[CONCURSO] La leyenda de La Tirana

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24 Ene 2014
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La Tirana y su leyenda

La Leyenda de La Tirana y de su milagrosa Virgen comenzó a gestarse en los albores de 1535 cuando Diego de Almagro salió del Cuzco y a la Conquista de Chile. Lo acompañaban quinientos cincuenta españoles y alrededor de diez mil indios peruanos.

Iban también dos hombres importantes: Paulino Tupac, príncipe de la familia de los Incas y Huillac Huma, último Sumo Sacerdote del extinguido culto al Dios Sol.

Ambos eran tratados en forma deferente por los españoles y estaban destinados a pagar con la vida si se producía conato de rebelión entre los indios que formaban parte de la expedición.
Vinieron también secretamente, muy camuflados en las filas, un cierto número de “Wilkas” o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales Incas y un grupo de sacerdotes, quienes bajo su aparente humildad y sumisión esperaban sólo el momento oportuno para vengarse.

El sumo sacerdote y su hija

Acompañaba en la expedición a Huillac Huma su hija, la “ÑUSTA”, que nacida años antes, tenía un sus venas sangre de los Incas soberanos de Tahuantisuyu, que aún sufrían el vejamen que les impuso el débil y confiado Atahualpa. Al rendirse, Paullo Tupac nunca pensó acompañar hasta el fin la expedición; es así como Huillac Huma, desprendiéndose sigilosamente del Ejército Español, encontró la ocasión que tanto esperaba . A la altura de lo que era Atacama la Grande, más tarde Calama, huyó a la provincia de Charcas. Sus planes eran fomentar la rebelión que promoviera en el Cuzco el Inca Manco.

El grupo de Incas que se quedó con la “Ñusta” Huillac, también pensaba en huir con su princesa.

Huye Huillac Huma

Al alcanzar la hueste desertora la cálida región de Pica, huyó esta vez la “Ñusta Huillac”, seguida de un centenar de Wilkas y adictos servidores. Se refugiaron en un bosque de tamarugos y acacias silvestres, que por entonces cubrían en su mayor extensión lo que ahora llamamos Pampa del Tamarugal. Lo que queda aún en nuestros días, muchos lugares de salvaje belleza, en las inmediaciones del pueblo de Tarapacá y en los alrededores de los caseríos de Canchona y La Tirana. Por eso apodaron con el nombre indígena “Tarapacᔠesa región, porque en lengua incaica significa escondite o bien de boscaje impenetrable.

La Ñusta y su reinado

Y así fue como durante cuatro años la “Ñusta Huillac”, rodeada de sus fieles y valientes “Wilcas”, fue la reina y señora de esos lugares. Con inteligencia organizó sus huestes, las distribuyó y convirtió esos bosques de tamarugos en un baluarte inexpugnable, regido por la férrea mano de la bella princesa incaica, que pasó a llamarse “La Tirana del Tamarugal”

La princesa y su fama

La “Ñusta” regía su territorio con puño de hierro. Sus hazañas gestadas en su ardiente dedicación a la causa de su nación, traspasó muy pronto los límites de su comarca y su fama comenzó a extenderse por todo el norte. Las tribus vecinas y las muy remotas vieron en la bella princesa la capitana viviente y gallarda de sus ideales y la apoyaron en su airada protesta contra la dominación extranjera.

De todos los rincones del territorio de Tanhuntisuyu acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad; nutridas huestes de hombres de corazón bien puesto y dispuestos a luchar y sucumbir al lado de la animosa “Ñusta” por el suelo natal y su fe.

La selva primitiva y bravía del Tamarugal fue durante cuatro años el extremo reducto de una raza y de un culto que estaba proscrito y, sin embargo, cada día ganaba más fieles, porque los indígenas renegaban del cristianismo.

Rodeado de peligros y asechanzas ese puñado de indios peruanos valerosos e indómitos que dirigía la “Ñusta” se vio obligado por el rigor de las circunstancias a hacer frente a sus enemigos y a vivir una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder. Y así era la costumbre hasta que La Tirana sucumbió ante el amor.

La pasión de La Tirana

“La Ñusta Huillac”, temida por sus enemigos y conocida en treinta leguas a la redonda como la bella “Tirana del Tamarugal”, no pudo cumplir lo que había predicado: un día sus huestes atacaron en las inmediaciones de las selvas a un grupo enemigo y capturaron algunos prisioneros. Así fue como llevaron a su presencia un apuesto extranjero: cuando lo interrogó, muy altivo dijo llamarse don Vasco de Almeida y pertenecer a un grupo de mineros portugueses establecidos en Huantajaya, añadiendo que se había internado en la comarca en busca de la “Mina del Sol”., cuya existencia le había revelado un cacique amigo.

