De niño me caracterice por tener todo tipo de mascotas en la huerta de mis abuelos. Algunas no tradicionales como: lagartijas, ranas y hasta arañas, pero pasado el tiempo me tuve que acostumbrar a que los gatos eran la mejor opción para no asustar a mis padres o mis abuelos o no darle algún infarto a las temporeras que trabajaba en los establos.
Como sea; Tomas llego a casa siendo un minino de unos 3 meses. Gordito, blanco, con pintas negras en la cara y con cola azabache. Creo al principio dormía en mi cama y regularmente me despertaba a las 6 de la mañana para darle su leche, y yo me levantaba aun cuando me quitaba tiempo del desayuno. Pues bien, aunque era un gato burgués que pasaba el mayor tiempo de su vida retozando, adquirió la costumbre de pillar pajaritos y ratones de campo los que traía frecuentemente como ofrenda a mi mama o a mí mismo.
Varias veces tuve que sacar de mi pieza ratones semi-descuartizados, cuya cabeza estaba en el baño cerca del limpiapiés
o hasta en la entrada. Este gato en uno año se había convertido en el terror del barrio, asi como el "zeta" de los gatos o verdugo de cuanto bicho inferior tratase de invadir la estancia
. Eso si cuando le llego la pubertad le dio por escaparse de casa, cruzando hacia la calle sorteando autos con impaciencia, aunque varias veces desconocía el peligro quedándose con su guatita como cepillando el piso.
Se perdía como un mes y luego llegaba con sus heridas de guerra. Todo mordisqueado, con un ojo caído
o con el hocico partido, la cola entre las piernas como el perro arrepentido...Tomás se peleaba con cuanto gato trataba de robarle a sus hembras y no siempre ganaba. El asunto es que mi viejo viendo la situación de que el gato no pasara agosto opto por llevarlo al veterinario a extirparle sus presas (castrarlo)
, y Tomas como si supiera el peligro se arranco por toda la pieza mientras yo trataba de pillarlo. Le latía su corazón cuando logre tomarlo y me dejo de regalo unos rasguñones como si me hubiera vuelto emo. El gato se me escapo entonces de las manos y cruzo raudo la calle, como si no existiera un mañana
y asi fue que no lo vi mas hasta un tiempo que volviendo del colegio divise en un jardín a un gato igual a mi Tomas que me miro fijamente. Le hable para que se acercara a la reja y el gato en un gesto desdeñoso se fue, sin antes pegarme la última mirada. Ese día me quede callado y comprendí que gato había cambiado de familia, de nombre, de papeles y quizás hasta de nacionalidad. Bueno quizás por eso ahora me gustan los perros, pero ese gato fue un loquillo mientras nos adopto, y no al revés
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