Crónicas de B. Relatos de M.

MimosaMonica

Usuario Nuevo nvl. 1
26 Ago 2015
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Hola a todos:

Os presento un blog que he empezado hace poco. Quiero ir publicando una serie de relatos sobre dos personas, B (la chica) y M (el chico), quienes poco a poco irán descubriéndose así como llevando su sexualidad hasta el límite.

No lo pongo todo aquí (he incluido apenas un par de párrafos del primer relato) porque mi idea es que esto vaya creciendo y creciendo. Agradecería críticas, ideas, sugerencias y demás.

Un saludo a todos y que lo disfruten.

Por un segundo B no sabe qué hacer, cómo reaccionar. Finalmente deja el bolígrafo sobre la mesa y se decide a apartar la mano del descarado chico, pero cuando ya casi la roza, él la mueve ligeramente hacia abajo, llegando a tocar la piel desnuda que asoma bajo el pliegue de la falda con la yema de sus dedos, a la vez que realiza una ligera presión. La mano de B se queda congelada en el aire, mientras la del joven comienza el camino inverso, sube lentamente hacia la parte del muslo que limita con cadera. Al realizar este movimiento ha levantado la falda ligeramente, puede que menos de un centímetro, y cuando la mano del chico vuelve a descender, la tela corrige su posición. Una vez más los dedos del muchacho apenas rozan la piel de B, el resto de la mano permanece sobre la tela del vestido.

B vuelve a llevar su mano a la mesa y coge de nuevo el bolígrafo, mira de reojo una vez más al desconocido, pero este no parece percatarse de su mirada. Un ligero acaloramiento comienza a formarse en el pecho de B, nota como su estómago se contrae mientras siente el contacto del joven a través de la fina tela del vestido. Quizás sea la cerveza, quizás esté un poco borracha, quizás... Por su mente cruza un pensamiento veloz como un rayo, lo considera por unos instantes, le da vueltas en la mente como un niño daría vueltas a un caramelo en su boca, hacía acá, hacía allá. Finalmente se decide, y cuando lo hace nota que el rubor sube a sus mejillas. Vuelve a bajar la mano y aparta ligeramente la del chico, sólo un segundo, el tiempo suficiente para volver a posarla sobre su muslo desnudo y cubrirla con la falda del vestido.

El chico no se ha inmutado ante el cambio de situación. Pareciera que cuerpo y extremidad fueran dos entidades separadas que se ignoraran mutuamente. La mano de su vecino repite su camino hacia arriba y hacia abajo, aunque ahora se ha desplazado un poco hacia la cara interior del muslo. B respira profundamente, llenando sus pulmones de aire, más que una respiración al uso es un suspiro profundo. Ladea la cabeza y deja caer su pelo sobre el hombro izquierdo, creando una barrera entre ella y su amiga, inclina también un poco el cuerpo hacia adelante a la par de que retrasa las caderas y separa ligeramente las piernas. El toque del muchacho la está excitando y su cuerpo reacciona casi de manera automática.

Improvisadamente el chico empieza a centrar sus masajes en la parte superior del muslo y alarga el meñique, de tal modo que con él roza ligeramente la tela de su ropa interior. B sólo lleva un minúsculo tanga, no suele vestir nada más grande que ese pequeño triángulo de tela; duda por unos segundos si dejar otra vez el bolígrafo sobre la mesa y bajar el cordón de esa prenda íntima para permitir el acceso de la mano de vecino de asiento. Pero el chico parece haberle leído el pensamiento. Sin darse cuenta de cómo, el joven aparta la tela hacia un lado y deja su sexo al aire. Ahora el toque con el meñique se vuelve más intenso y unos ramalazos de placer suben por la espalda de B.