Mirarlo y enamorarse fue una sola cosa. El corazón de la “Ñusta” tan implacable comenzó a latir más a prisa. El amor llegó y la “Ñusta” no pudo contenerse. Pero lamentablemente, reunidos los “Wilkas” y los ancianos de la tribu, acordaron que se aplicase la pena de muerte al prisionero.

Su corazón, que no había conocido vacilación y que hasta ese instante estaba embargado de odio y de venganza, se estremeció de pena al escuchar la cruel sentencia.
Un sentimiento de amor y compasión brotó de ella y comenzó a pensar como romper la tradición de odio y librarlo de la muerte.

Una sola mirada del apuesto prisionero bastó para hacerla quebrantar sus principios y todas las leyes se derrumbaran. La juventud, el porte distinguido, el estoico desdén de la muerte que demostró el noble y gallardo prisionero, aumentaron su amor y le indujeron a amar con desesperación a ese hombre, cuya vida estaba en sus manos como sacerdotisa y reina de su pueblo.

La Ñusta salva al prisionero

Después de pensar la noche entera, la “Ñusta” encontró una fórmula para salvar a su cariño. Un ardid para prolongar la vida del hombre amado.

En su carácter de sacerdotisa fingió consultar los astros del cielo e interrogar a los ídolos, tutelares de la tribu. Después de meditar, reunió a su tribu y dijo que la ejecución del prisionero debía retardarse hasta el término del cuarto plenilunio, que así los ídolos le habían respondido.

Los cuatro meses siguientes fueron de descanso para los guerreros del Tamarugal. La “Ñusta” Huillac no repitió durante ese período las correrías asoladoras que eran el espanto de los colonos de Pica y Huantajaya. Ella tenía otro objetivo: quería vivir su pasión y eso le dio al prisionero dos “lunas más de vida”,

Las miradas de la “Ñusta” y Vasco de Almeida fueron cuajando en una amor una pasión incontenible; nada podía detener la pasión de la sacerdotisa incaica, que empezó a mirar la vida con los ojos del portugués.

La conversión de la sacerdotisa

Los diálogos bajo los tamarugos se prolongaban de sol a sol. Mirando a los ojos al portugués, la “Ñusta” preguntó: “Y de ser cristiana y morir como tal ¿renaceré en la vida del más allá y mi alma vivirá unida a la tuya por siempre jamás? ...”

- “Así es, amada mía”- contestó el portugués.
- “Estás seguro de ello, ¿verdaderamente seguro?, inquirió la “Ñusta”.
- “Me mandan creerlo mi religión y mi Dios, que es la fuente de toda verdad”.
En un rapto impetuoso la “Ñusta” pronunció las palabras que serían su perdición.
- “Entonces bautízame, quiero ser cristiana; quiero ser tuya en ésta y en la otra vida” ...

El bautizo de La Tirana

La “Ñusta” comenzó a vivir sólo para su pasión. Entregada al deleite del amor, la sacerdotisa descuidó las prácticas del rito incaico al Dios Sol.

Su embeleso de mujer amada impedíanle ver el ceño adusto de sus “Wilkas”, ni el hosco ademán de los sacerdotes, ni la reserva glacial de sus súbditos, cuando la veían en sus devaneos amorosos con el extranjero.

Altiva y serena, actuando bajo los impulsos de una firma resolución, se dirigió un día a la fuente que había en una de los claros del bosque. Vinieron los besos, los juramentos y el “NUNCA NADIE nos separe”. En el paroxismo de su pasión, la “Ñusta”le dijo:

“Llévame a tu Dios que nos permitirá estar eternamente unidos”. Diego de Almeida le contestó: “tienes que bautizarte”, la “Ñusta” hincó la rodilla en el césped –cruzó sus brazos sobre el seno en actitud de humilde e inefable espera y pidió ser bautizada -.

Almeida cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada neófita pronunció las palabras sacramentales:
“Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espí ...”

No pudo terminar la frase, porque los “Wilcas” que los vigilaban y que no aceptaban esa pasión, no pudieron resistir esa traición de sus principios y en airada reacción dispararon una nube de flechas sobre ellos.

