El chico del portal (parte 2)

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Pauliwine

Usuario Casual nvl. 2
27 Feb 2024
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Nueva York
Cuando mi pololo se regresó al trabajo, me fui al baño porque Gonzalo seguía escondido ahí con toda su ropa hahaa todo pasó realmente muy rápido. Y ahí me lo pillé desnudo y muerto de miedo como un gatito pequeño. Le dije que había estado todo muy rico, había sido super placentero y le dije que era buena idea que nos bañáramos juntos para quitar el olor a sexo.

Di el agua caliente y ambos nos pusimos bajo el agua, aunque claro, Gonzalo no desaprovechó la situación para besar mi cuerpo, mis hombros, cuello y provocarme para seguir besándolo de manera apasionada. Él seguía tocándome, ponía sus dedos en mi vulva y la frotaba solo para excitarme...su pene no volvía a erguirse, quizás estaba cansadito o se le había acabado la reserva de semen haha, pero en fin, nos duchamos un ratito y ya seguimos nuestra tarde. Salimos a pasear por la ciudad, lo llevé a comer a un lugar super rico en el centro, lo pasamos super bien, recorrimos tanto (a mi me encanta caminar), pasó a una farmacia a comprar unas proteínas y cuando pasó la tarde nos regresamos a casa por fin.

Ya era de noche y cenamos juntos los tres, vimos una película y Gonzalo nos sirvió un juguito que aprovechó de preparar con unos sobres que tenía guardados en mis muebles de cocina. Estábamos los tres tapados con una mantita y disfrutamos un buen ratito hasta que a mi pololo le empezó a dar muchísimo sueño y se fue a dormir. Me dio mi beso de buenas noches y me dijo que me estaría esperando para dormir juntos.

En cuanto mi pololo se fue, habrán pasado unos 10 minutos cuando Gonzalo puso su mano sobre mi pierna, acariciándola. Un escalofrío me recorrió toda la espalda y lo miré. Sentía su mano subiendo hasta mi entrepierna, él no se detenía, al parecer no tenía interés de parar. Yo estaba con mi pijama de polar puesto y Gonzalo no dudaba de sus acciones para nada. De pronto, se acercó para besar mi mejilla, luego mi cuello y metió su mano por debajo de mi pantalón, acariciando mi vulva.

- Está mi pololo en la pieza - le dije yo.
- No me importa - dijo él.

Siguió besándome, incluso giró mi cara para besar mi boca de una manera muy brusca e insistí en que tuviéramos cuidado, porque mi pololo estaba ahí mismo a un par de metros.

- Tu pololo no tiene idea de nada - dijo Gonzalo.
- Por?
- Porque le di una pastilla para dormir, de esas fuertes.

Tras haber dicho eso, metió dos dedos en mi vagina y yo solo reaccioné a gemir suave. Cerré mis ojos y sentí los labios de Gonzalo recorrer mi cuello nuevamente con más ganas. Sus dedos se movían en mi interior y yo no sabía qué pensar. Había drogado a mi pololo con tal de tenerme a solas con él y lo estaba logrando. Me sentía con un poco de miedo, pero en cuanto me bajó los pantalones, se puso de rodillas en frente de mí y se acercó a lamerme la vulva. Solo atiné a sujetarme del sillón y de la poca mantita que me quedó encima. Sentía su lengua jugueteando ahí abajo, se sentía fría y jugosa, aunque claro, yo igual me estaba mojando más y más. Me daba miedo de que el efecto de las pastillas que había conseguido Gonzalo se perdiera y mi pololo nos pillara en pleno acto. Pero la lengua de ese hombre me estaba provocando de tal manera, que sentía un gran calor en mis mejillas.

-Quiero que me lo metas, por favor - le rogué yo. Ya había pasado un buen rato lamiéndome.

