Hola a todos. Se me había perdido la contraseña de la cuenta, así que he tenido ganas de contar esta desde hace rato, especialmente después de habérmela encontrado de nuevo en una disco en Viña y como reinstalé Skype en el notebook.
Sucede que en aquellos años en que Messenger era la panacea de la comunicación, me agrega una chica de Santiago que había obtenido mi correo a través de un foro universitario porque yo tenía logos de algunas bandas de metal que me gustaban en ese tiempo y quería hablar más conmigo para compartir música y cosas así. Después de un tiempo nos empezamos a hacer buenos amigos, y como siempre he tenido ese deseo de sacarle el mayor provecho a las nuevas amistades mujeres empecé a jotearla de a poco. Nos empezamos a invitar a las casas durante los fines de semanas largos y para algunos carretes y conciertos grandes, y luego de unos meses nos empezamos a agarrar pero siempre en amistad. Ninguno de los dos quería una relación amorosa sino más que nada pasarla bien.
La Romina tenía un buen cuerpo: 1.65 de altura aprox, delgada, pelo castaño, ojos café y labios gruesos, los pechos pequeños pero redonditos y paraditos, aunque lo que no tenía de arriba lo tenía abajo: podría jurar que medía más de 100 de cola. Lo mejor: era lampiña y era blanquita, así que cuando nos duchábamos juntos después de los conciertos era casi obligación hacerle sexo oral por absolutamente todos lados (si, incluso analmente... ella se limpiaba y preparaba un montón antes que yo entrase a picar) o si no simplemente tener sexo anal con ella.
Después de un recital de Metallica (me acuerdo que The Cranberries también estaba tocando cerca) quedamos tapados en copete tanto por fuera como por dentro y nos devolvimos al departamento. Cuando llegamos nos pusimos a tomar más y nos empezamos a calentar. Lo que recordaba en la mañana era que se la había metido por el ano y había acabado dentro de ella, y después tomamos más y seguimos follando. Cuando desperté, la Romina estaba en el baño con la puerta abierta y en una posición media extraña. Cuando entro me doy cuenta que se estaba abriendo el ano más de lo normal. Al ojo estaba seguro que entraba media mano ahí. Ella se preguntaba que pasaba, porque pese a que siempre la dejaba abierta cuando teníamos sexo anal nunca era tanto. Lo bueno era que no le dolía, sino que más bien sentía que tenía las caderas cansadas.
Después de un rato nos pusimos a limpiar el departamento y nos dimos cuenta que habíamos dejado la cámara que llevamos al concierto en el suelo. Cuando vamos viendo las fotos del concierto, nos dimos cuenta que en la curadera nos pusimos a huevear con las botellas. Me quedé en silencio, porque me había acordado que le dije "te apuesto a que no te puedes meter la botella en el hoyo". Y justamente, las fotos que habíamos sacado demostraban que efectivamente se había metido una botella de Stolichnaya más o menos hasta la mitad. Al principio nos preocupamos, pero después nos cagamos de la risa de lo idiotas que fuimos. De todas formas fuimos a ver un doctor que después de unos exámenes nos dijo que no había ninguna lesión interna pero que no era algo que deberíamos repetir con botellas.
Después de esa experiencia tuve que devolverme a Viña para seguir con la universidad, pero cada vez que iba a Santiago a verla nos acordábamos de la talla. Lo interesante es que la talla empezó a escalar y esta mina empezó a creerse el cuento, y a veces me recibía con calzas o ropa muy ajustada que la hacía parecer más culona del lo normal. Claro, se veía más culona porque se había comprado dildos gruesos o expansores y se los había metido ahí mismo. Obviamente nunca me enojé (me excita cuando las mujeres pasan por cosas prohibidas, si no lean la historia de la mina otaku que escribí hace un tiempo) porque lo más rico que hay es un ano listo para llegar y ponerla.
Ahora que me la encontré le pregunté después de unos copetes si seguía haciendo cosas con expansores anales y me dijo que el último que se compró era un dildo de 45 cms de largo y 20 de diámetro, y que estuvo a 5 cms. de meterlo entero. De ahí no ha probado más, pero que si me portaba bien me iba a avisar donde estaba viviendo en Santiago.