Ambos cayeron abatidos como tronchados por el huracán.
“Ñusta Huillac”, herida de muerte, sobreponiéndose a sus intolerables dolores, llamó a su alrededor a los Wilkas, a los sacerdotes y al pueblo y con voz entrecortada les dijo:

-“Muero contenta, muero feliz, segura como estoy, como creyente en Jesucristo, de que mi alma inmortal ascenderá a la Gloria y llegaré al trono de Dios, junto al cual estará mi amado, con quien estaré toda una eternidad. Sólo les pido que después de mi muerte, coloquen una cruz en mi sepultura, que estará al lado de la de mi amado”.

Indicio en el cielo

Corrían los años de 1540 a 1550 cuando fray Antonio Rondon, de la real orden mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar en todas partes el estandarte de Cristo.

Un día vio un arco iris y siguió su comienzo hasta un bosque de tamarugos. Ahí, con infinita sorpresa, encontró una cruz cristiana en uno de los claros de este bosque.

El santo varón vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal. Por eso edificó una Ermita, que con el correr del tiempo, se convirtió en Iglesia que colocó bajo advocación de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, pensando en el escapulario Carmelita que llevaba Vasco de Almeida.

Dicha iglesia se convirtió desde los primeros años de su consagración en asidua romería de los naturales de los pueblos y sierras inmediatas, en cuyas venas corre sangre coya. Fue la que fluía por las venas de la bella, sensible y desdichada “ÑUSTA HUILLAC”, que le legó su nombre y que con su historia de fe y amor impulsó el culto a “LA TIRANA”.


El origen de la fiesta de La Tirana

Durante un par de siglos esta pequeña ermita se mantuvo como centro de peregrinación familiar para los habitantes de la zona, que manifestaban con cantos y bailes populares su veneración por la imagen de la Virgen.

En 1830 la región comenzó a experimentar una gran transformación debida al auge del salitre. Materia prima esencial para muchas manufacturas de la época, generó la fundación de varios centros de explotación y procesamiento, conocidos como “oficinas salitreras”, que contrataban abundante mano de obra en el sur del país. Muy pronto estos obreros, en una tierra lejana y agreste, se habituaron a visitar la ermita de Nuestra Señora del Carmen.

Con el tiempo resolvieron iniciar una campaña de recolección de materiales para construir una iglesia, la que fue inaugurada el 16 de julio de 1886.

Hacia 1930 llegó el ocaso de la explotación salitrera y las oficinas fueron cerradas paulatianmente. Pero, aunque obligados a emigrar a las grandes ciudades del norte y centro de Chile, los pampinos mantuvieron la hermosa tradición de peregrinar una vez al año a La Tirana, y hoy la fiesta se transformó en un legado de identidad chilena de la pampa.

Elcira Soto, nacida pampina, recuerda que en en esa época “la gente venía en camión a la Fiesta desde la oficina de Buenaventura, en familia. Antes de salir debíamos pedir permiso al encargado de la oficina, bailando frente al edificio de la administración. Comencé en un baile piel roja de la oficina de Victoria. La gente venía de todas las oficinas. Y todos esos bailes continúan hasta el día de hoy porque siguieron sus hijos, nietos y bisnietos de esos bailarines. Es una tradición familiar, muy sacrificada en esa época.”

De esta forma, el santuario se fue haciendo más conocido y comenzó un flujo cada vez mayor de devotos.

Un rasgo característico y fundamental son los coloridos y animados bailes religiosos: Promeseros, Cuyacas, Gitanos, Chunchos, Pieles Rojas, Morenos, Indios… son sólo algunos nombres de los casi doscientos grupos que cada año rinden tributo a la imagen de la Virgen del Carmen de La Tirana.

Masiva misa frente al Santuario del 16 de julio.

Para quien los conoce por primera vez, los bailes pueden parecer algo extraño pero al mismo tiempo sorprendente. Son el resultado de una fusión entre antiguas ceremonias incas, el carnaval chino –debido a los numerosos inmigrantes de ese país llegados a comienzos del siglo XX– y las danzas populares en honra de la Virgen del Socavón, patrona de los mineros bolivianos.

La “Fiesta Grande” se realiza el 16 de julio, el día de Nuestra Señora del Carmen, feriado nacional, pero para los bailes religiosos los preparativos empiezan en marzo, con la confección de los vistosos trajes y los ensayos de la coreografía. Con el pasar del tiempo, los grupos fueron organizándose en asociaciones de fieles, también llamadas “hermandades”. Cada una debe recaudar los fondos para contratar la banda de música que tocará durante su baile frente a la Virgen.
Los movimientos multicolores de esos bailes religiosos y la devoción creciente a la Virgen del Carmen configuran una de las mayores manifestaciones de piedad popular en Chile, tanto como llamar a La Tirana “la Capital de la Fe del Norte de Chile”. Una fe que para llegar al Corazón de Cristo, busca instintivamente la mediación de María.