Él se quitó los pantalones y sin ninguna duda, me abrió las piernas y acercó su enorme pene a mi vulva para rozarla un ratito. Me estaba torturando, se frotaba encima de mí y no hacía lo que yo quería en ese momento. Deseaba tanto tener ese enorme miembro dentro de mí, pero Gonzalo solo estaba jugando conmigo. Fue tanta la calentura que sentí en ese momento, que yo misma tomé acción, sujeté su pene y lo fui metiendo por mi cuenta. Ni se imaginan la sensación que tuve en ese segundo. Abrí mi boca mientras su pene se adentraba en mi vagina. Era tan largo y grueso, tan jugoso que no hubo problema para comenzar a follarme.

Empecé a soltar mis primeros gemidos, habíamos comenzado y él se puso encima, sujetándose del respaldo del sillón. Ambos nos movíamos con ganas, a ratos nos dábamos besos con lengua bien apasionados, y otros ratos los dejábamos para respirar entre la adrenalina de ser descubiertos. Al menos él se veía muy relajado y entregado. Yo, tenía miedo.

Estuvimos follando durante unos largos minutos hasta que Gonzalo me toma de la cintura y vuelve a ponerme en posición de perrito ahí mismo. Yo solo cerraba mis ojitos para disfrutar lo que se venía, es mi posición favorita y Gonzalo sabía manejarla a la perfección. Cuando su pene entraba, era una sensación tan exquisita que me hacía temblar del nerviosismo. Con una mano sujetaba mi cintura, con otra mi hombro y solo escuchaba mi potito chocar con sus piernas. Él me gemía al oído y eso me excitaba cada vez más, tanto que le pedí que me diera con más ganas.

Por fin me obedecía y yo estaba alcanzando el deseado orgasmo que me hizo temblar de pies a cabeza, no tuve lugar para esconder mi excitación, caí casi rendida sobre el sillón, como cuando dejan caer la ropa después de un día de trabajo. Mi cuerpo ardía en llamas y fue entonces que pasado un ratito, Gonzalo quitó su pene de mi vagina y se paró en frente de mí.

- Toma tu leche - dijo él.

Yo me senté rápido y vi cómo se masturbaba, su pene estaba completamente mojado y se estaba tardando mucho, así que tuve que ayudarlo y lo masturbé con mis manos mientras lo metía en mi boca. Se lo fui chupando de una manera tan salvaje, tan sexy y seductora, me sentía como una verdadera bestia. Le pasaba la lengua, le intentaba hacer garganta profunda e incluso le hacía masaje en los testículos con la otra mano.

Por fin, en el interior de mi boca había comenzado a correr un chorro de semen tan calentito y riquísimo, Gonzalo eyaculó demasiado, algo se acabó por salir de mi boca mientras intentaba tragarme lo que ya tenía dentro, pero se me hacía casi difícil. Finalmente tragué el dulce néctar de Gonzalo y le chupé el pene hasta que quedó absolutamente limpio.

Luego de eso, volvió a lamerme la vulva. Al parecer quería hacerme lograr otro orgasmo en ese momento y lo consiguió finalmente. Gonzalo me había hecho ponerle los cuernos por segunda vez a mi pololo, pero a mí me había encantado y me había sentido realmente libre y salvaje. Cuando ya hubo descansado lo suficiente volvimos a follar, pero en el suelo. Gonzalo aprovechó al parecer lo que sería su última noche conmigo y teniendo a mi pololo completamente dormido en la pieza, disfrutó de follarse a esta chica que escribe relatos de sus experiencias vividas, y es que Gonzalo se convirtió en otra experiencia más dentro de este portal.
Follamos tanto como pudimos, se corrió lo más que pudo dentro de mí y me dejó el recuerdo de aquel hombre que conocí.

Finalmente, al día siguiente lo fuimos a dejar al terminal con mi pololo, que se había ofrecido de manejar. Gonzalo se despidió de mi con un beso en la mejilla y yo sentí su perfume que era el mismo que había olido durante todo el sexo de la noche anterior. Ese hombre me hizo ser infiel, pero lo peor de todo es que me gustó.

Espero que les haya gustado esta historia, y Gonzalo... sé que estás leyendo esto, gracias por la experiencia.
 
Excelente relato, super caliente y sexy como siempre.
Me dejaste con el pene todo parado y yo aquí en el trabajo jajajaja
 
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