ETERNIDAD Y MUERTE DEL AMOR
Esto lo escribí la vez que me separe de la madre de mi unico hijo.....
Nadie más que yo quisiera que los hechos de la vida me contradijeran, que el amor, ese bien escaso, el sentimiento más volátil y material a la vez, no fuera perecible. ¿Por qué no puede ser eterno?, me pregunto una y otra vez. Desde luego porque nosotros no lo somos, pero quisiera imaginar que ese vendaval sentimiento atraviesa nuestra propia mortalidad, sin embargo, para peor de males, acaba cuando aún estamos vivos para contemplar su extinción. Creo que no existe un sufrimiento semejante al de experimentar cómo la mayor ilusión, la gran promesa de la dicha completa, que nos provocaba una persona, única, instranferible, nuestra, de pronto cambia de rostro, se vuelve indistinta, un ser más que puebla un mundo distraídamente indiferente. ¿Por qué se extingue esa llama? Sin duda, porque el amor vive de nosotros, se alimenta de nuestra combustión, existe en la medida en que le ofrendamos nuestras mejores energías. Es una suerte de inmolación en el fuego al que entramos con la vista vendada para después salir pisando las cenizas, y con los ojos abiertos. Su perduración en el tiempo se debe en muchos casos a esa lucha por conservar todo a nuestro obcecado voluntarismo, por no presenciar el espectáculo de su agonía. El motor de su existencia es su propia supervivencia. Por supuesto que hay un noble sentir en ese instinto. Amar es conservar; el punto, es, ¿qué conservamos?. Es más, creo que la relación de pareja es por su naturaleza, una relación degradada. ¿Por qué? Simple, porque pasado el enamoramiento te das cuenta que el otro no tiene todos los atributos que le habías otorgado y que no te hace todo lo feliz que creíste poder ser junto a él.... Más de una vez nos ha ocurrido, encontrarnos con un ser que remeció por completo nuestra alma y, pasados los años, se ha vuelto un perfecto desconocido. Es una prueba de que no hay nada específico en ese otro que nos haya llevado a amar. Todo lo hemos puesto nosotros, todo el trabajo lo ha hecho la imaginación, el deseo y la necesidad de afirmarnos en la idea que había un espíritu afín que nos estaba reservado y que su hallazgo constituía una especie de milagro. No quiero renegar de esa ilusión que gobierna casi todos nuestros actos, porque esa ilusión tiene en los hechos, más realidad y espesor en nuestras vidas, que cualquier objeto concreto que nos pongan por delante.
No conozco otro sentimiento que contenga por sí solo la virtualidad de hacernos por completo felices, y que a la vez contenga la certeza que sin él no hay camino posible. Es del tipo de encrucijadas que obligan a seguir irremediablemente la marcha. ¿ Por qué tantos riesgos para un tan incierto final ? . Porque la atracción invencible hacia otro, la sujeción de nuestro espíritu a ese otro, nos saca de nuestra propia cárcel y nos abre la puerta a un posible paraíso donde ya no somos lo qué éramos. La relación de dicha, versus sufrimiento ya para entonces no opera; el presentimiento supera a la incertidumbre y nos aferramos a él, porque en una de ésas, quién sabe, nos equivocamos, y en verdad es eterno....................
Abril 1997
Eric
Esto lo escribí la vez que me separe de la madre de mi unico hijo.....
Nadie más que yo quisiera que los hechos de la vida me contradijeran, que el amor, ese bien escaso, el sentimiento más volátil y material a la vez, no fuera perecible. ¿Por qué no puede ser eterno?, me pregunto una y otra vez. Desde luego porque nosotros no lo somos, pero quisiera imaginar que ese vendaval sentimiento atraviesa nuestra propia mortalidad, sin embargo, para peor de males, acaba cuando aún estamos vivos para contemplar su extinción. Creo que no existe un sufrimiento semejante al de experimentar cómo la mayor ilusión, la gran promesa de la dicha completa, que nos provocaba una persona, única, instranferible, nuestra, de pronto cambia de rostro, se vuelve indistinta, un ser más que puebla un mundo distraídamente indiferente. ¿Por qué se extingue esa llama? Sin duda, porque el amor vive de nosotros, se alimenta de nuestra combustión, existe en la medida en que le ofrendamos nuestras mejores energías. Es una suerte de inmolación en el fuego al que entramos con la vista vendada para después salir pisando las cenizas, y con los ojos abiertos. Su perduración en el tiempo se debe en muchos casos a esa lucha por conservar todo a nuestro obcecado voluntarismo, por no presenciar el espectáculo de su agonía. El motor de su existencia es su propia supervivencia. Por supuesto que hay un noble sentir en ese instinto. Amar es conservar; el punto, es, ¿qué conservamos?. Es más, creo que la relación de pareja es por su naturaleza, una relación degradada. ¿Por qué? Simple, porque pasado el enamoramiento te das cuenta que el otro no tiene todos los atributos que le habías otorgado y que no te hace todo lo feliz que creíste poder ser junto a él.... Más de una vez nos ha ocurrido, encontrarnos con un ser que remeció por completo nuestra alma y, pasados los años, se ha vuelto un perfecto desconocido. Es una prueba de que no hay nada específico en ese otro que nos haya llevado a amar. Todo lo hemos puesto nosotros, todo el trabajo lo ha hecho la imaginación, el deseo y la necesidad de afirmarnos en la idea que había un espíritu afín que nos estaba reservado y que su hallazgo constituía una especie de milagro. No quiero renegar de esa ilusión que gobierna casi todos nuestros actos, porque esa ilusión tiene en los hechos, más realidad y espesor en nuestras vidas, que cualquier objeto concreto que nos pongan por delante.
No conozco otro sentimiento que contenga por sí solo la virtualidad de hacernos por completo felices, y que a la vez contenga la certeza que sin él no hay camino posible. Es del tipo de encrucijadas que obligan a seguir irremediablemente la marcha. ¿ Por qué tantos riesgos para un tan incierto final ? . Porque la atracción invencible hacia otro, la sujeción de nuestro espíritu a ese otro, nos saca de nuestra propia cárcel y nos abre la puerta a un posible paraíso donde ya no somos lo qué éramos. La relación de dicha, versus sufrimiento ya para entonces no opera; el presentimiento supera a la incertidumbre y nos aferramos a él, porque en una de ésas, quién sabe, nos equivocamos, y en verdad es eterno....................
Abril 1997
Eric
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