Los Bailes de la Tirana

Algunos de los bailes religiosos que participan en la fiesta:

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Antawaras: Danzas realizadas en punta de pie y con brazos levantados, originados en las ceremonias incaicas de culto al Sol, lo que explica el carácter invocativo de los brazos hacia el cielo. El hombre baila con ropa uniforme decorada, un sombrero de fieltro generalmente de color crema y un poncho delgado decorado con lentejuelas y lana de colores. Las mujeres utilizan polleras, blusa decorada, sombrero de fieltro y zapatos bajos.

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Chinos: O “servidores”, venidos desde el santuario de Andacollo ( La Serena), de origen posthispánico. Visten trajes que son remembranzas de los antiguos mineros de la región, de color café carmelo especialmente bordados, con sus culeros en la cintura y capachos (trozos de cuero para cargar mineral) en la espalda. La música se basa en instrumentos aerófonos monocorde y un tamboril. Hoy en día la sociedad religios “Baile Chino” es la más antigua en la festividad.

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Chunchos: Baile mixto de origen boliviano, los bailarines describen círculos, con pasos y saltos largos. Éstos llevan una lanza de madera en la mano denominada “chonta” conectada a un cable tenso que permite percutir con la madera generando un sonido suave característico. Es acompañado con pitos, tambores (bombos) y caja y en los últimos años han sido agregados instrumentos de percusión y bronces. Los vestidos, aunque son de colores uniformes, están ornamentados con plumas coloridas y en algunos casos se porta un penacho en la cabeza.

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Gitanos: Como lo dice su nombre, el baile recuerda los grupos gitanos, con vestimentas coloridas y donde destacan el uso de pañuelos (en el caso de los hombres, es utilizado extendido detrás de los hombros). Las mujeres acompañan la música con la utilización de panderetas.

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Indios: Originados bajo influencia del cine mudo estadounidense que llegaba a los teatros de las oficinas salitreras. Imitan las representaciones de indígenas apaches, sioux, pieles rojas, etc. La vestimenta se remite a largos tocados de plumas y cintillos y el uso de lanzas para marcar el compás de la música. En la noche se realizan grandes fogatas en torno a las cuales se danza acompañados de bandas musicales que recuerdan antiguos western.

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Kullacas: En quechua, “hermana mayor”. Se remonta a las danzas ceremoniales de las Vírgenes del Sol del Imperio inca. Este baile femenino consta de diversas mujeres que giran en torno a una gran vara. Cada bailarina lleva una cinta de color unida al extremo superior de la vara, por lo que a lo largo de la danza, las distintas cintas se trenzan en el poste, para seguir luego desenredándola y así terminando la danza.

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Morenos: Esta danza muy caracteristica de las fiestas religiosas del Norte de Chile representa a los esclavos de los pueblos originarios del Norte de Chile (propiamente mineros) los cuales eran forzados a trabajar para los colonos. Usan una matraca simulando el sonar de las cadenas de estos ya sea en pos de celebración o recogimiento.

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Diabladas: Son las más vistosas por el decorado de sus trajes y sus atractivos pasos de baile. Se inspiran en la diablada altiplánica boliviana que llega a la fiesta el segundo tercio del s. XX. Se basa principalmente en filas de cholas (mujeres) y diablos ( hombres) quienes frente a la imagen de la Virgen van danzando intrincadas coreografías que representan la lucha del bien y el mal. De noche las máscaras de los hombres se iluminan con luces, lo que llena de colores la noche pampina.

Fuentes
 
muy buen tratado , exito igual para ti en el concurso ..!! , la tirana siempre me dio como pena , no se ... gracias !!!
 
Excelente, conocía la historia de La Tirana porque vivía en Iquique y todo Julio me iba a vivir al pueblo xd

La historia en si estaba en la iglesia "nueva", señalar que hay dos iglesias, la vieja que esta a las afuera del pueblo yendo hacía la Huayca y Pica y la nueva que es la que se muestra siempre en fotos y videos. Esta ultima tenia la historia narrada en imágenes por todas las paredes de la iglesia, luego del terremoto del 2005 y su posterior reconstrucción fueron sacadas, hace mucho tiempo que no voy a esta iglesia y no sé que habrá pasado con esas imagenes.