Un nuevo cambio de postura, B adelanta el cuerpo y se sienta sobre el borde mismo de la silla, abre las piernas todo lo que puede sin llegar a tocar a su vecina de la izquierda y deja que la mano del muchacho abarque todo su sexo. Nota cómo uno o dos dedos se deslizan por el borde de sus labios vaginales, cómo suben y bajan, cómo al subir rozan su clítoris. Respira fuertemente por la nariz, en aire entra y sale evitando la boca, pues B teme que si la abre, tan sólo un milímetro, para dejar escapar el aire, lo que salga de sus labios sean un gemido de placer. Ahora, ahora, ahora sucede, el desconocido acaba de introducir dos dedos dentro de B, ella abre los ojos desmesuradamente por la sorpresa y no puede evitar una inhalación más ruidosa en sus oídos de lo que en realidad es.

La mano se muestra sumamente hábil en su cometido, o quizás la excitación de B por lo comprometido de la situación compensa la falta de pericia del chico. Poco importa, el placer se extiende desde su vientre hacia abajo, sus piernas, que suportan gran parte de su peso, pues apenas si está ya sentada en el banco, parecen debilitarse. Hacia arriba, siente sus costados temblar ligeramente y cómo el bolígrafo ha estado a punto de caer de sus dedos, los cuales apenas tienen fuerza para sostenerlo. Por todo su cuerpo, nota como su pulso se ha acelerado, le parece percibir incluso que las venas de sus muñecas han aumentado su volumen.

Aquí tienen el enlace.
 
Hola de nuevo a todos. Ahora publiqué una nueva historia de M, Patrick y Patricia.

Me preguntaba si ustedes tuvieron alguna vez una experiencia de trío. He intentado relatarlo desde el punto de vista del chico, pero no sé si quedó bien ¿Qué les parece?
 
Una nueva crónica de B, hacía ya varias semanas que no publicaba nada, pero aquí os dejo un poquito de la nueva historia:



" B contempla el torso desnudo de su amiga, no es la primera vez que le ve los pechos, pero no deja de sorprenderle lo oscuro de sus pezones. Las areolas, grandes, de un marrón casi negro, se señorean en medio de las mamas, los pezones, enhiestos, sobresalen desafiantes. B se saca su propia camiseta y se desprende del sostén y se inclina sobre su amiga. Nota los pechos de la otra contra los suyos, contra el esternón y un poco más abajo cuando se inclina sobre ella. Muerde a Luana en el lóbulo de una oreja y desciende por el cuello hasta la base del mismo, junto a la clavícula. Con cada pequeño bocado la chica deja escapar un gemido. B encaja la rodilla entre las piernas de la otra y continúa bajando con la boca, alternando los besos con los bocados, hasta llegar a uno de los pechos. Nota la pierna de Luana contra su sexo y arquea las caderas, presionando contra el muslo ajeno. Toma suavemente el pecho entre los labios y besa el pezón. Luana la agarra por detrás y la acerca hacia si, ha susurrado algo, pero B no la ha entendido. Succiona ahora llevándose el pezón entero al interior de la boca y lo roza apenas con la punta de la lengua. Luana repite la imprecación y ahora B sí la entiende “te mato, te mato como pares”. B no piensa hacerlo, ella misma se está excitando como nunca en su vida. Jamás había pasado por su imaginación hacer algo tan osado."


Más en http://cronicas-y-relatos.blogspot.no/2015/10/cronica-de-b-v.html
 
buena historia pero en lo personal prefiero relatos reales....pero igual se agradece tu aporte
 
Seguimos con nuevas historias, ahora le toca a M. Espero que les guste.

(...)

Coge el móvil de la mesilla y se pone a trastear. Sigue enfadado pero también está aburrido, no le apetece jugar a la videoconsola solo, eso es cosa de Toni. Si él estuviera allí quizás echarían una partida juntos. Los nombre de la agenda suben y baja, M busca aparentemente sin saber qué o a quién, pero finalmente en la pantalla brilla un nombre conocido. En su fuero interno sabe que lo ha buscado conscientemente, pero nunca lo admitiría. Ese nombre llevaba rondándole desde hacía un buen rato, quizás incluso desde que salió de la Facultad, o puede que incluso allí. Hasta ese momento había sido un capricho que rondaba los límites de su consciencia, pero ahora tiene que admitir para sí que lo que realmente le apetece es echar un polvo con Lorena.