Esa es la historia de como ahora tengo Skype.
Sucede que en aquellos años en que Messenger era la panacea de la comunicación, me agrega una chica de Santiago que había obtenido mi correo a través de un foro universitario porque yo tenía logos de algunas bandas de metal que me gustaban en ese tiempo y quería hablar más conmigo para compartir música y cosas así. Después de un tiempo nos empezamos a hacer buenos amigos, y como siempre he tenido ese deseo de sacarle el mayor provecho a las nuevas amistades mujeres empecé a jotearla de a poco. Nos empezamos a invitar a las casas durante los fines de semanas largos y para algunos carretes y conciertos grandes, y luego de unos meses nos empezamos a agarrar pero siempre en amistad. Ninguno de los dos quería una relación amorosa sino más que nada pasarla bien.
La Romina tenía un buen cuerpo: 1.65 de altura aprox, delgada, pelo castaño, ojos café y labios gruesos, los pechos pequeños pero redonditos y paraditos, aunque lo que no tenía de arriba lo tenía abajo: podría jurar que medía más de 100 de cola. Lo mejor: era lampiña y era blanquita, así que cuando nos duchábamos juntos después de los conciertos era casi obligación hacerle sexo oral por absolutamente todos lados (si, incluso analmente... ella se limpiaba y preparaba un montón antes que yo entrase a picar) o si no simplemente tener sexo anal con ella.
Después de un recital de Metallica (me acuerdo que The Cranberries también estaba tocando cerca) quedamos tapados en copete tanto por fuera como por dentro y nos devolvimos al departamento. Cuando llegamos nos pusimos a tomar más y nos empezamos a calentar. Lo que recordaba en la mañana era que se la había metido por el ano y había acabado dentro de ella, y después tomamos más y seguimos follando. Cuando desperté, la Romina estaba en el baño con la puerta abierta y en una posición media extraña. Cuando entro me doy cuenta que se estaba abriendo el ano más de lo normal. Al ojo estaba seguro que entraba media mano ahí. Ella se preguntaba que pasaba, porque pese a que siempre la dejaba abierta cuando teníamos sexo anal nunca era tanto. Lo bueno era que no le dolía, sino que más bien sentía que tenía las caderas cansadas.
Después de un rato nos pusimos a limpiar el departamento y nos dimos cuenta que habíamos dejado la cámara que llevamos al concierto en el suelo. Cuando vamos viendo las fotos del concierto, nos dimos cuenta que en la curadera nos pusimos a huevear con las botellas. Me quedé en silencio, porque me había acordado que le dije "te apuesto a que no te puedes meter la botella en el hoyo". Y justamente, las fotos que habíamos sacado demostraban que efectivamente se había metido una botella de Stolichnaya más o menos hasta la mitad. Al principio nos preocupamos, pero después nos cagamos de la risa de lo idiotas que fuimos. De todas formas fuimos a ver un doctor que después de unos exámenes nos dijo que no había ninguna lesión interna pero que no era algo que deberíamos repetir con botellas.
Después de esa experiencia tuve que devolverme a Viña para seguir con la universidad, pero cada vez que iba a Santiago a verla nos acordábamos de la talla. Lo interesante es que la talla empezó a escalar y esta mina empezó a creerse el cuento, y a veces me recibía con calzas o ropa muy ajustada que la hacía parecer más culona del lo normal. Claro, se veía más culona porque se había comprado dildos gruesos o expansores y se los había metido ahí mismo. Obviamente nunca me enojé (me excita cuando las mujeres pasan por cosas prohibidas, si no lean la historia de la mina otaku que escribí hace un tiempo) porque lo más rico que hay es un ano listo para llegar y ponerla.
Ahora que me la encontré le pregunté después de unos copetes si seguía haciendo cosas con expansores anales y me dijo que el último que se compró era un dildo de 45 cms de largo y 20 de diámetro, y que estuvo a 5 cms. de meterlo entero. De ahí no ha probado más, pero que si me portaba bien me iba a avisar donde estaba viviendo en Santiago.
Esa es la historia de como ahora tengo Skype.