DIRECTORES DE CINE Y SUS EXCENTRICIDADES

Tema en 'Butaca Cinéfila & TV' iniciado por psikoandres, 8 Mar 2023.

  1. psikoandres

    psikoandres Usuario Casual nvl. 2
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    Cada director tiene su propia manera de hacer una película. Algunos recurren a las prácticas más convencionales, pero hay otros que recurren a toda clase de excentricidades convencidos de que esto resultará en un mejor trabajo de su cast y crew, así como en proyectos de mayor calidad.

    Desde extrañas exigencias hasta la búsqueda del perfeccionismo absoluto, recordamos algunas de las excentricidades de los cineastas durante la realización de sus películas.

    Las excentricidades incluyen prohibiciones, prácticas poco convencionales y rodajes más que tormentosos.


    Jonathan Lynn/Joe & Anthony Russo/Cary Fukunaga

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    Existen numerosos desenlaces alternativos que no llegaron al corte final por distintas razones. Sin embargo, algunos cineastas han recurrido a esta técnica de manera deliberada para generar distintas respuestas del público. Tal fue el caso de Jonathan Lynn con Clue (1985), que intentó emular las variantes del popular juego de mesa con tres conclusiones que alternaban en cada proyección.
    La apuesta no evitó que la cinta fracasara en taquilla, pero fue determinante para que alcanzara el estatus de culto y se posicionara como uno de los whodunits más valorados por los amantes del subgénero. Los hermanos Russo replicaron la técnica en Avengers: Endgame (2019), pero con un objetivo muy distinto: evitar cualquier filtración y garantizar la sorpresa del mayor crossover en toda la historia del cine de superhéroes. Eso sí, la dupla ha reiterado que el desenlace visto en pantalla fue contemplado desde el inicio del proyecto. Cary Fukunaga emuló la fórmula en Sin tiempo para morir (2020), con el rodaje de tres desenlaces que generaron gran incertidumbre hasta en el elenco estelar.


    Christopher Nolan
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    Ya era considerado uno de los directores más talentosos de su tiempo, pero ahora también figura entre los más excéntricos por sus presuntas prohibiciones en los sets de filmación: celulares, cigarros y ¿sillas? Esto último luego de que Anne Hathaway asegurara en Actors on Actors de Variety que “no permite sillas y su razonamiento es que, si hay sillas, las personas se sentarán y si están sentadas, no estarán trabajando. Él tiene estas increíbles películas en términos de alcance y ambición, destreza técnica y emoción. Siempre llega al final según lo previsto y bajo presupuesto. Creo que tiene un buen punto con la cosa de las sillas”. La prensa internacional no compartió la opinión de la actriz al considerarlo algo “tonto y pretencioso”, “inquietante”, además de una “violación laboral”, por otro lado, algunos testigos aseguraron que todo era una mentira y que las sillas nunca han estado ausentes de sus filmaciones. Esta última postura fue defendida por la portavoz del cineasta, quien reveló a IndieWire que “para que quede constancia, las únicas cosas prohibidas de los sets [de Christopher Nolan] son los teléfonos celulares —no siempre con éxito, y fumar, con mucho éxito.
    Las sillas a las que Anne se refería son las sillas de directores agrupadas alrededor del monitor de vídeo, asignadas en función de la jerarquía y no de la necesidad física. Chris elige no usar la suya, pero nunca ha prohibido las sillas en el set. El reparto y el equipo pueden sentarse donde y cuando lo necesiten, y con frecuencia lo hacen”.


    Quentin Tarantino
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    En un mundo cada vez más digitalizado, pocos entienden que Quentin Tarantino se decante por la escritura a mano, y no por una computadora o siquiera una máquina de escribir, para la realización de sus guiones. Así lo ha confirmado el guionista y director en incontables ocasiones, tras explicar que su proceso implica la compra de un cuaderno y de bolígrafos de distintos colores, en un auténtico ritual que le genera una gran ilusión al hacerle pensar que no está adquiriendo papelería, sino el equipo necesario para la concepción de un nuevo proyecto.
    De cualquier modo, el creativo explicó a Los Angeles Times que “no puedo escribir poesía en una computadora”. No es la única peculiaridad en su proceso, pues no permite ningún tipo de improvisación al considerar que “contratas a un actor para que aprenda las líneas y las diga” y tiene rotundamente prohibido el uso de celulares en el set, una regla que no se limita a su cast y crew, sino que se extiende a la prensa internacional que visita sus filmaciones.



