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-.DieK.-
Invitado
El periodista deportivo comentó en AS la actitud mayoritaria de quienes comentaron el combate de Mayweather y Pacquiao.
Lo peor que le pudo pasar a Mayweather es que su siempre aplazado combate con Pacquiao se le llamara la pelea del siglo. Ocurrieron dos cosas: mucha gente que no sigue el pugilismo asomó sus narices a la actividad y, además, la compararon con otros combates que habían tenido ese mote. Y, en ambas,el boxeador estadounidense salió perdiendo.
Porque la masa de nuevos observadores, que nunca lo habían visto pelear, quedaron consternados con su estilo defensivo, especulador y gris. No pudieron entender que Floyd tuviera tan buenos números, tanto dinero, tanta fama y hablara tanto con esa forma de boxear. De la misma manera, si comparamos el trabado y deslucido combate frente a Pacquiao con los de Alí con Foreman, Hearns con Leonard o Chávez con Taylor, el espectáculo queda en el mínimo.
Claro, los que hemos seguido la carrera de Mayweather como la de Pacquiao nunca nos tragamos el verso de la pelea del siglo. No la vimos con esa expectativa, porque sólo se trataba de un cuento publicitario. Floyd hace tiempo que viene con el taxímetro en cada uno de sus combates, sumando dinero y números para su récord. Se podía esperar exactamente lo que hizo. Y lo hizo. Vaya sorpresa.
De Pacquiao es obvio que ya pasó la curva de rendimiento. Desde que le regalaron de manera escandalosa las tarjetas con Márquez el 2011 (no vi a nadie llorando esa vez por el despojo del mexicano), y luego de que el mismo Juan Manuel Márquez le propinara un soberbio nocaut al año siguiente, el filipino había perdido su fama de imbatible. Incluso, antes de Márquez, el estadounidense Bradley le había ganado en otro fallo discutido.
La pelea fue como tenía que ser. Pacquiao no tenía las armas y Mayweather no se iba a arriesgar. Los que se escandalizaron porque no respondió a las expectativas lo hacen desde el desconocimiento. Si este combate se hubiera realizado el 2008 o el 2010 el cuento pudo ser otro, pero Floyd nunca confió en las pruebas de dopaje a las que se sometía Manny, siempre sospechó de ayuda extra, la misma que lo hizo escalar seis categorías sin perder el poder de sus manos. Algo muy extraño e inédito en la historia del pugilismo.
Lo peor que le pudo pasar a Mayweather es que su siempre aplazado combate con Pacquiao se le llamara la pelea del siglo. Ocurrieron dos cosas: mucha gente que no sigue el pugilismo asomó sus narices a la actividad y, además, la compararon con otros combates que habían tenido ese mote. Y, en ambas,el boxeador estadounidense salió perdiendo.
Porque la masa de nuevos observadores, que nunca lo habían visto pelear, quedaron consternados con su estilo defensivo, especulador y gris. No pudieron entender que Floyd tuviera tan buenos números, tanto dinero, tanta fama y hablara tanto con esa forma de boxear. De la misma manera, si comparamos el trabado y deslucido combate frente a Pacquiao con los de Alí con Foreman, Hearns con Leonard o Chávez con Taylor, el espectáculo queda en el mínimo.
Claro, los que hemos seguido la carrera de Mayweather como la de Pacquiao nunca nos tragamos el verso de la pelea del siglo. No la vimos con esa expectativa, porque sólo se trataba de un cuento publicitario. Floyd hace tiempo que viene con el taxímetro en cada uno de sus combates, sumando dinero y números para su récord. Se podía esperar exactamente lo que hizo. Y lo hizo. Vaya sorpresa.
De Pacquiao es obvio que ya pasó la curva de rendimiento. Desde que le regalaron de manera escandalosa las tarjetas con Márquez el 2011 (no vi a nadie llorando esa vez por el despojo del mexicano), y luego de que el mismo Juan Manuel Márquez le propinara un soberbio nocaut al año siguiente, el filipino había perdido su fama de imbatible. Incluso, antes de Márquez, el estadounidense Bradley le había ganado en otro fallo discutido.
La pelea fue como tenía que ser. Pacquiao no tenía las armas y Mayweather no se iba a arriesgar. Los que se escandalizaron porque no respondió a las expectativas lo hacen desde el desconocimiento. Si este combate se hubiera realizado el 2008 o el 2010 el cuento pudo ser otro, pero Floyd nunca confió en las pruebas de dopaje a las que se sometía Manny, siempre sospechó de ayuda extra, la misma que lo hizo escalar seis categorías sin perder el poder de sus manos. Algo muy extraño e inédito en la historia del pugilismo.
04/05/15
