La naturaleza de los dioses es simplemente inexistente. Los humanos tenemos naturaleza; los animales tienen naturaleza; los elementos químicos tienen naturaleza, incluso el amor tiene naturaleza. Pero las deidades son unidades abstractas y creaciones caprichosas de la plebe que han encontrado un lugar en la falta de curiosidad y en la esperanza (si se le puede llamar así). La gente alimenta día a día el existir de Alá y de Yahvé, un existir tan falso que el mismo mito del chupacabras moriría de envidia. Hablo de la necesidad en el sentido de que la racionalización sobre los dioses no tiene lugar, no debería tenerlo más bien. La creencia y la misma refutación sobre estos no debe existir más; no hay necesidad de filosofar acerca de algo que no se puede palpar ni comprobar, pero sí hacerlo con el objetivo de promover no hacerlo. Volver romántica la felicidad humana y las emociones no significa crear amigos imaginarios.
Pero vamos a la pregunta original “parafraseándola”: ¿Por qué la gente conserva sus deidades? En un principio, cuando la ciencia no se podía definir ni siquiera como un embrión, la curiosidad asaltaba la mente de los primeros humanos. El mundo que los rodeaba era tan mágico para ellos que su capacidad cerebral se daba un festín cada vez que había una tormenta o cada vez que un roble era devorado por las llamas provocadas por un rayo. En ese momento la ciencia daba sus primeros pasos, una ciencia plagada de inconsistencias y de improvisaciones. Y me duele nombrar al tipo de pensamiento que voy a mencionar enseguida como ciencia, pero en cierta medida lo era, ya que trataba de explicar el por qué de las cosas y además no tenía contraparte. Me refiero a la creación de seres sobrenaturales que vigilaban omniscientemente todo lo que ocurría en su colonia de hormigas; hablo de los dioses. Aunque pudiera parecer una resolución estúpida (en nuestros tiempos) a la curiosidad de nuestros antepasados, tenemos que entender que ellos operaban con nada; no tenían nada que les pudiera poner a pensar en otra alternativa. El desarrollo del método experimental o incluso la observación no se podían ni siquiera representar con símbolos; su existencia no era ni material ni abstracta. Bajo estas premisas, se puede decir que la idea de las deidades era hasta cierto punto aceptable o usando una palabra más precisa, tolerable.
Qué paso con esta inocente manera de explicar su mundo? Todo era bello y armonioso en ese momento, pero de repente ese pensamiento fue embestido de manera vil por los factores control y rentabilidad. De un momento a otro (uno de los peores momentos de la historia), a quien se puede considerar como el paria de la humanidad se le ocurrió la idea de institucionalizar a los dioses, de ponerlos en nómina y poner en orden a sus mismas deidades (gran contradicción puesto que los que mandan son los de arriba, por algo son todopoderosos), la religión empezaba a contaminar el aire. Y ya que no hablamos del por qué surge la religión, ¿Cómo ayudó ésta a alimentar la necedad de los creyentes y volverlos arrogantes de una manera tan irresponsable?, es decir, ¿Por qué los dioses se volvieron tan indestructibles? Por medio del miedo y la tortura psicológica, tan simple y tan sencillo como eso. El hombre tuvo tanto miedo de no honrar a Dios (eufemismo para sacerdote) que las ovejas lo pagaron e incluso otros hombres. En estas etapas de la religión, la creencia en un(os) todo poderoso(s) era más que nada obligatoria si lo que se quería era vivir en paz y con condiciones atmosféricas decorosas. Las cosechas dependían del ánimo de Ra o de cuánto se promoviera el narcisismo de Odín. A estas alturas, todo empezaba a mostrar síntomas de una decadencia colectiva.
En resumen, todos o mas bien en masa necesitamos controlar algo, por lo cual la creencia en dioses es controlada aun que el tiempo se convierta en fe ciega.