    Mike Leigh
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    Es común escuchar que el guion es el elemento más importante para la concepción de una buena película, pero existen algunos cineastas que han desafiado esta premisa. Tal es el caso de Mike Leigh, quien cuando era un estudiante se vio cautivado por el arte de la improvisación, lo que le motivó a implantar la técnica en sus películas.
    A diferencia de muchos otros cineastas, las libertades no se limitan a que los actores puedan realizar tenues modificaciones en sus diálogos, sino que implican todo un estilo narrativo que parte de algunas ideas iniciales, reuniones para definir el rumbo a tomar y semanas de ensayos para que el elenco sea capaz de comprender las motivaciones de los personajes y la naturaleza de sus conflictos. La arriesgada fórmula ha sido todo un éxito, con cuatro nominaciones al Oscar a Guion original y una más a Guion adaptado. El caso más famoso fue El secreto de Vera Drake (2004), pues el propio creativo admitió que se vio forzado a escribir un texto para enviar a la Academia, “pero en realidad el guion nominado no existe. La película es el guion”.


    Cecil. B. DeMille
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    Cecil B. DeMille pasó a la historia hollywoodense por sus épicas bíblicas, como fue el caso de Los diez mandamientos (1956), Sansón y Dalila (1949) y El rey de reyes (1927).
    En todas exigió un compromiso total de su elenco, siendo esta última la más famosa por el polémico contrato que hizo firmar a sus protagonistas HB Warner y Dorothy Cumming, donde se incluía una cláusula especial que les prohibía aparecer en otros proyectos que atentaran contra la imagen sagrada de sus personajes y que les impedía realizar acciones no bíblicas como sería jugar a las cartas, asistir a clubes nocturnos, practicar la natación o manejar convertibles. Estas exigencias no se limitaban al rodaje ni expiraban con el estreno del filme, sino que se extendían por un periodo de cinco años para preservar la naturaleza espiritual del proyecto.



    Akira Kurosawa
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    El nombre de Akira Kurosawa suele estar presente en los recuentos de los mejores directores de todos los tiempos, pero también en todos aquellos que rememoran a los más exigentes. Su búsqueda del perfeccionismo absoluto le llevó a caer en prácticas controvertidas, como la supuesta elección de un miembro del cast para descargar su ira al considerar que esto intimidaría al resto del elenco y resultaría en una obediencia total. Se dice que Yoshio Inaba fue uno de los mayores afectados por esta tendencia al vivir todo tipo de humillaciones durante la filmación de Los siete samuráis (1954), por lo que sólo aceptó reencontrarse con el cineasta en Trono de sangre (1957) y en un rol menor, lo que le impidió alcanzar la popularidad del resto de sus compañeros.
    La propia Trono de sangre quedó marcada por la polémica cuando Toshirō Mifune fue atacado con flechas reales para garantizar el máximo realismo de una escena, en la que bien puede ser considerada una de las secuencias más peligrosas de toda la historia. Esto provocó que Kurosawa ganara etiquetas de déspota y tirano, así como el mote de Kurosawa Tennō (Emperador Kurosawa). Aun así, muchos de sus colaboradores recurrentes lo consideraban un mal necesario para garantizar un arte de alta calidad.



    John Ford
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    Muchos directores han llegado a los extremos para buscar la perfección de sus actores, pero pocos con la dureza de John Ford. El realizador iba de los insultos a la humillación para que sus protagonistas llevaran la sensibilidad al extremo y fueran capaces de ejecutar el trabajo tal y como él lo visualizaba. Distintos reportes señalan que hizo llorar a Victor McLaglen tras tomar un megáfono en pleno rodaje y recriminarle que “¿sabías que Fox te paga $1,200 USD a la semana para hacer cosas que cualquier niño de la calle podría hacer mejor?”. Más famosas fueron las lágrimas arrancadas en numerosas ocasiones a John Wayne, su actor de cabecera y con el que batalló desde el primer estelar que le dio en La diligencia (1939), al grado que diversos reportes señalan que lo hizo llorar como un niño en más de una ocasión. Se dice que el actor sólo se ganó el respeto del cineasta con su brillante interpretación en Río rojo (1948) a cargo de Howard Hawks, lo que no impidió roces en rodajes posteriores. Estas disputas no impidieron una profunda amistad entre ambas leyendas cinematográficas, con Wayne derramando sus lágrimas más amargas en el funeral del director, sellando su paso a la historia como el único hombre que hizo llorar a John Wayne.


