Desenterrar el pasado: La masacre de los comunistas de Indonesia en 1965
La Historia del Tiempo Reciente y los estudios sobre la memoria han dilucidado fenómenos que, por la
magnitud de las atrocidades cometidas, con>guraron genocidios. La declaración de 1948 de las Naciones
Unidas (United Nations, 1948, p. 1) excluyó como delito de genocidio a los crímenes contra
colectividades políticas.1
Por lo general, tales episodios feroces fueron imputados a regímenes nazifascistas,
gobiernos autoritarios de diversa índole y a aquellos surgidos de revoluciones socialistas (como Stalin en la
Unión Soviética o Pol Pot en Camboya). Los sucesos donde han sido partícipes gobiernos occidentales,
como Estados Unidos o Gran Bretaña, han tenido un tratamiento más evasivo y se esgrimieron todo tipo
de reparos a la hora de encuadrarlos. El caso que trataremos, en el que estuvo implicado el gobierno
norteamericano como cómplice, no fue el producto de guerra alguna ni puede ser atenuado como daño
colateral de la represión al lanzamiento de la lucha armada. Nos referimos al asesinato masivo de civiles, en
este caso de militantes y simpatizantes del Partido Comunista de Indonesia (PKI), por parte de las fuerzas
armadas indonesias y de otros grupos sociales y religiosos de la población, entre octubre de 1965 y marzo
del año siguiente.
Los sucesos de 1965 encajan en lo que algunos historiadores llamaron acontecimientos/catástrofes o
eventos monstruosos, cuyos efectos traumáticos apabullaron a varias generaciones (Rousso, 2012, p. 87). A
diferencia de lo ocurrido con experiencias similares, la masacre ejecutada por el general Suharto demostró
la persistencia de los dispositivos de negación establecidos por sus perpetradores y mantenidos por una
parte de la ciudadanía, mayoritariamente musulmana. La atrocidad de los sucesos, más de 500 mil
víctimas, el lapso relativamente breve en que se cometieron los asesinatos y el grueso telón de mutismo e
impunidad -ya no de acero, sino de titanio-, impuesto por las potencias del bando pro norteamericano de
la Guerra Fría, deja perpleja a la historiografía crítica.
Este trabajo pretende contribuir a los estudios sobre la gravitación del anticomunismo en la
historiografía durante la Guerra Fría. Su objeto no es incluir la matanza indonesia dentro del concepto de
genocidio, a pesar de que el tema pueda ser aludido en la descripción de ciertas dimensiones de los hechos.
El propósito del artículo es difundir en el campo académico local, las actitudes negacionistas que agencias
de inteligencia, historiadores y otros intelectuales norteamericanos impusieron sobre la masacre de miles
de simpatizantes del PKI. Además de glosar los aportes esclarecedores de una historiografía crítica,
presenta una re?exión o un interrogante no exento de controversia ¿Puede considerarse a la desaforada
matanza de 1965 como un método ensayado y reproducido por los gobiernos estadounidenses en otras
naciones, durante la Guerra Fría?
La investigación está fundada en el análisis de fuentes primarias procedentes de las agencias de
inteligencia norteamericanas implicadas en los sucesos; en investigaciones de revistas académicas
especializadas en la historia de la región; en la historiografía que trazó una versión atenuadora de la
gravedad de los acontecimiento y en la que refutó críticamente sus puntos de vista; en la prensa grá>ca
capitalista que re?ejó los hechos; y en otras publicaciones que aludieron de manera más general a la
historia de Indonesia durante el período de la guerra fría.
Descolonización, Guerra Fría y el consentimiento norteamericano a la masacre
Con el liderazgo de Ahmed Sukarno y Mohammed Hatta, Indonesia se independizó tras una guerra de
liberación transcurrida entre 1945 y 1949. Para detener la liberación, los holandeses recibieron el apoyo de
los Estados Unidos, que auxiliaron a los partidos anticomunistas en las elecciones de 1955 (Bidien, 1945, p
345). Sukarno incorporó a la nación al Movimiento de los Países No Alineados (MPNA) y fue an>trión,
en 1955, de la Conferencia de Pueblos Afro Asiáticos, en Bandung (Java). Bajo su mandato se estimularon
políticas progresistas y antiimperialistas, como las nacionalizaciones de empresas extranjeras (United
States Department of State [de aquí en más USDOS], 1963), la distribución de tierras a campesinos y una
visión multirreligiosa de la sociedad. Desde 1957, impulsó la “democracia guiada”, un estilo de gobierno.