La respuesta al mensaje no tarda en llegar, aunque M apenas si la ha esperado para empezar a vestirse. “Estoy en casa, pásate si te apetece” le ha escrito la chica, aunque decir chica es bastante aventurado, mujer sería el término más correcto. En cierta medida se siente mal por “usarla” (incluso en sus pensamientos la palabra aparece con comillas), pero al fin y al cabo, de ser tal sería un uso recíproco. No sería la primera vez que ella le llama para que se pase por su casa a media mañana por el simple hecho de que está aburrida. A decir verdad M aún no sabe exactamente a qué se dedica Lorena, nunca lo ha preguntado abiertamente, pero también es que le da igual. El acuerdo tácito al que han llegado excluye preguntar por la vida del otro, del mismo modo que excluye dormir juntos y tantas otras cosas. Pero incluye sexo sin compromiso en horario escolar, que es lo que ahora necesita el joven.




Cuando sale del edificio el taxi que ha encargado ya está esperando. La casa de Lorena está en la otra parte de la ciudad, y entre autobuses y con el calor que hace M llegaría sudado y pasada casi una hora. Rara vez el deseo resiste la espera bajo el sol en una parada de autobús. El trayecto en taxi tampoco es que sea rápido, el vehículo se toma sus buenos 20 minutos, pero al menos el aire acondicionado mantiene fresco el interior. Al otro lado de la ventanilla la ciudad cambia según atraviesan los barrios, y sobre ellos, siempre las colinas sembradas de casillas perenemente a medio construir.




Lorena vive en un barrio de clase media, lejos del centro, pero casi un pueblo en sí mismo. A veces M se pregunta cómo fue posible que se conocieran. Pese a que no pregunta por la vida de la mujer, tiene fundadas sospechas de que no se mueven ni por asomo en los mismos círculos. De hecho los famosos seis grados de separación podrían haberse quedado cortos en su caso si no la casualidad no lo hubiese llevado a una discoteca de las afueras hacía casi un año.




En cuanto el vehículo se detiene M salta de él y cruza la acera para entrar en el portal. Timbra y, sin preguntar, le abren desde dentro. Lorena vive en el primer piso, así que no se molesta en tomar el ascensor. Al alcanzar el rellano ella está en la puerta esperando, no es una belleza pero tiene una mirada inteligente, roza los cuarenta y está algo entrada en carnes, pero no se puede decir que esté gorda. Lorena sonríe al verlo llegar “te he visto desde la ventana, pasa” le dice mientras le cede el paso. Al cerrarse la puerta M la agarra por el culo y la besa. El pelo le huele productos de limpieza, no a champú, sino algo más químico que no consigue identificar.

-Tranquilo, el chico no llega hasta dentro de tres horas.



Pero M no se puede tranquilizar, como los perros de Paulov, su cuerpo anticipa lo que está por llegar y las hormonas se desbordan por su torrente sanguíneo. Toma a la mujer por la mano y se encamina al dormitorio. El piso es modesto, con muebles gastados por el uso, juguetes y libros infantiles por doquier, fotografías de desconocidos… pero limpio, luminoso, acogedor. M podría vivir ahí si el destino así lo quisiera. De repente Lorena se suelta y se planta en medio del pasillo. M se gira a mirarla. La mujer se suelta el pelo y los rizos oscuros le caen por la espalda y los hombros. A un paso atrás a la vez que se descalza las sandalias de un verde insultante. Lleva un vestido anchote de flores que le deja a la vista un escote generoso. Da otro paso hacia atrás, sin perder de vista a M y se saca el vestido por la cabeza, dejándolo caer en el suelo. Ahora solamente lleva unas bragas negras cuyos bordes están clareados por el uso. Sus pechos están al aire y en su vientre, algo caído, se notan las marcas de la maternidad. Con todo M no puede dejar de sentir el deseo y el ansia de tomarla y avanza un paso hacia ella.

(...)

El resto de la historia aquí.