mas antiguo de los consultores republicanos. Su club de
lobbying, la Comisión de la Esperanza, el Crecimiento y la Oportunidad, gasta decenas de millones de dólares para comprar spots televisivos hostiles a los parlamentarios demócratas en los estados clave. Según la asociación Media Matters Action Network, el botín de guerra de alguien como Reed solo representa, sin embargo, migajas respecto del total del financiamiento privado: en octubre del 2010, un mes antes del maremoto electoral republicano, mas de sesenta grupos de
lobbying habían desembolsado 4.000 millones de dólares para difundir 150.000 anuncios publicitarios y asegurar el envió a los electores de un numero incalculable de correos electrónicos de propaganda. Este exceso de medios supera los gastos de campaña generados por la elección de 2004, durante la cual, además de los comicios legislativos habituales (Cámara de Representantes y Senado), se desarrollaba una elección presidencial.
Por su parte, los demócratas se apresuraron a entrar en la carrera y recaudar la mayor cantidad de fondos de las multinacionales. Pero el juego era muy desigual. En 2010 estima el Centro para los Medios de Comunicación y la Democracia, que estudia los lazos de colusión entre el mundo de los negocios y el sector político-, los aportes realizados por los grupos de interés eran al menos cinco veces mayores a los de la elección anterior, y los grupos pro republicanos reunieron siete veces mas fondos que sus competidores pro demócratas.
De alguna manera, toda esta historia es tan vieja como la propia nación estadounidense. Los que son dueños del país también deben gobernarlo
(6), profesaba hace mas de dos siglos John Jay, uno de los Padres Fundadores de la Constitución. La lucha para construir un sistema político basado en el principio una persona, un voto y no un dólar, un voto- recorre la historia de Estados Unidos. En este país, podemos tener democracia o una enorme riqueza concentrada en las manos de una ínfima minoría, pero no podemos tener ambas, señalaba antes de la Segunda Guerra Mundial el juez de la Corte Suprema Louis Brandeis.
Democracia o plutocracia, esa es la opción. El complejo dinero-medios de comunicación instala un paisaje electoral mas inaccesible que todo aquello que los estadounidenses vivieron desde fines del siglo XIX
(7). Los expertos ya diagnosticaron una disminución del entusiasmo en las ultimas elecciones ¿Acaso sorprende? Los ciudadanos comprendieron que sus modestas donaciones personales, e incluso sus votos, no influyen demasiado frente a una avalancha de 4.000 millones de dólares. Sin embargo, quienes mueven los hilos de este sistema sacan provecho del cinismo y la apatía de los electores: cuanto mas rápido se de vuelta la pagina de la participación record de jóvenes en la elección del 2008 el 51% de menores de 30 años concurrieron a las urnas (contra 49% en 2004 y 40% en 2000)-, mejor estarán, ya que nada los beneficia mas que un debilitamiento de la vida cívica, propicio para su operación de control del Estado.
Para los candidatos, la alternativa es simple: someterse al nuevo complejo electoral mediático-financiero o marchar a la derrota. No sorprende que los candidatos mas íntegros o los mas abiertamente hostiles a la corrupción hayan sido derrotados en las elecciones del 2010, como el senador de Wisconsin Russel Feingold, figura del ala progresista del Partido Demócrata, pionero en las leyes de regulación de los gastos electorales, o el representante de Delaware Mike Castle, un moderado del Partido Republicano eliminado en las primarias por la heroína del Tea Party Christine ODonell. Y ello no debería modificarse el año próximo: Hemos plantado nuestra bandera, y estamos seguros de desempeñar un papel mas importante en 2012
(8), pregona Robert Duncan, presidente de American Crossroads.
Las multinacionales y sus consultoras disponen de una aliada decisiva: la industria de la televisión. El año pasado, esta vivió la temporada electoral más jugosa de su historia, gracias a una nueva vaca lechera: la publicidad política. En efecto, aproximadamente dos tercios de las sumas gastadas en 2010 fueron a parar a sus cajas. En los años 90, los spots políticos representaban el 3% de los ingresos publicitarios de un canal comercial; actualmente, esta proporción alcanza el 20%. Y las productoras la pasaron de maravillas: según
Los Ángeles Times, la tarifa de u spot de treinta segundos aumento de 2.000 dólares en 2008 a 5.000 dólares en 2010.