https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&c=arti&d=Jpr19286
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36845663
La Historia del Tiempo Reciente y los estudios sobre la memoria han dilucidado fenómenos que, por la
magnitud de las atrocidades cometidas, con>guraron genocidios. La declaración de 1948 de las Naciones
Unidas (United Nations, 1948, p. 1) excluyó como delito de genocidio a los crímenes contra
colectividades políticas.1
Por lo general, tales episodios feroces fueron imputados a regímenes nazifascistas,
gobiernos autoritarios de diversa índole y a aquellos surgidos de revoluciones socialistas (como Stalin en la
Unión Soviética o Pol Pot en Camboya). Los sucesos donde han sido partícipes gobiernos occidentales,
como Estados Unidos o Gran Bretaña, han tenido un tratamiento más evasivo y se esgrimieron todo tipo
de reparos a la hora de encuadrarlos. El caso que trataremos, en el que estuvo implicado el gobierno
norteamericano como cómplice, no fue el producto de guerra alguna ni puede ser atenuado como daño
colateral de la represión al lanzamiento de la lucha armada. Nos referimos al asesinato masivo de civiles, en
este caso de militantes y simpatizantes del Partido Comunista de Indonesia (PKI), por parte de las fuerzas
armadas indonesias y de otros grupos sociales y religiosos de la población, entre octubre de 1965 y marzo
del año siguiente.
Los sucesos de 1965 encajan en lo que algunos historiadores llamaron acontecimientos/catástrofes o
eventos monstruosos, cuyos efectos traumáticos apabullaron a varias generaciones (Rousso, 2012, p. 87). A
diferencia de lo ocurrido con experiencias similares, la masacre ejecutada por el general Suharto demostró
la persistencia de los dispositivos de negación establecidos por sus perpetradores y mantenidos por una
parte de la ciudadanía, mayoritariamente musulmana. La atrocidad de los sucesos, más de 500 mil
víctimas, el lapso relativamente breve en que se cometieron los asesinatos y el grueso telón de mutismo e
impunidad -ya no de acero, sino de titanio-, impuesto por las potencias del bando pro norteamericano de
la Guerra Fría, deja perpleja a la historiografía crítica.
Este trabajo pretende contribuir a los estudios sobre la gravitación del anticomunismo en la
historiografía durante la Guerra Fría. Su objeto no es incluir la matanza indonesia dentro del concepto de
genocidio, a pesar de que el tema pueda ser aludido en la descripción de ciertas dimensiones de los hechos.
El propósito del artículo es difundir en el campo académico local, las actitudes negacionistas que agencias
de inteligencia, historiadores y otros intelectuales norteamericanos impusieron sobre la masacre de miles
de simpatizantes del PKI. Además de glosar los aportes esclarecedores de una historiografía crítica,
presenta una re?exión o un interrogante no exento de controversia ¿Puede considerarse a la desaforada
matanza de 1965 como un método ensayado y reproducido por los gobiernos estadounidenses en otras
naciones, durante la Guerra Fría?
La investigación está fundada en el análisis de fuentes primarias procedentes de las agencias de
inteligencia norteamericanas implicadas en los sucesos; en investigaciones de revistas académicas
especializadas en la historia de la región; en la historiografía que trazó una versión atenuadora de la
gravedad de los acontecimiento y en la que refutó críticamente sus puntos de vista; en la prensa grá>ca
capitalista que re?ejó los hechos; y en otras publicaciones que aludieron de manera más general a la
historia de Indonesia durante el período de la guerra fría.
Descolonización, Guerra Fría y el consentimiento norteamericano a la masacre
Con el liderazgo de Ahmed Sukarno y Mohammed Hatta, Indonesia se independizó tras una guerra de
liberación transcurrida entre 1945 y 1949. Para detener la liberación, los holandeses recibieron el apoyo de
los Estados Unidos, que auxiliaron a los partidos anticomunistas en las elecciones de 1955 (Bidien, 1945, p
345). Sukarno incorporó a la nación al Movimiento de los Países No Alineados (MPNA) y fue an>trión,
en 1955, de la Conferencia de Pueblos Afro Asiáticos, en Bandung (Java). Bajo su mandato se estimularon
políticas progresistas y antiimperialistas, como las nacionalizaciones de empresas extranjeras (United
States Department of State [de aquí en más USDOS], 1963), la distribución de tierras a campesinos y una
visión multirreligiosa de la sociedad. Desde 1957, impulsó la “democracia guiada”, un estilo de gobierno.
https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&c=arti&d=Jpr19286
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36845663