    Alfred Hitchcock
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    Si Alfred Hitchcock pasó a la historia como el Maestro del Suspenso no fue sólo por sus películas, sino por el secretismo mostrado en muchos de sus proyectos, siendo Psicosis el mejor ejemplo (1960). El director estaba convencido de que el éxito del arriesgado proyecto dependía de su capacidad para evitar cualquier spoiler del giro final, por lo que comenzó una auténtica odisea con la que no sólo preservó el misterio, sino que lo disparó a niveles extremos: no sólo adquirió los derechos de la novela original, sino que ordenó la compra de todas las copias para evitar que la gente la leyera; mandó hacer una silla especial para el reposo de la actriz que interpretaría a la señora Bates, la cual estuvo presente en todo el rodaje, pero nunca fue ocupada por nadie, lo que generó dudas sobre la identidad del personaje entre cast y crew; cerró con una campaña promocional en donde pedía al público que no revelaran el final a quienes no habían visto el filme porque “es el único que tenemos” y con una serie de estrictas instrucciones que incluían 9 ½ minutos para el vaciado de salas una vez culminada la función, entrada del público para una nueva proyección, cierre definitivo de puertas y prohibición del acceso una vez iniciado el filme, advirtiendo además que los intentos de entrar por laterales, salidas de emergencia o ductos de ventilación serían enfrentados con la fuerza.


    Stanley Kubrick
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    Pasar a la historia del cine como uno de los mejores directores de todos los tiempos no es tarea fácil. Tal fue el caso de Stanley Kubrick, quien recurrió a métodos tan meticulosos como obsesivos para acercarse a la perfección. Su práctica más famosa fuera la repetición reiterada de una misma toma hasta alcanzar su visión, siendo El resplandor (1980) y Ojos bien cerrados (1999) los ejemplos más famosos: una escena aparentemente sencilla como la pelota de tenis acercándose a los juguetes de Danny requirió 50 repeticiones, mientras que el libro Guinness de los récords señala que la escena de Wendy en las escaleras defendiéndose con un bate de beisbol fue rodada en 127 ocasiones. El trabajo fue tan arduo que se dice que Scatman Crothers, quien diera vida a Hallorann lloró de alegría en su siguiente proyecto, Bronco Billy (1980), tras descubrir que el director Clint Eastwood se oponía a las repeticiones, al grado que en muchas ocasiones se conformaba con una sola toma. La práctica llegó aún más lejos con la que sería su última cinta, pues el diálogo entre Tom Cruise y Sydney Pollack en la sala de billar fue repetida cerca de 200 ocasiones. El perfeccionismo del realizador no se quedó aquí, pues sus investigaciones antes de comenzar sus rodajes eran arduas y profundas, al grado que existen más de 1,000 cajas que resguardan sus archivos y cuyo contenido puede apreciarse en el documental Stanley Kubrick’s Boxes 2008.


    Werner Herzog
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    Muchos cineastas se han ganado la etiqueta de perfeccionistas, pero ninguno con la búsqueda del realismo extremo exhibida por Werner Herzog. La práctica le ha permitido sortear rodajes que parecían imposibles por las limitantes económicas, pero también ha resultado en filmaciones tortuosas para el cast y crew. Tal fue el caso de Aguirre, la ira de Dios (1972), donde el bajo presupuesto impidió la contratación de stunts o equipo de transporte adecuado para el proyecto, por lo que toda su gente debió escalar montañas, atravesar la selva y emplear canoas para llegar a sus destinos. El uso de estas últimas fue aún más lejos, pues también fueron empleadas para navegar a través rápidos en la búsqueda de tomas virtualmente perfectas. Más drástico fue el caso de Fitzcarraldo (1982), donde contrató a centenares de nativos para que transportaran un barco de vapor de 320 toneladas a través de la selva, ignorando los riesgos que esto implicaría. Las tensiones alcanzaron niveles tan altos que los propios habitantes de la región pidieron permiso para matar al actor Klaus Kinski, quien había perdido el control a causa de las exigencias de la filmación, pero el cineasta negó la autorización argumentando que le necesitaba para terminar el proyecto.





     
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  2. frc_floyd

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    Buen tema para los que somos amantes del séptimo arte :ok::ok::ok:
     
  3. AlakraN30

    AlakraN30 Usuario Avanzado nvl. 4 ★ ★
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    excelente tema perro!!!

    Gracias....
     
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  4. TOROCONTETAS

    TOROCONTETAS Usuario Avanzado nvl. 4 ★ ★
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    Estilo propio que se impuso y perduró en el tiempo